Las mujeres no son las culpables

[28-11-2018]

“A ella le gusta”, “se lo buscó”, “algo habrá hecho” son más que frases y constituyen imaginarios que, tatuados en la cultura popular, naturalizan, justifican y reproducen la violencia por motivos de género. Para la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio es muy difícil romper con el ciclo de la violencia, si no se superan estas falsas creencias. La especialista del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR) apuesta por articular políticas integrales que contribuyan a deconstruir los imaginarios que responsabilizan a las mujeres del maltrato machista.

¿Cuáles son algunos de los mitos que culpabilizan a las mujeres víctimas de violencia machista?
Las ideas tergiversadas sobre los roles que corresponden a las mujeres y los hombres, y donde se deposita la culpa en las víctimas, son muy efectivas para reproducir la violencia por motivos de género.
Por ejemplo, si la mujer viste de forma “provocativa”, si lleva saya corta o tiene una ropa muy escotada, se dice que está provocando que sobre ella se ejerza violencia y es culpable de que le sucedan cosas negativas como violaciones, asaltos, acoso sexual callejero.
Otro mito que ubica la responsabilidad en las mujeres es que si ella llega tarde en la noche, anda por lugares poco iluminados, lugares que “no debe transitar una mujer a esas horas”, de alguna manera está incitando a que la violencia se ejerza sobre ella. Lo mismo sucede si baila con otras personas, otros hombres o sola, que está provocando que su pareja u otro hombre la agreda.
También culpabiliza a las mujeres el criterio de que “a ella le gusta que la maltraten, que ella no ha querido salir del ciclo de la violencia”. Incluso existen dichos populares que sustentan estos mitos. Por ejemplo “si tú le aguantas la primera, tienes que aguantarle todas las demás”, como una predeterminación y una sentencia de por vida a ser víctima de violencia machista.
Otro mito es que la mujer siempre tiene que decir que sí, incluso que cuando dice no, está consintiendo. Y la mujer que tiene un comportamiento sexual que no corresponde al patrón hegemónico patriarcal, si cambia con frecuencia de pareja, es culpable de cualquier hecho violento que pueda suceder en sus relaciones. Igual si decides salir en una cita con alguien, ya eso es como un primer permiso a que sean posibles otros comportamientos.
Todos estos mitos invisibilizan las circunstancias y características de la violencia por motivos de género y el derecho de las mujeres sobre su cuerpo. Es como si el cuerpo de las mujeres estuviera hecho para que los hombres se apropiaran de él.

¿Cuánto afectan estos mitos?
Es muy difícil romper un ciclo de reproducción de la violencia, mientras exista una creencia, una concepción, una opinión, una visión del mundo que está culpando y hace responsables a las mujeres por la violencia que se ejerce hacia ellas.
Hasta que no se cambie esa manera de pensar, no cambiarán los comportamientos violentos. Existe una sinergia entre la subjetividad social y el comportamiento social. Y estoy hablando de subjetividad a nivel individual y colectivo, porque el Estado, las instituciones sociales, también van condicionando una manera de pensar y es un tejido social muy difícil de modificar.
Yo no puedo pretender cambiar comportamientos sin cambiar los imaginarios. Y eso incluye la manera en que las personas están concibiendo el problema, las visiones que pueden tener, cuáles son los derechos de las personas y cuáles son los límites. Si yo no cambio la conciencia de las personas respecto a ese tema, vamos a tener una permisividad y tolerancia a ese tipo de violencia que se perpetúa en el tiempo y se transmite de generación en generación.

¿Cómo pudiéramos detener esa cadena?
Tengo que responder en dos direcciones: en una está todo lo que se ha hecho y se hace en términos de sensibilización y visibilización por múltiples organizaciones, instituciones, grupos. A esto se suman proyecciones y medidas estatales que forman parte de unos esfuerzos importantes.
Pero todo lo que pueden hacer los grupos de avanzada con conciencia de género va a tener siempre un tope, mientras no existan políticas públicas estatales que vayan arremetiendo contra lo que esta sociedad no está dispuesta a tolerar en relación con la violencia contra las mujeres y las niñas.
Se ha avanzado muchísimo en comparación con 20 años atrás, pero son necesarias políticas públicas con perspectiva de género. Necesitamos políticas públicas con enfoque de equidad de género articuladas con otras dimensiones de la equidad social, una política orgánica en sistema, con una instancia estatal que coordine, implemente, controle y evalué.

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