Muchas son las miradas que visualizan al matrimonio –o la formación de parejas- como una lotería, una decisión al azar, pura suerte o cosas del destino. Tales criterios preconcebidos antes de concretar la unión, a menudo conducen a que muchas parejas vayan al matrimonio sin un reconocimiento de la responsabilidad que entraña y, como resultado, fracasan y terminan en el divorcio.

Hace un tiempo escribí un artículo para el sitio digital Cubadebate1 sobre el abordaje callejero del que son víctimas muchas mujeres por parte de hombres. La historia estaba basada en experiencias propias y narraba un tipo de acoso al que fui sometida en pleno día, mientras esperaba una guagua. Traté, a través de la vivencia, de colocar en debate un asunto harto conocido socialmente.

Imaginemos que estamos en medio de una selva y somos parte de un equipo de investigación científica que estudia el comportamiento de un grupo de leones. Desde una pequeña elevación observamos que el jefe de la manada da vueltas, marcando el espacio, la hembra en celo, el trozo de carne que muchos otros felinos aspiran a tragarse. La escena pone de manifiesto el poder del más fuerte. Sería exagerado pretender trasladarla mecánicamente al universo humano.

El pasado 15 de junio se celebró el Día Mundial contra el Acoso y Maltrato a las personas de la tercera edad. A propósito, me puse a reflexionar, como profesional de la Psicología y la Sexología, a partir de tantas quejas y malestares que recibo en consulta y en el propio intercambio con personas en esta etapa de la vida, acerca de la necesidad de continuar promoviendo el conocimiento de los derechos y posibilidades de vivir una sexualidad plena y placentera en estas edades.

Información adicional