Rocío Fernández: El abuso sexual infantil todavía es silenciado

[04-12-2014]
Rocío Fernández: El abuso sexual infantil todavía es silenciado SEMlac

Más de 2.300 niñas y niños de Cuba requirieron protección policial al ser víctimas de abuso sexual en 2013, revela el Informe sobre el enfrentamiento jurídico- penal a la trata de personas y otras formas de abuso sexual (2013), que divulgó el Ministerio de Relaciones Exteriores del país hace dos semanas.

El dato resume 1.036 casos detectados de abuso lascivo, 553 de corrupción, 365 violaciones, 191 de ultraje sexual, 57 de pederastia y 29 de estupro, consumados contra el 0,09 por ciento de la población infanto-juvenil de la isla ,que suma más de dos millones 260.000 menores de 16 años.

Pero la cifra apenas revela la persistencia de un problema mucho más frecuente de lo imaginado, que casi siempre queda puertas adentro y en silencio, debido a los tabúes sociales y el desconocimiento de las personas cercanas a niños y niñas acerca de las manifestaciones de este tipo de maltrato.

Lo ha constatado en su práctica profesional Rocío Fernández Ruiz, especialista de la Mesa de Consulta y Orientación Psicopastoral del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD) de Cárdenas, Matanzas, a 150 km de La Habana, donde con frecuencia atienden a familias afectadas por el abuso sexual infantil.

Se trata de un maltrato en el que un adulto o adolescente utiliza su superioridad para realizar caricias, besos, manipulación, exhibicionismo, violación o pornografía contra un niño o niña.

En conversación con SEMlac, la joven psicóloga reconoce la poca información que existe en el país sobre el tema, pues apenas se le menciona en los medios de comunicación y no se le incluye en la preparación de profesionales que luego deberán dar respuestas a este tipo de casos.

Uno de los mitos más extendidos, según reconoce Fernández, es que el abuso no sucede dentro de la familia, cuando en la práctica muchos de los infantes que recibe en su consulta han sido violentados por personas cercanas, ya sean amistades o parientes.
"El trabajo del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba de Cárdenas va dirigido a preservar el bien supremo del menor", describe la entendida.

De hecho, en varias ocasiones quienes se encargan de este servicio en la organización no gubernamental han propiciado el seguimiento judicial de la violencia, pues se trata de delitos que requieren ser juzgados.

"A los pacientes que llegan a la consulta con este tipo de conflictos, además del tratamiento psicológico, se les ofrece apoyo psicopastoral y tratamos de propiciar que los adultos transiten por el proceso de convencimiento hasta hacer una denuncia, que representa una acción a favor de sus hijos", revela Fernández.

A su juicio, ante este tipo de ultraje "los padres tienen que tomar partido y las autoridades pertinentes necesitan concientizar la necesidad de establecer mecanismos y estrategias para que no siga sucediendo".

 

¿Es difícil reconocer este abuso para las personas cercanas?

 

A los padres y madres les cuesta mucho trabajo advertir que sus hijos son víctimas de abuso sexual, debido a las propias dinámicas de la familia. Las madres y padres vivencian una contradicción importante cuando se enfrentan a estos casos, porque muchas veces las personas que establecen prácticas sexuales sobre menores de edad forman parte de la misma familia. A la persona que está sufriendo el abuso también le cuesta soltarse desde el punto de vista psicológico y subjetivo de los lazos afectivos o de dependencia con su maltratador.

 

¿Qué secuelas deja ese tipo de maltrato?


Genera mucha ansiedad por todos los síntomas psicosomáticos que trae consigo el abuso sexual en niños y adolescentes. Estos pueden ser taquicardias, palpitaciones, reactividad en el sistema nervioso, temblores, sudoraciones de manos y pies, mareo.
También trae aparejado síntomas depresivos; cambios bruscos en el comportamiento como que la persona no quiera comer, se vuelva silenciosa, retraída o transforme su carácter; expresiones de ansiedad; manifestaciones de silencio; mecanismos de introversión; entre otros.

Sobre todo, se afecta el área escolar como primer espacio de funcionamiento comportamental en estas edades.

 

¿Estos casos siempre deben contar con atención psicológica?


Creo que deben tener un acompañamiento psicológico, pero que no se quede solo ahí. Es pertinente hacerlo extensivo a todos los profesionales que pudieran ayudar en el restablecimiento del paciente. Desde las personas de los medios hasta la policía, la escuela, quienes trabajan con menores, los psiquiatras.

Todos los campos implicados deben sensibilizarse, porque no hay derecho de ningún ser humano a dañar a otro, ni física ni psicológicamente. Este tipo de abuso requiere integrar un grupo multidisciplinario de trabajo para el apoyo a la víctima.

 

¿Qué se puede hacer a favor de la prevención del abuso sexual infantil en Cuba?


Es un tema indiscutiblemente silenciado y para poder sensibilizar a la familia y alertarla, se necesita hacerlo visible.

Deben crearse mecanismos para brindarles herramientas y establecer estrategias de capacitación social, para que los padres puedan conocer cómo se proyectan los violentadores y los síntomas de los niños y niñas cuando ocurre. En la mayoría de los casos, la víctima no habla porque quien la ha abusado es parte de la misma familia o amistades cercanas, y los demás miembros tampoco lo imaginan.

Es importante ayudar a los padres para que conozcan qué les sucede a sus hijos y, sobre todo, para que ejerciten la comunicación y la confianza. Deben conocer el comportamiento habitual de sus hijos para darse cuenta cuándo existe un cambio repentino y por qué.

Hay que hablar con los niños y niñas, escucharles, preguntarles qué necesitan, decirles palabras de afecto y dejarles claro que pueden contar con ellos.

Las escuelas de padres y los talleres de sensibilización son fundamentales, pero deben incluir estos temas directamente. También hay que saber a dónde acudir, algo que no está claro todavía.

Con los profesionales de la salud, la policía y la justicia puede trabajarse a través de talleres, charlas y, sobre todo, establecer mecanismos legislativos que ayuden a hacer justicia con un nivel de autoridad mayor.

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Helen Hernández Hormilla

hormilla@gmail.com

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