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Urge mirar a las aulas

[17-11-2014]

Naturalizada por obra y gracia de construcciones culturales muy enraizadas en el comportamiento cotidiano de cubanas y cubanos, mucha de la violencia que ocurre en las aulas de la isla a menudo no es identificada como tal.

Ese fue el primer aprendizaje, confesado casi con sorpresa por un grupo de estudiantes de carreras pedagógicas vinculado a una propuesta educativa que busca dotar a futuros docentes de herramientas para enfrentar la violencia escolar, sobre todo la que nace de las diferencias de género.

Para Lyam Sarduy, estudiante de tercer año de Psicología en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona (UCPEJV), ser parte de los talleres de "Género y convivencia", cuando cursaba el primer año de la carrera, le permitió reconocer cómo, en algunas ocasiones, había sido víctima, pero también victimaria de algún tipo de violencia.

"Muchas veces no somos conscientes de que estamos siendo maltratadas o de que estamos maltratando a alguien porque mucha de la violencia que ocurre dentro de las aulas parece normal", dijo Sarduy el 14 de noviembre en La Habana, durante el coloquio estudiantil "La prevención de la violencia de género, de la mujer y la niña".

"Ahora que ya estamos en tercer año, las prácticas laborales en escuelas secundarias y preuniversitarios nos permiten ver las diferentes maneras en que se manifiesta la violencia en esas escuelas", detalló la futura psicopedagoga.

"Ocurre que los propios profesores no identifican que están siendo violentos o no consideran grave la violencia que ocurre en sus aulas", confesó Ander Rodríguez, estudiante de segundo año de Lenguas Extranjeras, quien expuso una experiencia centrada en el trabajo con jóvenes varones, alumnos y profesores, en busca de identificar manifestaciones de violencia machista.

Rodríguez identificó las burlas por la apariencia física y el maltrato verbal público de los muchachos a sus novias entre algunas de las manifestaciones que pasan inadvertidas, incluso ante el profesorado, por estar muy naturalizadas en la cultura.

"Creo que llamar la atención sobre esos temas es muy valioso porque los estudiantes de las secundarias y los preuniversitarios donde trabajamos luego comparten los aprendizajes con sus familias, con sus amigos y el problema se va haciendo más visible", reflexionó a SEMlac.

Organizado por la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual, de la UCPEJV, el taller cerró la primera fase de un proyecto conjunto del centro de altos estudios con la Campaña Únete del Secretario General de las Naciones Unidas y Fondo de Población (UNFPA) de esa organización internacional.

"Tenemos como finalidad contribuir a alcanzar las metas del pilar de la Campaña Únete relativo a la educación para la prevención de la violencia de género", detalló a SEMLac la doctora Alicia González, doctora en Ciencias pedagógicas y directora de la Cátedra.

Un diagnostico inicial desarrollado entre estudiantes que participarían de la experiencia concluyó que tanto muchachas como muchachos "reconocen haber sido víctimas de violencia y, a la vez, haberla utilizado sobre otras personas (familia, la pareja y amistades, incluyendo el contexto escolar)", agregó González.

Los estudiantes, prácticamente en su totalidad, identificaron la violencia en sus variantes física y verbal; poco más del 80 por ciento mencionó el acoso o la violencia sexual, pero apenas 36,8 por ciento pudo citar alguna manifestación de violencia psicólogica o de abuso de poder.

Cerca del 82 por ciento, en tanto, confesó haber sido víctima de algún tipo de violencia, básicamente verbal (61,73 %) y física (41,73 %), ejercida por integrantes de su familia (madres, padres y hermanos), profesores, sus parejas y por sus amigos.

Según la doctora González, estas muchachas y muchachos también comprobaron que no cuentan "con la preparación necesaria para prevenir la violencia de género en la esfera personal, social y profesional".

Este proyecto tiene sus antecedentes en investigaciones iniciadas desde 2001 en algunos centros educativos. A partir de 2010 se incrementó la labor directa de formación de docentes para prevenir y enfrentar la violencia.

En 2011, el Programa de educación de la sexualidad con enfoque de género y derechos sexuales, recogido en la resolución ministerial 139, fortaleció esos conocimientos en la carrera Psicología Pedagogía, y propició a sus estudiantes la búsqueda de información y apoyo para fomentar habilidades que ayuden a prevenir la violencia de género y el abuso sexual.

 

Problema con ramificaciones

El acoso escolar, también conocido como hostigamiento escolar, abuso escolar o por su término en inglés bullying, incluye cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido en el ámbito escolar, de forma reiterada, durante un tiempo determinado.

