Embarazo adolescente. Familia y parejaen el entramado de la violencia

Dra. Matilde de la Caridad Molina Cintra (Psicóloga). Centro de Estudios Demográficos (CEDEM). Universidad de La Habana. Especial para SEMlac Cuba [16-08-2018]
Foto SEMlac Cuba. Foto SEMlac Cuba.

El embarazo en la adolescencia es un problema que puede generar grandes brechas sociales y modificar el curso de la situación social del desarrollo en esta edad. En ocasiones, puede engendrar violencia psicológica y violación de los derechos sexuales y reproductivos, sobre todo de las muchachas. Las vulnerabilidades del contexto familiar y la relación de pareja pueden agudizar la situación y aumentar el riesgo a la violencia.

Investigaciones realizadas en Cuba sobre el tema[1]evidencian que, aunque el embarazo adolescente no es causa directa de la violencia, si lo son algunas de las condiciones en las que se produce este evento y los factores asociados a él.

La estructura familiar

La estructura de las familias con ausencia de uno de los padres, o de convivencia solo con los abuelos, hizo más débil el control educativo.La presencia de los abuelos redujo y reemplazó los roles de los padres, especialmente de la madre, en la crianza de los hijos y la transmisión de información, valores y normas. La influencia que recibieron las adolescentes se vio afectada por el nivel educacional de los abuelos (más bajo que el de los padres) y por valores, normas y reglas que responden a conservas culturales de sus generaciones. Los límites y normas tienen más probabilidades de violarse e incumplirse, al tener que ocuparse la madre de otras tareas para la subsistencia familiar y dedicar menos tiempo a la atención y cuidado de la adolescente, en los casos donde el padre estaba ausente.

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Las crisis Las crisis paranormativas presentes en estas familias se revelan como crisis que desorganizan la vida familiar y la desestructuran, expresándose como factor de riesgo de violencia. Entre ellas se pueden mencionar los cambios económicos negativos importantes, manifestados en la pérdida de empleo o desvinculación de algunos de los miembros, causas de los problemas socioeconómicos de estas familias. Atraviesan también crisis por desmembramientos, dados por divorcios y rupturas de los padres de las adolescentes o migración de uno o varios miembros, en muchas ocasiones de los padres. Se evidencian las crisis por problemas de salud, como el alcoholismo y las enfermedades crónicas no transmisibles. Las crisis por desmoralización, evidentes en conductas de rompimiento de normas sociales y morales de algún miembro, cumpliendo sanción penal en la cárcel. A estas crisis vividas y afrontadas por las familias, se une el embarazo en la adolescencia, fundamentalmente como embarazo no deseado. Este evento es generador de estrés, al encontrarse las familias ante una situación inesperada y sorpresiva, para la cual no estaban preparadas. Es un evento que se produce a destiempo, ya que en este período de desarrollo no debe estar incluida la tarea de formación de familia y asunción del rol de madre o padre, evidenciando una desarticulación de la adolescente con la situación social del desarrollo de esta etapa.

Esta crisis ha producido cambios y trasformaciones en la familia, el nuevo entorno familiar requirió de adaptaciones y ajustes para los padres y los hijos. Ello implicó que se produjeran cambios en el desempeño de los padres, ya que han necesitado realizar esfuerzos mayores para cumplir con la función económica, por el recrudecimiento de los problemas económicos. La función educativa adquirió otra connotación, dado que se han tenido que incorporar a la educación y crianza, también, de un nuevo miembro en la familia y la asunción de nuevos roles como por ejemplo el de abuelas y abuelos.

El tiempo que la familia ha tenido que dedicar a la búsqueda de la solución de sus problemas, a veces paliativos, otras veces sin solución, es tiempo restado a la función educativa. La cantidad y calidad de las interacciones y relaciones entre padres y madres e hijos e hijas también se vieron afectadas y el control parental disminuyó. En este contexto, es de esperar que los cambios en la estructura familiar a través del tiempo, asociados con las crisis, socaven lazos entre padres y madres y sus descendientes, debido a las nuevas adaptaciones y ajustes, disminuyendo así la interacción y control social en las familias[2].

