Siempre que se impone una relación sexual a otra persona, contra su voluntad, estamos en presencia de violencia sexual. Las víctimas pueden ser mujeres, niñas, niños, adolescentes, personas de diferente orientación sexual o identidad de género. Puede estar incluida la violación infligida por un desconocido, un conocido o por la propia pareja. Si bien este es uno de los tipos de violencia más reconocidos, no siempre se comprenden todas sus manifestaciones, ni se valora en su totalidad como un problema en nuestro país. Para dialogar sobre este fenómeno y sus posibles estrategias de atención, No a la Violencia invitó a tres profesionales de diferentes perfiles y áreas de desempeño: la antropóloga Leticia Artiles, la psicóloga Beatriz Torres, presidenta la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), y el jurista Lázaro Ramos, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

Cada 30 segundos una mujer es violentada en Twitter, según un estudio de Amnistía Internacional de 2018. En Wikipedia, de cada diez contenidos, nueve son hechos por hombres. Y cuando escribimos en Google una búsqueda que arranque con “la mujer debe”, la búsqueda automática sugiere que: “debe ser valorada”, “sumisa”, “vestir como mujer”, “agradar a su esposo” y un largo etcétera. La lista es extensa cuando se habla de tecnología y brechas de género que generan violencias y arranca desde las primeras edades con el consumo diferenciado de videojuegos o audiovisuales. Es curioso que una herramienta que se supone deba contribuir a crear espacios de libertad e innovación, sea al mismo tiempo reflejo de los estereotipos y arraigos patriarcales que existen en nuestras sociedades.
Para reflexionar sobre el te

En su primer Informe Nacional sobre la implementación de la Agenda 2030, Cuba reconoció por primera vez la incidencia en 2016 de 0,99 femicidios por 100.000 adolescentes y mujeres cubanas de 15 y más años. El documento también afirma que el número de muertes ocasionadas por su pareja o ex pareja han disminuido entre 2013 y 2016 en 33 por ciento.
Mientras, la Encuesta Nacional de Igualdad de Género, aplicada en 2016 en todas las regiones del país, arrojó que en los 12 meses previos a la indagación, 26,7 por ciento de las mujeres sufrieron violencia en el seno de la pareja y 39,6 por ciento en algún momento de su vida. Estos y otros datos parecen abrir un camino para estadísticas de este tipo en el país.
Para dialogar sobre este tema y sus posibles impactos y desafíos en los estudios y la prevención de la violencia de género, No a la Violencia invitó a tres profesionales de diferentes perfiles y áreas del conocimiento. Esta vez responden a nuestras interrogantes la investigadora María del Carmen Franco Suárez, subdirectora del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI); la Doctora en Ciencias Clotilde Proveyer Cervantes, socióloga y profesora de la Universidad de La Habana, y la periodista Mayra García Cardentey, directora de la revista Alma Mater y activista por la No Violencia de Género.

¿Cómo se manifiestan actualmente en Cuba la discriminación, rechazo y violencia hacia las personas con diversas orientaciones sexuales e identidades de género? ¿Qué desafíos son más evidentes? ¿Cuáles caminos seguir para romper con esas manifestaciones de maltrato, insertadas en las herencias patriarcales? No a la Violencia invitó a reflexionar sobre estas interrogantes a tres especialistas de perfiles diversos, que también mantienen espacios de activismo por el respeto a la diversidad: Teresa de Jesús Fernández, filóloga, coordinadora nacional de las Redes de Mujeres Lesbianas y Bisexuales; Gustavo Valdés, biólogo, antropólogo y jefe del departamento de trabajo comunitario del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y Claudia Braña, comunicadora social de la televisión artemiseña, cuya investigación de licenciatura incluyó análisis cualitativos a estudios sobre violencia y diversidad.

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