Suegras y suegros, una relación con conflictos

[16-12-2011]

Por Dixie Edith / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Las relaciones que se establecen entre suegras y suegros con sus nueras y yernos pueden generar conflictos que evolucionan hasta manifestaciones de violencia intrafamiliar.

Yaíma Barcárcel, anestesista capitalina de 38 años, por ejemplo, culpa a su suegra de su divorcio, ocurrido hace seis años, y de que sus relaciones con su ex esposo terminaran de forma violenta.
“Recién comenzaba a ejercer mi especialidad en un hospital bastante lejano de Centro Habana, que era donde vivíamos. Llegaba muy tarde a la casa, aunque no tuviera guardia, y casi siempre me encontraba a mi suegra, que no vivía con nosotros, cocinando porque ‘Mario (el esposo) no podía comer tan tarde’”, contó Barcárcel a SEMlac.
Según la médica, ella confrontó su desacuerdo varias veces con el esposo y, aunque él le decía que le molestaba tanto como a ella la intromisión de su madre, no se atrevía a contradecirla porque temía “ponerla sentimental”.
La crisis se armó la noche en que la anestesista llegó muy mal a su casa, tras haber perdido un paciente durante una cirugía. A su malestar sumaba que debía escribir, incluso,  un informe sobre el caso para el día siguiente. “Mi suegra me dijo que ya ella le había servido la comida a Mario, pero que a mí me tocada fregar, ya que no había hecho nada en todo el día”, relata.
Barcárcel confiesa que perdió los estribos y ofendió “de palabra” a la madre del esposo, lo cual desató una pelea entre la pareja.
“Mario nunca entendió. Aquella discusión se acabó en la madrugada con un par de empujones y muchos gritos. Me fui para casa de una amiga a escribir mi informe y al mes pedí el divorcio”, contó Barcárcel a SEMlac.
Según la psicóloga Mareléen Díaz Tenorio, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), en su colectivo no se ha realizado ninguna investigación directa sobre el impacto en las familias de las figuras de suegras, suegros, yernos y nueras.
“Pero resultados obtenidos de dos investigaciones acerca de la violencia intrafamiliar, en 2000 y 2006, permiten sistematizar algunas reflexiones”, explicó a SEMlac.
“Un elemento importante en la aparición de estas tensas relaciones —que pueden desembocar en maltrato psicológico y hasta físico— es la coincidencia entre la poca  disponibilidad de espacio para las nuevas parejas y el también poco espacio psicológico con que estas cuentan”, detalló Díaz Tenorio.
Las llamadas familias extendidas —formadas por uno o ambos cónyuges, los hijos e hijas, y otros familiares—, ocupaban casi la tercera parte de los hogares cubanos cuando se hizo el último Censo de Población y Viviendas en la isla, en septiembre de 2002.
De entonces a la fecha, y con el paso de varios devastadores ciclones, no son muchos los que pueden concretar ese deseo inmortalizado en el refranero popular de que “el que se casa, casa quiere”.
La convivencia se erige, sin duda, en uno de los conflictos que enturbia las relaciones de suegras y suegros con sus nueras y yernos, y afecta la buena marcha de las dinámicas intrafamiliares.
Para la especialista del CIPS y máster en Psicología social se establece, además, desde suegras y suegros, madres y padres, cierto paternalismo hacia los jóvenes, que pretende orientar, ayudar y, a la vez, coacta el nivel de decisión e independencia.
“Incluso en las parejas que lograban independencia física —un hogar propio—, también había fuertes lazos afectivos de dependencia con alguno de los progenitores”, agregó, dibujando una situación bastante cercana a la de Barcárcel.
“Estos nexos a veces se asientan en una especie de forcejeo por el poder, de miedo de los padres a perder cariño o ascendencia sobre sus hijos”, pero pueden convertirse en un rígido cordón umbilical que “atenta contra todo límite y genera claras manifestaciones de violencia”, precisó Díaz Tenorio.
Colega de Díaz Tenorio y también máster en Psicología Social, Yohanka Valdés Jiménez estima que “estudiar la violencia en las familias constituye un problema complejo. En este sistema social se desarrollan interacciones peculiares entre sus integrantes, muy determinadas por vínculos afectivos que generan alianzas, coaliciones, pautas de autoridad, jerarquías, fronteras y tensiones muy específicas para cada grupo familiar”, explica.

