Un universo de violencias diversas

[16-12-2011]

Por Dixie Edith / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Identificar solo como violencia de género aquella que ocurre contra la mujer puede invisibilizar otras formas de maltrato, sobre todo al interior de las familias cubanas, coinciden especialistas.

El tema fue objeto de reflexión durante una presentación de las investigadoras Mareelén Díaz Tenorio y Yohanka Valdés Jiménez, ambas con maestrías en Psicología Social, dedicada a “La familia y las brechas de género desde una perspectiva de equidad”.
“Muchos textos igualan la violencia de género a la que se ejerce contra la mujer, y ese tratamiento puede reducir e invisibilizar la problemática”, explicó Valdés durante la sesión científica, realizada el 16 de septiembre en el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), como parte del foro permanente por la equidad del Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero” (OAR).
La OAR, un grupo de inspiración cristiana que trabaja en comunidades de toda la isla, acumula más de 25 años promoviendo la no violencia, en especial la de género, la participación ciudadana y una cultura de paz.
“Durante los últimos años, en el CIPS, como parte de un proyecto de lo que fue el Grupo de Familia, trabajamos para visualizar aquellas desigualdades de género que pueden convertirse en violencia y también profundizamos en la violencia intragénero e intergénero, como expresiones de ese todo mayor que es la violencia de género”, precisó Valdés a SEMlac.
“La violencia de género no tiene un perfil predeterminado en la sociedad cubana”, opinó Valdés.
Según la experta, varios estudios han demostrado también que en las familias cubanas hay violencia de género, pero también otras manifestaciones como la económica, provocada por la disparidad de los ingresos o litigios en torno a la propiedad de la vivienda; o aquella por omisión que se ejerce contra personas ancianas, niñas y niños.
Para María Teresa Díaz Álvarez, también psicóloga y especialista de OAR, es muy importante estudiar la violencia dentro de las familias y no solo contra la mujer.
“Hace falta identificar otras violencias al interior de las familias como las que ocurren desde las mujeres hacia los ancianos o hacia los hombres jóvenes, por ejemplo, que también pueden constituirse en violencias de género”, detalló Díaz Álvarez a SEMlac.

La familia: escenario complejo
Una investigación del propio Grupo de Estudios sobre Familia, del CIPS, centro adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), definió en 2006 la violencia intrafamiliar.
Para los autores de “Violencia intrafamiliar en Cuba. Aproximaciones a su caracterización y recomendaciones a la política social” se trata de “todo acto u omisión intencional, que tiene lugar en el ámbito de las relaciones interpersonales en la familia y es capaz de producir un daño físico, psicológico o patrimonial (…), causando irrespeto a los derechos individuales”.
Las escasas estadísticas sobre este tema disponibles en Cuba no permiten generalizar comportamientos, pero indagaciones aisladas  confirman que son la violencia psicológica y la emocional las predominantes al interior de las familias.
Un estudio de las investigadoras capitalinas Mariela Almenares, Isabel Louro y María T. Ortiz, publicado por la Revista Cubana de Medicina General Integral, confirmó a inicios de esta década la prevalencia de la violencia psicológica sobre las otras formas de la agresión intrafamiliar en la isla.
Según las estudiosas, aunque estos actos “no dejan huellas visibles inmediatas, sus implicaciones son más trascendentes”.
Investigaciones de las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, de la Federación de Mujeres Cubanas, describen como otra variante de este tipo de maltrato la violación del espacio individual de la población infantil y anciana.
"Algunas personas alquilan habitaciones de sus viviendas y fuerzan a los viejitos a dormir en el pasillo o la sala", confirmó a la prensa local, en 2005, la doctora Teresita García, jefa del servicio de psiquiatría del hospital capitalino Comandante Manuel Fajardo y colaboradora de las Casas de Orientación.
En la literatura especializada también se reconoce, como formas de violencia al interior de la familia, el abandono y la negligencia en los cuidados, o la falta de respuesta a las necesidades de contacto afectivo y cariño.
Más hacia el oriente de la isla, en la provincia de Camagüey, distante unos 530 kilómetros de la capital, un estudio efectuado en el territorio del Policlínico Comunitario Docente Tula Aguilera mostró resultados en la misma línea.
Poco más de 230 mujeres fueron entrevistadas en 2003 por un colectivo de especialistas en Medicina General Integral de ese centro asistencial. De ellas, 125 declararon estar sometidas a algún tipo de presión conyugal -posible violencia-, entre las que citaron críticas por parte de sus compañeros a su forma de vestir; exigencias de cumplimiento de tareas, sobre todo relativas al cuidado del hogar; así como la falta de apoyo del cónyuge en las labores domésticas.
Por su parte, el ya citado estudio del CIPS de 2006, tras entrevistar a más de 500 cubanas y cubanos, comprobó que muchas de esas personas tenían cierta claridad de lo que es el maltrato en la familia, pero asociado a no pocos mitos y prejuicios.
Así, entre la cuarta parte y la mitad de las personas entrevistadas aceptó creencias erróneas que ayudan a invisibilizar las relaciones de violencia que observan o vivencian.
Por solo citar dos ejemplos, casi el 48 por ciento de la muestra consideró que las víctimas son las causantes de la violencia, y alrededor de 40 por ciento se mostró de acuerdo con la creencia de que "la violencia familiar es un asunto privado que sólo le corresponde a los adultos de la familia".
Para Valdés, es imprescindible profundizar en las historias y las vivencias de las personas y buscar los orígenes de la violencia en las familias.
“Existe una reproducción de la violencia al interior de los hogares, asociada a patrones tradicionales de comportamiento familiar”, precisó durante la sesión científica.
“Generalmente tiene una historia de socialización que viene desde la infancia y luego suele invisibilizarse en las relaciones entre adultos. Por eso es importante verla en conexión con otras relaciones sociales como los ingresos, la raza, el grado de escolaridad...”, abundó Valdés.
Díaz Álvarez coincide con Valdés en que se debe estudiar “al hombre y la mujer y sus vidas, sus procesos, para poder llegar a un comprensión de la violencia”.
“Los procesos de vida dan pistas muy importante para entender la violencia, pero también para buscar alternativas de enfrentamiento”, precisó a SEMlac.

Septiembre de 2011

Visto 1361 veces
Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Información adicional