Violencia Psicológica

[07-03-2008]

Gritar, amenazar, descalificar, humillar, educar a golpes… ¿De qué otras maneras se manifiesta la violencia psicológica? En esta sección convergen, para abundar sobre el tema, la doctora Clotilde Proveyer, socióloga y integrante del Grupo Nacional para la Prevención de la Violencia en Cuba, y la master en Ciencias Sociales Mareelén Díaz Tenorio, jefa del grupo de investigaciones sobre familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), de la Academia de Ciencias.

SEMlac: ¿Cómo se define la violencia psicológica?

Mareelén Díaz Tenorio:El equipo de investigación en el que trabajo ha elaborado una definición de violencia intrafamiliar que me resulta imprescindible traer a colación para ubicar a la violencia psicológica en el ámbito de las relaciones familiares.
Concebimos la violencia intrafamiliar como: “todo acto u omisión intencional, que tiene lugar en el ámbito de las relaciones interpersonales en la familia y es capaz de producir un daño físico, psicológico o patrimonial a su(s) propio(s) ejecutor(es), o a otro(s) miembro(s) del grupo, causando irrespeto a los derechos individuales”.


Entre los especialistas afloran disímiles tipologías para clasificar esta violencia. Si se tiene en cuenta la naturaleza de los daños ocasionados, puede hablarse entonces de violencia física, psicológica, económica y sexual.
La violencia psicológica produce un daño en la esfera emocional y vulnera el derecho de la integridad psíquica de los integrantes de la familia. Adopta, entre otras, las de insultos, gritos, sarcasmos, engaños, chantajes, manipulación, desprecios, desvalorizaciones, prohibiciones, imposiciones, amenazas, indiferencias, y también los silencios. Las consecuencias emocionales, en muchas ocasiones, no pueden apreciarse a simple vista, lo que hace más complejo evaluar los daños que ocasiona. Este elemento hace difícil su enfrentamiento, incluso cuando se intenta precisarla para colocar sus límites en tanto delito que debe ser juzgado por la ciencia penal.

Clotilde Proveyer: La violencia psicológica o violencia sutil se define porque está dirigida a causar daño en la integridad vital de las personas, pero, sobre todo, en la integridad psicológica, moral, en el equilibrio emocional de las personas.
No es como la física, que deja una marca, paraliza. La violencia psicológica va deteriorando paulatinamente a la persona en su identidad, en su equilibrio emocional, en su personalidad, y generalmente va lastimando la autovaloración.
Es muy dañina, precisamente, porque no se nota, no se percibe. Se mueve fundamentalmente en el tema de lo simbólico. Tiene gradientes y casi siempre precede a la violencia física.
Muchas veces, un gesto como levantar los brazos o apretar el puño te hace sentir que detrás puede venir el golpe. Y es muy efectivo. La violencia simbólica va actuando lentamente y produce secuelas muy difíciles.

SEMlac: Medios de comunicación han publicado que es este tipo de violencia la que más se manifiesta en Cuba. ¿Es cierto? ¿Cómo evalúan su incidencia en la isla las investigaciones más recientes? ¿A qué sectores de la población afecta más?

Proveyer:Presumiblemente es la que más se manifiesta en Cuba, porque tenemos muy pocos estudios de prevalencia sobre violencia física. En general, existen muy pocos estudios que puedan dar una idea de la magnitud del fenómeno. Sin embargo, las investigaciones muestran que la violencia psicológica es muy común, muy frecuente, sobre todo porque no se identifica, las personas la ven como parte de la naturaleza de una determinada relación.
La cultura patriarcal ha reafirmado la superioridad masculina, que el hombre se sienta dueño, poderoso, en la relación de pareja y en la familia. También ha establecido que los padres son superiores a los hijos, “los dueños de los hijos “.
Este tipo de maltrato afecta a todos los sectores porque, en general, la violencia no es privativa de una clase, raza o grupo social. Es parte de una relación de poder y esas relaciones de poder lo mismo suceden entre personas con alto nivel profesional, que entre otras con bajo nivel de escolaridad; entre jóvenes parejas o entre parejas de adultos. No se puede identificar un sector en el cual haya mayor incidencia.