Entre la realidad y el estereotipo
Una investigación realizada en 2009 por la quincenal revista Bohemia, a propósito de las suegras y los suegros, arrojó valoraciones acerca de esta figura familiar que oscilan entre la realidad y el estereotipo, pero, efectivamente, pueden generar tensiones severas al interior de los hogares.
El equipo de reporteras entrevistó en aquella oportunidad a 332 cubanas y cubanos, de diversas edades y profesiones y de todas las regiones de la isla.
Al preguntarles a nueras y yernos cómo veían a sus suegras y suegros, los adjetivos colaboradores y buenos consejeros fueron los más marcados; pero seguidos bien de cerca por sobreprotectores y entrometidos.
Al indagar con un grupo de suegras acerca de cómo creían ser vistas por las parejas de sus hijas e hijos, marcaron mayoritariamente que los yernos las veían como entrometidas, y las nueras, como sobreprotectoras; evaluación que no está lejos de resultados de investigaciones, incluso fuera de las fronteras nacionales.
Es el caso de los estudios de la psicóloga inglesa Terry Apter, de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, que fueron recopilados en el libro What Do You Want From Me? (¿Qué quieres de mí?).
En el seguimiento a más de un centenar de familias a lo largo de dos décadas, más del 60 por ciento de las mujeres entrevistadas por Apter reconocieron que la relación con sus suegras les causaba infelicidad y estrés.
Según la experta, alrededor de dos tercios de las nueras entrevistadas pensaban que la madre de su marido a menudo mostraba un amor maternal celoso. Sin embargo, del otro lado del conflicto, un porcentaje similar de suegras se quejaron de ser excluidas y aisladas.
"El conflicto entre suegra y nuera a menudo surge de una mutua desconfianza que suele relacionarse con normas femeninas heredadas", evaluó Apter.
En Cuba, según Díaz Tenorio, los estudios citados detectaron dificultades para aceptar e incorporar a la dinámica familiar a los compañeros o compañeras de las hijas o los hijos.
“Y si bien históricamente la figura de la suegra es más objeto de burlas, y resulta agredida o enjuiciada; encontramos que al yerno que llega a la convivencia se le identifica como el intruso, la persona que viene de fuera”, agregó a SEMlac.
“Así que, sin encasillar, diría que forma parte de las relaciones familiares actuales cierto rechazo, contradicciones y tensiones emocionales, resultado de convivir varias generaciones”, precisó.
Desde el oriente de la isla, la doctora Aurora García Gutiérrez, especialista de la Casa de Orientación de la Mujer y la Familia del municipio de Holguín  e investigadora de la Cátedra de la Mujer, la Familia y la Sociedad, del Instituto Superior Pedagógico (ISP) “José de la Luz y Caballero”, coincide con Díaz Tenorio.
Según su experiencia, más del 50 por ciento de los conflictos de pareja que llegan a la Casa de orientación donde labora tienen su origen en la intromisión del padre o la madre de una de las partes de la pareja, explicó a SEMlac durante una entrevista realizada hace dos años.
“Esa trasgresión de límites y espacios responde también a un fenómeno cultural, y aún cuando no convivan con ellos, se creen con todo el derecho de intervenir en la vida familiar de la pareja, de sus hijos”, confirmó.
En tanto, el humor criollo se entremezcla en la polémica con chistes y sentencias populares que por sí solos pueden ilustrar la carga de violencia implícita en esta llevada y traída relación intrafamiliar: “las suegras existen porque el diablo no puede ocuparse de todo...”, “Cuando no te embisten directamente, le dan cuerda a tu mujer”, “Dicen que tienen que estar como la cerveza: frías y echando espuma por la boca”. Sobran las palabras.

Septiembre de 2011

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