Mucho se ha escrito y discutido acerca de la violencia de género. Pareciera que eso contribuye a la claridad sobre su origen, características y manifestaciones; sin embargo, al tratarse de un problema social cuyo origen está determinado por construcciones culturales patriarcales legitimadas históricamente, se invisibiliza y naturaliza perversamente su esencia, lo que dificulta su disección y desmontaje en el tejido social.

Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones han permitido una democratización gradual de los medios, lenguajes y plataformas comunicativas. También han devenido espacio para la expresión plural y activa al alcance de todas las personas. ¿Es esto cierto?, tal vez, pero no tanto… Cada vez son más las investigaciones realizadas en Cuba con respecto a los medios de comunicación y lo sexistas que estos suelen ser. Sin embargo, la mayoría de estas pesquisas se ha centrado en la televisión o las propuestas audiovisuales, pero no tanto en Internet o los espacios digitales.

Muchas son las miradas que visualizan al matrimonio –o la formación de parejas- como una lotería, una decisión al azar, pura suerte o cosas del destino. Tales criterios preconcebidos antes de concretar la unión, a menudo conducen a que muchas parejas vayan al matrimonio sin un reconocimiento de la responsabilidad que entraña y, como resultado, fracasan y terminan en el divorcio.

Hace un tiempo escribí un artículo para el sitio digital Cubadebate1 sobre el abordaje callejero del que son víctimas muchas mujeres por parte de hombres. La historia estaba basada en experiencias propias y narraba un tipo de acoso al que fui sometida en pleno día, mientras esperaba una guagua. Traté, a través de la vivencia, de colocar en debate un asunto harto conocido socialmente.

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