Díaz Tenorio: La violencia psicológica está presente en todas las formas de violencia. En un cuestionario aplicado por mi equipo de trabajo a una muestra (no representativa estadísticamente) de 564 adultos mayores de 18 años, residentes en Cuidad de La Habana, Santiago de Cuba, Matanzas y Villa Clara, el 29,4 por ciento reconoce que, en su relación de pareja actual, se discute con expresiones de violencia psicológica: gritos y evasión (uno de los dos abandona la discusión).
De estas 564 personas, 181 tenían hijos menores de 15 años. De ellos, el 19,3 por ciento reconoce gritarles y 7,7 pegarles.
Estos resultados se corresponden con otras vías de indagación utilizadas en la misma investigación: un estudio de casos con tres familias capitalinas, la revisión bibliográfica de investigaciones realizadas en Cuba y su sistematización, y una entrevista aplicada a 32 expertos que trabajan vinculados al tema.
La violencia psicológica parece ser la más abundante y frecuente. Según los estudios, las diversas manifestaciones del maltrato se producen entre personas de todos los niveles de instrucción y son independientes de la edad, el sexo, el color de la piel u ocupación. Sin embargo, las mujeres reconocen más estar involucradas en este tipo de relaciones y la escolaridad parece favorecer su disminución. Aun cuando no se excluye la violencia de la mujer sobre el hombre, la situación predominante es de desventaja femenina, a través de siglos de dominación de patriarcado.
Otra condicionante matiza cualquier análisis de vulnerabilidad: los más débiles. Por eso se reconocen como víctimas por excelencia los niños y niñas, las mujeres y las personas ancianas. El estudio profundo del tema apunta a la existencia de otras “debilidades”: discapacitados, homosexuales, etc. La supuesta “debilidad” va asociada a un poder que también podría estar determinado por otros factores como los ingresos económicos, las propiedades, el color de la piel, etcétera. Identificar a los más afectados es necesario, siempre y cuando no se olvide que la violencia es susceptible de presentarse en todos los sectores y su expresión muchas veces aparece con la alternancia de los roles de víctima y victimario, en espacios físicos, psicológicos y temporales diferentes.

SEMlac: ¿Es la desinformación caldo de cultivo para la violencia psicológica?

Díaz Tenorio: Digamos que la información es un componente importante, pero mínimo. Si llenáramos de información todos los medios masivos de comunicación de una sociedad, tal vez lograríamos como efecto el rechazo a los mensajes. Pensar que sólo con la repetición de mensajes informativos se modifica la realidad es ingenuo, se estaría ignorando que ese público está constituido por personalidades activas, con sus propias experiencias, concepciones y subjetividad.
La violencia, y aún más la psicológica, tiene sus causas en un aprendizaje de modos de comportamiento y todo un repertorio de conductas aprendidas, regidas por la concepción de que los conflictos en las relaciones interpersonales son negativos y su enfrentamiento óptimo es la agresión, la imposición, y la divisa es un ganar-perder. La transmisión intergeneracional, a través de muchísimo tiempo, ha legitimado ese tipo de comportamiento; por tanto, lo hace invisible. Cambiarlo no depende sólo de información.
Transformar la realidad implica no combatir violencia con más violencia mostrando ejemplos y eventos negativos per se, sino procurar un desaprendizaje para instaurar otro desde la educación positiva. Evidentemente, informar no es educar, aunque sea un elemento importante. Para esa educación son necesarios niveles. El primero radica en la sensibilización con el problema; si no lo reconozco, si no me reconozco como parte del problema, será muy difícil visualizar la necesidad del cambio y generar alternativas encaminadas a esa dirección. Luego de la sensibilización, estamos en mejores condiciones de desplegar un proceso de aprendizaje en el que se desarrollen habilidades para una comunicación interpersonal basada en la horizontalidad, el respeto al otro, a sus derechos como ser humano y a la diversidad.

Proveyer:De lo que no se habla, pareciera que no existe. Por tanto, el primer paso para el desmontaje en la prevención y la atención de la violencia en general, y la psicológica en particular, es que los medios de comunicación, de una manera responsable, madura, sin sensacionalismos, pero sí con la seriedad que implica este asunto, expliquen a las personas lo ilegítimo de estos comportamientos, las causas que los generan, sus manifestaciones, porque la visibilización y la toma de conciencia es el primer paso.

SEMlac:¿Según las experiencias de investigación, por dónde debe encaminarse la prevención y enfrentamiento a la violencia psicológica?

