Desde hace algunas décadas, diversas organizaciones no gubernamentales buscan aunar esfuerzos para contribuir a neutralizar, disminuir y hasta eliminar, si fuera posible, la violencia que existe hacia personas lesbianas, fays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) en el contexto general y particular de las instituciones educativas. El anhelo de construir una sociedad inclusiva y sin discriminación es compartido tanto dentro como fuera de Cuba. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en función de promover, respetar y garantizar el pleno derecho a la educación de estas personas. Se conoce que adolescentes y jóvenes LGTBI son cuatro veces más propensos a suicidarse que las y los heterosexuales, debido a la violencia que sufren en las instituciones educativas, situación que frecuentemente se refuerza por la falta de apoyo en sus familias.

En el caso de las mujeres, la violencia estructural se refleja mejor en el concepto de dominación, algo que va más allá de lo económico. Se trata de una violencia de género derivada del lugar que ellas ocupan en el orden económico y de poder hegemónicos. El que la estructura de la propiedad y de los salarios sea desigual, cobrando menos las mujeres por trabajos iguales a los de los hombres; que la pobreza en el mundo tenga rostro de mujer –la feminización de la pobreza–, es violencia estructural contra ellas. También lo es que el poder con mayúsculas, responsable de la toma de decisiones importantes que atañen a las vidas de hombres y mujeres, esté sesgado a favor de los hombres. Ellos son quienes ocupan los cargos importantes, las presidencias de los gobiernos, las jefaturas de las iglesias, los puestos dirigentes de la mayoría de las instituciones y corporaciones del mundo[1].

Mucho se ha escrito y discutido acerca de la violencia de género. Pareciera que eso contribuye a la claridad sobre su origen, características y manifestaciones; sin embargo, al tratarse de un problema social cuyo origen está determinado por construcciones culturales patriarcales legitimadas históricamente, se invisibiliza y naturaliza perversamente su esencia, lo que dificulta su disección y desmontaje en el tejido social.

Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones han permitido una democratización gradual de los medios, lenguajes y plataformas comunicativas. También han devenido espacio para la expresión plural y activa al alcance de todas las personas. ¿Es esto cierto?, tal vez, pero no tanto… Cada vez son más las investigaciones realizadas en Cuba con respecto a los medios de comunicación y lo sexistas que estos suelen ser. Sin embargo, la mayoría de estas pesquisas se ha centrado en la televisión o las propuestas audiovisuales, pero no tanto en Internet o los espacios digitales.

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