Manejo educativo de la familia

Laspautas de crianza de las adolescentes eranconsideradas como un argumento importante de las familias para explicar algunas de las razones de la ocurrencia del embarazo de la adolescente.Entre los métodos educativos se distinguieron, generalmente, la permisividad y la falta de comunicación devenida del autoritarismo. Estos son estilos recurrentes en las respuestas ofrecidas por las familias, siendo inadecuados estos manejos educativos en la crianza y educación de las adolescentes.

La permisividad o afecto sin autoridad[3], como se describe en la literatura, es un manejo educativo en el cual se aprecia un abundante afecto, permitiendo libertades a los hijos e hijas en la toma de sus decisiones, por lo que padres y madres carecen de control en la conducta y acciones de adolescentes de ambos sexos, como evidencian algunos testimonios recogidos durante la investigación[4].

Confiábamos en ella, le dejamos hacer todo lo que quería (AFO, 14 años)

La culpa del embarazo es porque la madre la protegía mucho y dejaba que hiciera cualquier cosa. Después se castigaba y a regañarla, se le ponía a leer la Biblia, ponerla a lavar. (FMTV, 19 años)

Me ponían de castigos, críticas y también me sobreprotegían (EDL, 18 años)

Por su parte, el autoritarismo propició también dificultad en la comunicación con las adolescentes. Este estilo educativo se caracteriza por la imposición de la autoridad y poca flexibilidad de reglas, originando en las adolescentes manifestaciones de rebeldía, lo que ocasionó mayor distanciamiento con los padres y recurrencia a los grupos de amigos u otras personas para satisfacer las necesidades afectivas y de información.

Es fresca, malcriada, desobediente, agresiva, en ocasiones hay golpes, ofensas. (LLB, 18 años)

Castigos físicos, regaños y críticas (LFG, 14 años)

En estos estilos educativos, derivados en ocasiones del autoritarismo, se evidenció la violencia psicológica y física hacia las adolescentes, identificándose la violencia intrafamiliar como un problema de algunas de estas familias. Se constata la presencia de patrones formativos inconsistentes, con límites y reglas poco flexibles, que flagelan la autoridad de los padres.

Estos elementos son reflejados como parte de la identidad familiar y representados por símbolos que expresan agresividad, lo cual está aportando los indicadores sobre la violencia intrafamiliar[5] que pudieran estar caracterizando la dinámica y subjetividad familiar. Los sentimientos de frustración, rabia, peleas, preocupación, enojo y resignación son contenidos subjetivos recurrentes en estas familias. Las familias vivenciaron la aceptación del embarazo con mayor conflictividad emocional, percibiendo la situación como generadora de tensiones, desencadenantes de discusiones y distanciamientos entre los miembros.

El sistema de actividad que desarrolla la familia determina su sistema de comunicación y viceversa; patrones familiares anclados a una concepción patriarcal, con asimetrías de roles, sin aspiraciones a la movilidad social, pudieron estar determinando en las adolescentes comportamientos en una relación de poder asimétrica, que la pone en total desventaja para asumir o al menos transitar un proceso de toma de decisiones relacionados con la salud sexual y reproductiva. El sistema de comunicación de estas adolescentes no favorece su situación social de desarrollo, al evidenciarse dificultades en la comunicación con los subsistemas familiar, de pareja y amistades. Además, la relación de poder del vínculo de pareja, basada en cánones comunicativos distorsionados, pone en situación desventajosa a la adolescente, al no contar con recursos personales para afrontar esta relación de poder que la puede ubicar en una posición de humillación y sumisión. Estas relaciones se establecen, también, teniendo como punto de partida una relación con los padres que no satisface las necesidades de escucha, diálogo y apoyo emocional en esta etapa de la vida.

Con estas características familiares se conjugan las particularidades de la edad y la subjetividad de la adolescente.Las adolescentes se exponen a comportamientos de riesgo, pues no tienen en cuenta los posibles matices de las situaciones; a ello se unen las características de su pensamiento y lenguaje, que pueden explicar su comportamiento ante las diversas situaciones relacionadas con la vida sexual y de pareja. No fueron capaces de relacionar la situación inmediata y las consecuencias del comportamiento para su futuro, dado que no establecen relaciones entre los elementos esenciales de la situación y sus resultados. Este hecho ocurre en un contexto de pareja donde existe una relación de poder, dado que los hombres son como promedio siete años mayores que ellas; para algunas la distancia puede llegar a más de ocho o nueve años.

