La adolescencia tiene sus regularidades desde todas las aristas del desarrollo humano. Es un período durante el cual ocurren cambios significativos desde lo biológico, psicológico y social, solo comparables con el primer año de vida de las personas.

Una de las esferas donde más transformaciones ocurren es, justamente, la sexualidad, un proceso de cambios que prepara a la persona para la juventud y la vida adulta. Durante esa etapa se llama la atención sobre cuestiones relacionadas con el género y el erotismo, las que con frecuencia se invisibilizan en los diversos intercambios educativos en que partician públicos adolescentes.

La comprensión de la violencia de género como problema social es cada vez más reconocida y la necesidad de combatirla se impone no solo entre especialistas y autoridades, sino también en el imaginario social. Sin embargo, estas percepciones no alcanzan aún las convicciones necesarias para la actuación transformadora de esa realidad de manera integral.

En los medios de prensa, y desde publicaciones especializadas, afloran historias que obligan a decirlo con dureza y serenidad: la violencia contra la mujer existe en Cuba. A finales de 2016, un equipo de investigación en el Instituto Minero-Metalúrgico de Mao[1], al este del archipiélago cubano, colocó en perspectiva un tema que merece la mayor atención posible. Sus integrantes concluyeron que, frente al total de la población de esa zona semiurbana, era elevada la cifra de mujeres, niñas y adolescentes víctimas de violencia de género.

Son grandes los avances de la ciencia y la tecnología a nivel mundial y muchos los cambios que traen a todas las esferas de la vida. Sin embargo, las familias continúan siendo pilar fundamental de la sociedad y cumplen funciones que son irreemplazables, por lo que se impone un trabajo intencionado de promoción y prevención para eliminar todas las manifestaciones de violencia que ocurren al interior de los hogares. La violencia intrafamiliar se ha convertido en un flagelo global: visibilizarlo y atenderlo es un desafío urgente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia es “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”[1].

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