Díaz Tenorio: En sistema, de manera transdisciplinar y multisectorial, mediante estrategias integradas e interconectadas, con centralización desde el estado a través de una política social especialmente dirigida a la diversidad de familias que conviven en la sociedad cubana y facilitando las alternativas a diferentes niveles, hasta el espacio local. Todo eso, involucrando a la población, haciéndola protagonista de la búsqueda de soluciones prácticas y efectivas y, sobre todo, privilegiando la prevención como vía más segura para evitar la reproducción del fenómeno mediante la educación positiva y la cultura del diálogo.
Podrían referirse múltiples perspectivas en este trabajo integrado, pero hay algunas que considero vitales: la atención y tratamiento especializado desde la salud pública; la intervención de los órganos de justicia con sus variadas potencialidades, que van desde sancionar poniendo límites inmediatos al daño hasta experiencias en la resolución constructiva de conflictos (a través de mediadores, concertadores y negociadores); la educación en sentido amplio, a través de todo el sistema, la capacitación de profesionales y población en general; la investigación científica, con todo el inmenso mundo de incertidumbres que quedan por descubrir para allanar el camino y la divulgación, entendiendo en sentido amplio la comunicación social.
Este enfoque incluye atención a víctimas y victimarios: no puede tratarse sólo un polo del problema, sobre todo cuando en la cotidianeidad esos roles se alternan.
Todo indica que nos falta mucho por trabajar, pero tengo el convencimiento y la vivencia de que los profesionales en Cuba están dispuestos y asumiendo el reto.

Proveyer: Primero hay que divulgar. Divulgar para conocer, no divulgar para escandalizar o generar estados de opinión o sensación de temor. Explicar las causas, consecuencias, cómo afecta a la familia, a la integridad de la persona, cómo puede desencadenarse, cómo conductas violentas pueden generar discapacidad y muerte. Es muy importante explicar que la violencia es una conducta aprendida, que nadie nace violento, que es cultural y que, por tanto, mediante la educación se puede prevenir.
Por otra parte, la educación tiene un papel muy importante: en la escuela, en los libros de texto, en los medios de comunicación, en la familia. Educar en el respeto al otro, en la solidaridad, y dar herramientas para el manejo de la ira, para la negociación, para la mediación de los conflictos. Buscar alternativas que sean de diálogo y de negociación.
También tiene un papel muy importante la visibilización en las leyes. En nuestro Código Penal hay que visibilizar estos delitos, porque aun cuando la vía penal no es la solución única, la ley tiene que jugar un papel correctivo y muchas veces la violencia se convierte en delito.
Es importante crear centros de atención para las víctimas, trabajar con los hombres maltratadotes, activar mucho más la labor de las Casas de Orientación para la Mujer y la Familia y capacitar al personal que tiene que ver con estos asuntos.

Hacer visible la violencia

El silencio no ayuda a enfrentar y prevenir la violencia de género, coinciden especialistas. Veamos por qué, a pocos días del estreno del documental La esperada justicia, de la realizadora Lizette Vila.
En esta sección la doctora Clotilde Proveyer, socióloga e integrante del Grupo Nacional para la Prevención de la Violencia en Cuba y la propia Lizette, convergen para abundar sobre el tema.

SEMLAC: Expertos aseguran que cualquier acción contra la violencia de género debe comenzar por hacerla visible. ¿Por qué?