Género, violencia y embarazo adolescente. Las valoraciones y creencias relacionadas con la salud sexual y reproductiva son atravesadas por las desigualdades de género y tienen una presencia relevante en la explicación de la maternidad y fecundidad adolescentes.

Así, el proceso de toma de decisiones es mediatizado por los elementos culturales sobre la masculinidad y la feminidad. Dos ejes distintivos en la construcción de la masculinidad y lafeminidad están claramente identificados por los enfoques de género: la función de cuidado y la maternidad para las mujeres, y la función de proveedor económico para los hombres. También se obtiene en la investigación otros elementos vinculados a estos que explican las decisiones relacionadas con la fecundidad adolescente. Entre estos se pueden nombrar:

· La ausencia de negociación en el inicio de las relaciones sexuales y el uso de métodos anticonceptivos (MAC). Estas adolescentes poseen juicios y valores estereotipados y creencias erróneas sobre métodos anticonceptivos y aborto, todo ello cimentado por una cultura machista y el protagonismo del hombre ante su deseo, mostrando una clara asimetría de poder al interior de las parejas, que redunda en una subordinación de la mujer y pobres habilidades sociales para la negociación en la toma de decisión en torno a la reproducción.

· La participación diferenciada en los eventos (exposición al coito, uso de MAC, continuidad o interrupción de la gestación). Las razones para el no uso del condón dan cuenta de una relación de poder donde la mujer asume el criterio y deseo del hombre, reproduciendo así los patrones tradicionales.

· La diferenciación sexual del trabajo marca la manera en que los roles de género son asumidos: la mujer para las labores de la casa y el cuidado, y el hombre para el trabajo fuera de la casa, potenciando así la violencia doméstica.

· Las valoraciones sobre el matrimonio. Parece ser que las mujeres jóvenes anhelan y piensan más en el matrimonio que los hombres. Las adolescentes se casan o unen con hombres mayores que ellas. Estas constataciones podrían estar afirmando la hipótesis de la relación de poder entre la adolescente y su pareja. En la medida que tenga menor nivel de escolaridad y edad, mayor fragilidad, y mayor distancia entre su edad y la de su pareja, mayores probabilidades tendrán de tener una relación asimétrica, mayor riesgo de violencia de género y sumisión al hombre, teniendo menos recursos para emanciparse y defender sus derechos como mujer para decidir cuándo tener sus hijos.

Todos ellos parecen evidenciar que los vínculos de pareja en los que las mujeres inician sus relaciones sexuales y continúan sus gestaciones se caracterizan por claras asimetrías en cuanto a las características individuales: edad, ocupación y escolaridad. Ellas son en promedio alrededor de siete años más jóvenes que los hombres, ellos se encuentran más ocupados y pueden tener mayor escolaridad. Mientras que ellas se ubican en una situación de dependencia económica, y centradas en labores de cuidado, ellos son compulsados a insertarse en el mercado laboral como proveedores familiares.

Estos elementos pueden estar expresando la manera en que las construcciones socioculturales de lo masculino y lo femenino explican las decisiones relacionadas con la fecundidad y, en particular, de la fecundidad adolescente.

Se produce una desarticulación de los procesos socializadores más importantes en esta etapa, el estudio y todas las actividades extraescolares que a ella se asocian, así como las actividades informales en su relación con el grupo de coetáneos, lo que genera una brecha y vulnerabilidad social para la mujer en relación con el empoderamiento femenino
[1]Molina, M.C. (2017) La fecundidad adolescente en Cuba a partir de 1990: la familia como espacio de influencia. Tesis doctoral. Universidad de La Habana: Centro de Estudios Demográficos (CEDEM).

[2]Kuaté, B. y Tsala, Z. (2012) “Influences of Family Structure Dynamics on Sexual Début in Africa: Implications for Research, Practice and Policies in Reproductive Health and Social Development”. Journal of ReproductiveHealth Pp.147-172.

[3]García A. (2003) Evaluación y Diagnóstico infantil. La Habana: Editorial Felix Varela.

[4]Los testimonios a partir de aquí se identifican con iniciales por acuerdo de confidencialidad de la investigación.

[5] Molina, M.C. (2012) “Violencia Intrafamiliar. Una mirada desde el estudio de caso”. Novedades de Población. Recuperado: http://www.novpob.uh.cu/index.php/NovPob/article/download/181/214.

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