La doctora en Ciencias Pedagógicas Yoanka Rodney Rodríguez, también profesora del UCPEJV y autora de una propuesta de Estrategia Pedagógica dirigida a la preparación del profesorado para la prevención de la violencia escolar, define este tipo de violencia como el uso inadecuado del poder que puede ser ejercido por profesoras, profesores, personal no docente y también por el estudiantado, dentro de un centro escolar.

"La violencia escolar niega los derechos de las víctimas, provoca daños y atenta contra el desarrollo de la personalidad" de estudiantes de ambos sexos, asevera Rodney en su artículo "Algunas consideraciones sobre la violencia escolar".

En general, el maltrato escolar define situaciones de intimidación, acoso, abuso y hostigamiento. Insultos, apodos y sobrenombres; golpes, agresiones directas, robos; amenazas, rumores y la exclusión o el aislamiento social son las formas de maltrato más comunes y frecuentes.

Un estudio realizado por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación de la Universidad Alberto Hurtado en Chile, titulado "América Latina: violencia entre estudiantes y desempeño escolar", realizado en 2011 por el profesor Javier Murillo y la antropóloga chilena Marcela Román, reveló que Cuba es el país con la menor tasa de estudiantes que admitieron haber sido golpeados, con solo 4,4 por ciento.

La investigación se basó en datos recogidos por la UNESCO entre 2005 y 2009 en 16 países latinoamericanos y abarcó 206 escuelas, 383 aulas y 5.910 estudiantes, tanto de zonas urbanas como rurales.

Sin embargo, especialistas de la isla insisten en que la naturalización por parte del estudiantado de algunas formas de violencia, como la psicológica, puede estar ocultando la real magnitud del problema.

Jessica Cindy Jova, estudiante de tercer año de Psicología Pedagogía, coincide con ese criterio, respaldado por su experiencia reciente en el Instituto Preuniversitario capitalino Saúl Delgado.

Como parte de sus prácticas pre profesionales, esta muchacha realizó talleres de prevención de violencia en aulas de décimo grado.

"Usamos como elemento de motivación una canción cuyo estribillo dice que a las mujeres 'hay que darle palo' y nos sorprendimos porque las respuestas de los estudiantes tendieron a decir que sí, que hacen falta métodos violentos para resolver los problemas de las parejas, sobre todo los de infidelidad", describió Jova.

Otra estudiante de la misma especialidad, Yaisa González, con similar experiencia en el mismo centro escolar, identificó a profesoras y profesores como sujetos frecuentes de violencia contra alumnas y alumnos, a menudo sin percatarse de ello.

"Hay límites que los maestros no están sabiendo establecer. No respetan su rol de autoridad frente al aula y la confusión de los límites trae otros conflictos como la pérdida de respeto ante los alumnos", agregó esta futura maestra durante el coloquio de la pasada semana.

"También ocurre que los maestros no distinguen las diferencias entre los alumnos, a todos los tratan por igual, no explotan sus posibilidades, manejan el aula desde la imposición y eso también genera violencias", aportó Yaneti Guevara, otra psicopedagoga en ciernes.

La doctora Miriam Rodríguez Ojeda, vicedirectora de la Cátedra de Género, Pedagogía y Educación Sexual, agregó a esta situación el empleo de "métodos inadecuados como las libretas de anotar indisciplinas y las copias, que muchas veces generan diferencias sexistas y actos violentos infantiles", explicó a SEMLac.

Para Rodríguez, resulta imprescindible "visibilizar esa problemática para buscar soluciones, porque a partir de esos actos de castigo, maltrato o censura -de cierta forma legitimados por la historia-, la convivencia escolar se vuelve muy estresante".

"No podremos cambiar al alumnado si no cambiamos primero al profesorado", sentenció, por su parte, la doctora Alicia González.

Ambas expertas coinciden en que es necesario extender esa visión más allá del contexto escolar, hacia todas las redes sociales en las que menores y adolescentes se desarrollan.

"La violencia, y sobre todo la de género, se legitima a través de otros productos culturales como las canciones y videos clips más populares y en el aula deben poder demostrarse los peligros de ese tipo de música, sin prohibir, censurar ni culpar; solo buscando soluciones y conciencia de paz", apuntó la doctora Miriam Rodríguez.

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Dixie Edith

Dixie Edith (dixie@enet.cu). Periodista y máster en Demografía. Se ha especializado en temas de población, género y salud sexual y reproductiva.