En espacios anteriores de SEMlac y en otros intercambios con especialistas hemos conversado sobre la violencia y el acercamiento metodológico para su investigación, partiendo de comprender las dificultades para obtener información fiable y verdadera sobre el tema. Esta necesidad se deriva de las propias características del fenómeno de la violencia, que suele considerarse privado y no permite la inclusión de una tercera persona cuando ocurre en el ámbito de una pareja, o de alguien ajeno cuando es una familia. Por tanto, cuesta mucho conseguir un acercamiento eficaz a las parejas o familias afectadas, lo cual obliga a revisar con mucho detalle la metodología de las investigaciones.

La transferencia de datos en los celulares cubanos –la popular 3G- llegó para quedarse. Más temprano que tarde la comunicación con el mundo, el acceso a redes sociales múltiples, las conversaciones por WhatsApp, tan familiares en otros contextos, serán también algo común en nuestras calles, en ómnibus abarrotados y en la soledad de una habitación adolescente. Si hace apenas un par de años era difícil el acceso a internet desde entornos domésticos o al aire libre, ahora esa realidad está ahí mismo, cada vez más cerca.
Lo realmente significativo no es solamente la novedad de poder almacenar y transmitir información en un nuevo soporte, o de acceder al mismo ritmo del resto del mundo a aplicaciones móviles que se generan todos los días y dejan obsoletas, en apenas meses, a las que se consideraban hasta ayer el “último grito tecnológico”.

La violencia de género es un asunto social que compete a todas las personas, grupos humanos e instituciones que comparten espacios sociohistóricos y culturales concretos. Justo uno de los mitos que la sostienen es que se trata de un asunto privado, o “de mujeres”, y existen personas que piensan que compete solo a “algunas mujeres”.

Este 2018, el Día Mundial del Riñón, que se celebra cada 8 de marzo, estuvo dedicado a las mujeres que padecen una enfermedad renal crónica (ERC). No fue una decisión casual, pues resulta imprescindible reflexionar sobre lo que ocurre a esas mujeres que poseen esta enfermedad crónica.

La ERC constituye un problema que, año tras año, se incrementa. Tanto por el aumento de la expectativa de vida, como por las mejoras tecnológicas y sociales que hacen que personas que antes morían precozmente ahora vivan mucho más, y por consiguiente puedan desarrollar diversas enfermedades crónicas. Pero también porque se les suman los estilos de vida inadecuados y las influencias negativas del medio ambiente.

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