Especialistas instan a investigar la violencia machista

De la redacción [25-07-2016]

Especialistas de diversas profesiones y activistas por la igualdad de género en Cuba coinciden en la necesidad de implementar una investigación macro sobre violencia de género, que ofrezca luces acerca del alcance y los impactos de este tipo de maltrato en la sociedad.
Ello permitiría "marcar tendencias, conocer peculiaridades territoriales, llegar a zonas de silencio, porque hay lugares donde nunca se ha hecho la más mínima investigación, donde no hay información", asegura a SEMlac la socióloga y profesora Clotilde Proveyer Cervantes, precursora de los estudios de violencia de género en el país.


Aunque Proveyer reconoce que ello marcaría solo la punta del iceberg, también considera que ofrecería "insumos para la instrumentación de acciones de intervención y prevención, y para la formulación de políticas".
Las mujeres y las niñas son mayoría entre quienes viven las consecuencias de la violencia sexista, machista o por motivo de género.
En Cuba, la investigación sobre el maltrato hacia las mujeres en las relaciones de pareja empezó a tener relevancia desde la pasada década del noventa, con predominio de estudios aislados y sobre aspectos muy puntuales.
El Instituto de Medicina Legal de La Habana, el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), el área de Investigación y Desarrollo de la Fiscalía General de la República, algunas instituciones del sistema de salud y la Universidad de La Habana fueron las instituciones que iniciaron esa labor.
Con un perfil criminológico, de las ciencias jurídicas, médicas y psicosociales, aquellos primeros estudios abordaron, sobre todo, la presencia del fenómeno en sus distintas formas, mediante estudios de caso, fundamentalmente.
Varios de esos estudios, sistematizados en 1999 por el Centro de Estudios de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), dan cuenta de que la violencia intrafamiliar en sus distintas formas era la modalidad más abordada en la pasada década de los noventa.
También arrojaron que el blanco del maltrato son, generalmente, mujeres, que en cifras insignificantes buscan ayuda institucional o denuncian al esposo.
Como causas se enumeran los celos, el alcoholismo, los problemas económicos graves, las frustraciones, el bajo nivel cultural o el machismo.
"Pero ninguna se detiene en la causa central de la que se derivan las anteriores: la violencia como una forma de ejercicio de poder masculino", ha suscrito la profesora Proveyer.
"La característica predominante de estas indagaciones es su carácter descriptivo, su alcance limitado y la dispersión en cuanto objetivos y universo de estudio", agrega la experta en un artículo científico.
De entonces a la actualidad, se han multiplicado actores, investigadores y estudios que abordan el problema, pero siguen padeciendo de visiones aisladas y fragmentadas, que no alcanzan a dar una idea general y más completa del fenómeno en Cuba.
Tampoco se conocen ni divulgan cifras que ilustren, estadísticamente, acerca del número de casos que ocurren, se denuncian, atienden o transitan por las instituciones jurídicas, penales ni de salud, asociados a la violencia machista.
Con vistas a impulsar estos estudios y las alianzas entre sus autores e instituciones, en julio de 2014 se creó la red de investigadoras e investigadores en ese tema, como parte además de las acciones del subprograma de violencia del Programa Nacional de Educación y Salud Sexual (PRONESS), que coordina el Cenesex.
Sin embargo, "la información disponible para orientar acciones de prevención y atención es fragmentada e incompleta", reconoció por entonces a SEMlac la psiquiatra e investigadora Ada Alfonso.
Entre las brechas más significativas en el ámbito investigativo, Alfonso identificó el "predominio de estudios descriptivos, con muestras pequeñas, que no permiten identificar la real magnitud de la violencia en el país".
Igualmente, reconoció que suelen ser más frecuentes los estudios realizados con metodologías cualitativas, que si bien profundizan en el objeto de estudio, no permiten su generalización.
A juicio de la socióloga Magela Romero Almodóvar, existen varios motivos para plantear con urgencia una investigación más abarcadora.
De una parte, "ofrecería datos sobre el impacto de esta problemática en el país", apuntó a SEMlac, lo que "ayudaría no solamente a particularizar el trabajo en función de nuestro contexto, sino también al proceso de sensibilización de decisores y del personal que forma parte del sistema de prevención y atención".
De otra, "brindaría pistas en relación con los tipos de violencia que prevalecen, así como acerca de las variables sociodemográficas que inciden en este hecho", agregó.
En opinión de la profesora de la Universidad de La Habana, ese estudio permitiría valorar, además, la incidencia que aún tiene la cultura patriarcal en las percepciones y prácticas relacionadas con esta problemática social.
Pero un empeño de ese tipo precisa también de la voluntad y la participación del Estado, al decir de la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio.
"La investigación científica en Cuba, sobre todo para investigaciones macro, no es un asunto individual, sino estatal, regido por el sistema nacional que regula la investigación científica del país", aclaró Díaz Tenorio en entrevista con SEMlac.
"Implica no solo recursos financieros, profesionales capacitados, sino también voluntad política", precisó la coordinadora del Programa de Equidad del Centro de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR).
Además de "visibilizar la violencia de género como un problema que tiene y debe enfrentar la sociedad cubana", Díaz Tenorio cree que una investigación macro puede servir a tomadores de decisiones que necesitan cifras, así como análisis cualitativos que identifiquen particularidades del contexto y orienten la prevención.
"Si hay investigación macro, es señal de visibilización o reconocimiento del problema, lo cual es el primer paso para identificar su alcance real y transitar los complejos caminos de la prevención", sostiene.
Aunque Proveyer, Romero y Díaz Tenorio coinciden en el valor de continuar desarrollando estudios cualitativos y de casos, apuestan porque no falten determinados ingredientes en una investigación macro sobre el tema.
Entre los ingredientes que ese estudio debe tener, incluyen una sólida fundamentación teórica, imprescindible, según Proveyer, en la violencia de género, especialmente la que se ejerce contra la mujer.
"Hay que conocer, desde el punto de vista teórico, lo que hace peculiar el objeto de estudio de la violencia de género, porque se trata de un problema muy controversial en el ámbito del imaginario social, precisamente por su naturalización", sostiene.
"Si no conoces con profundidad cómo se reproduce, los mecanismos que la generan, cuáles son sus peculiaridades, no puedes hacer una investigación que no esté sesgada", agrega.
Otros puntos marcados por las entrevistadas apuntan a la participación y discusión con expertos o especialistas en la materia, a entender y concebir la investigación dirigida a la transformación social.
Díaz Tenorio añade que cualquier estudio, más aún la violencia de género, por sus consecuencias para la salud y los derechos humanos, requiere preparación y subjetividad sensible a los problemas de género de quien investiga; compromiso político y utilización en la práctica de los resultados. "Investigaciones mal concebidas pueden perpetuar mitos y reproducir la violencia", resume la psicóloga.

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