Clotilde Proveyer: Sin dudas, el acceso a la educación, el protagonismo en la vida social, económica, científica, política, hace crecer la autovaloración y la autoestima. En Cuba, también se han revindicado muchos derechos de las mujeres, como la protección legal en sus diversas manifestaciones: frente al cuidado de los hijos, el derecho al trabajo. Los espacios conquistados por las mujeres modifican, de alguna manera, la relación entre los géneros. Es por eso que los datos demuestran que la violencia doméstica en Cuba es menor que en otros países. Pero está claro que existe, y abarca todas sus gamas: desde la más sutil hasta la más cruenta.
Sin embargo, paralelamente seguimos teniendo relaciones de subordinación entre los géneros, que generan contradicciones en como vivimos el ser mujer las cubanas. Existe un fondo de violencia que se establece sobre relaciones de poder heredadas de una sociedad esencialmente patriarcal. Nuestros medios de comunicación y nuestra educación siguen siendo sexistas, al igual que las prácticas familiares de socialización. Los rasgos patriarcales siguen vivos.
Se impone una labor de prevención y esta pasa, primero, por la información. Que la gente sepa que la violencia es ilegítima y puede convertirse en un delito. La información es poder. Cuando las personas saben, pueden decidir, desarrollar estrategias. Si no, tienen miedo, piensan que su caso es único y se desorientan más. También tenemos que seguir desmontando el sexismo, que es caldo de cultivo para las conductas violentas.
Las mujeres maltratadas muchas veces no buscan ayuda por desconocimiento o porque, cuando hacen la denuncia, les aconsejan que resuelvan el problema en casa, que eso es privado. Y allá regresan a seguir recibiendo golpes hasta que pasa algo peor. Hay desconocimiento y miedo, pero también implicaciones afectivas y económicas.

Lizette Vila: Yo llevo muchos años tratando y mostrando, a partir de las expresiones artísticas, el tema de la violencia. Hay muchos conceptos que contextualizan, dibujan, denominan, este tema. Está muy subterráneo. Primero, porque se genera de una manera privada, oculta y pasa por las culpas, por la vergüenza de muchas de esas mujeres que no saben manejar los sentimientos, las conductas que genera la violencia, ni cómo defenderse. No saben cómo lidiar con todo eso. Yo digo que una de las más grandes pandemias que tiene la humanidad, y la incluyo junto al VIH, la malaria o la tuberculosis, es la violencia contra la mujer. En todas sus expresiones: desde la más sutil, hasta la que, sencillamente, mata.
Es un cuadro absolutamente privado, que en el mundo entero ha sido muy maltratado o se ha hecho invisible. Y cualquiera de las dos cosas son expresiones de una crueldad absoluta.

¿Cuántas personas se han preguntado –me han preguntado-: “cómo en Cuba se va a dar ese fenómeno”? Aquí, donde existe la Federación de Mujeres Cubanas, donde la mujer ha tenido acceso a tantos derechos, donde tiene conocimientos para defender esos derechos. Y es que esa liberación de la mujer cubana, que es cierta e indudable, pasa por lo privado y en el espacio privado no hay ideología, ni libertades, ni derechos. Sencillamente se construye desde la individualidad y la réplica de herencias, de conductas familiares y, en el caso de Cuba, también pasa por el machismo. Por eso es tan importante hacer visible el problema. Dar herramientas.

SEMlac: ¿Por dónde empezar para llevar a los medios de comunicación el tema? ¿Cuán difícil puede resultar?

Proveyer: En este tema funcionan muchos mitos, pero no espera. Es un asunto que trasciende la raza, la zona geográfica, la situación económica o el nivel cultural. Es una espiral que crece, se reproduce, se instala en las relaciones de pareja y de familia. El marido maltrata a la mujer y esta lo refleja en los niños que, a su vez, desarrollan trastornos o se convierten en maltratadores con el paso del tiempo. La violencia genera traumas, enfermedades, incapacidad y discapacidad y hasta muerte. Es un problema social. La indiferencia, el silencio, nos vuelve cómplices.
Los medios de comunicación siguen enviando mensajes que ponen a las mujeres en posiciones de subordinación, que preparan a niños y niñas en dos mundos diferentes. Así se genera la violencia. Ningún hombre o mujer es violento por naturaleza. Debemos buscar mediaciones culturales para educar el afecto. El silencio, en este tema, es ilegítimo.

Vila: Esta demostrado que, cuando se vincula ese pensamiento orgánico, práctico, organizado, objetivo, que se genera desde la academia, con las emociones y los sentimientos, se crea una atmósfera de estremecer, de remover desde adentro, que no la para nadie. Esa es la capacidad de las expresiones artísticas. Y en primer lugar, en la vanguardia, están los audiovisuales y las obras radiofónicas.
No me costó ningún trabajo el documental, poner a hablar a esas mujeres maltratadas. La gente desea hablar cuando está condenada. La gente tiene derecho y necesidad de expresarse, sobre todo cuando empieza a tomar conciencia, a vincular todo con la honestidad y comprende la función que puede tener su testimonio, en favor de una causa tan solidaria, tan sensible, que puede ayudar, a la vez, a otras mujeres.

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