La violencia de género es la violencia del patriarcado

[02-12-2015]
Clotilde Proveyer Clotilde Proveyer SEMlac

La violencia de género tiene género y es masculino, porque se ejerce para legitimar y defender el poder y el dominio patriarcal”, asegura Clotilde Proveyer Cervantes, profesora del Departamento de Sociología de la Facultada de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana y precursora de los estudios sobre esta materia en Cuba.

Personalmente comprometida con los esfuerzos por poner fin a la violencia contra las mujeres, Proveyer Cervantes esclarece aspectos conceptuales clave para entender los basamentos que sostienen este problema social y que es necesario visibilizar para poderlos desmontar y enfrentar.

¿Qué es violencia de género?

Es un término muy usado, que tiene varios conceptos, pero en esencia se trata de una violencia que se ejerce por motivos de género, fundamentalmente sobre las mujeres, pero también sobre todas aquellas personas que no adoptan la normativa heterosexista de la dominación masculina. Es la violencia del patriarcado como sistema de dominación.

¿Hay otros nombres o formas de llamarla?

Violencia sexista, violencia machista, violencia masculina. Se ejerce fundamentalmente contra las mujeres y también contra posturas que se identifican con la construcción cultural femenina.

¿Es la violencia de género, entonces, violencia contra las mujeres?

Fundamentalmente sí, y también contra otras personas que, en sus construcciones identitarias, se asocian a la identidad femenina o —en otras palabras— transgreden la masculina.

A veces se afirma, sin conocimientos fundados, que es violencia de género la que reciben algunos hombres por parte de las mujeres. ¿Lo puede aclarar usted?

Se dice, pero no es así. Hay cierta tendencia a confundir conceptos.
No quiere decir que no haya mujeres que ejerzan la violencia contra su pareja. Estadísticas internacionales indican que, en un universo de 100 parejas, hay 25 por ciento de violencia cruzada; es decir, no hay un sujeto que sea protagonista. El uno por ciento corresponde a mujeres que ejercen la violencia contra los hombres y el 75 por ciento son hombres que la practican contra las mujeres. Esa es la que se ejerce para legitimar y garantizar el poder masculino.

Para que haya violencia tiene que haber un desequilibrio de poder: una parte empoderada y otra en posición de subordinación.

Pero la dominación y las reglas de género a nivel social son masculinas.

Por otra parte, los estudios indican que la mayoría de las mujeres que ejercen violencia lo hacen, además, como respuesta a una violencia que ellas han recibido. Generalmente, cuando una mujer llega a la violencia, incluso al homicidio, lo hace muchas veces en situaciones límites, como respuesta a una violencia extrema que ella ha recibido, en un momento de vulnerabilidad del otro y de crecimiento en situación límite, en que se juega la vida: es él o ella.

¿Hay conciencia en las personas de cómo funciona el ciclo de la violencia y que se trata de un ciclo peligroso?

No, lamentablemente. La mayoría de las personas no tiene conciencia del ciclo de la violencia, que es una espiral que se va acortando cada vez más. Aunque las mujeres siempre elaboran una estrategia para sobrevivir, esta no siempre funciona y no deja de ser una estrategia de sobrevivencia ante una situación que te va anulando, que cercena.

En ese ciclo hay momentos en que te anulas como sujeto, te conviertes en un objeto que es propiedad del maltratador. Entonces la mujer pierde su capacidad de reaccionar, de elaborar estrategias, porque pierde su autoestima, se aísla, se siente responsable de todo. Y ese ciclo cada vez se acorta más, se intensifica en una espiral que, cuando se instala en la cotidianidad, hace que la mujer pierda la capacidad de actuar.

Por eso se plantea que, para que una mujer salga del ciclo de la violencia, hace falta que ella tome conciencia de su situación, recupere su autovaloración y tome las riendas de su vida para poderla transformar. Pero eso no basta; es esencial, pero no suficiente. Hace falta también la intervención de una red de apoyo y ayuda. La sociedad no puede desentenderse de ese problema ni de esas mujeres, porque no es posible salir del ciclo de la violencia sin la ayuda externa. No es una intervención para validar su situación de víctima; es para validar la legitimidad de salir de ese ciclo, de romper con eso.

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