La violencia contra las mujeres constituye un problema social complejo de larga data, ligada al patriarcado como el sistema de relaciones de dominación más antiguo del hombre sobre la mujer y con un sistema de poder. Es un fenómeno social que llega a implicar la muerte de miles de mujeres en todo el mundo, cada año, por el solo hecho de ser mujer, lo que se conoce como feminicidio, y legitimado por un patriarcado que se renueva de manera constante en formas y contenidos. En nuestra época tiene expresiones muy visibles, en particular en la pareja.

En Cuba, las metas y sueños de muchas mujeres en el mundo son realidades desde hace mucho tiempo, y las políticas para garantizar el avance de la mujer forman parte del programa de desarrollo social. No obstante, las violencias que se dan en el seno de la institución a la que, social y utópicamente, se le asigna un lugar de protección, solidaridad y amor: las familias, son hechos que afectan la integridad física y emocional de sus integrantes, entre quienes las víctimas son, mayoritariamente, mujeres. Ello responde a los esquemas del patriarcado, en detrimento de ellas, como parte de un género que históricamente ha estado en una situación social, cultural, económica e incluso jurídica de desigualdad y subordinación.

Las normas jurídicas son un reflejo de los valores que imperan socialmente, y también son un reflejo de la ideología dominante en una sociedad dada. Norma jurídica e ideología dominante interactúan dialécticamente, pues las leyes se dictan respondiendo a la necesidad de preservar valores sociales, los que a su vez son legitimados socialmente como valiosos, en la medida en que estén jurídicamente respaldados.

Teniendo en cuenta que el Derecho rige las relaciones sociales, constituye un factor determinante para la igualdad o la desigualdad entre hombres y mujeres. Históricamente, las leyes han mantenido normas prohibitivas y discriminatorias contra la mujer, muchas de ellas reformadas gracias al Derecho, por ser un mecanismo de gran influencia en las relaciones sociales. A través de la creación de las leyes se puede generar no solo opinión, sino también promover las transformaciones necesarias para la construcción de una sociedad más equitativa, humana y solidaria.

Cuando se abordan los temas de violencia psicológica, muchas veces queda soslayado el escenario laboral y justamente en ese ámbito ocurre un tipo de violencia que en algunas ocasiones se gesta de manera sutil, pero tiene un fuerte impacto psicológico y físico, que puede llegar a ser irreversible. Nos estamos refiriendo al mobbing1.

Derivado del verbo en inglés to mob ("acosar", "hostigar", "acorralar en grupo"), se trata de un proceso complejo, resultado de la participación de factores diversos. El acoso laboral es tan antiguo como el propio trabajo, pues la presión en el entorno de trabajo siempre ha existido. Sin embargo, el fenómeno que nos ocupa, entendido básicamente como una forma de abuso psicológico que ocurre en el lugar de trabajo, permaneció invisible durante mucho tiempo; pero ha adquirido gran protagonismo en los últimos años en el campo de la psicología de las organizaciones.

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