En el contexto cubano, la política de prevención se encuentra avalada y fundamentada, desde el punto de vista ideológico, por los principios éticos de la Revolución, lo que se expresa en el diseño y desarrollo de políticas sociales concretas. Estas tienen el fin de garantizar las relaciones sociales y armónicas, cohesión e integración de proyectos individuales y colectivos que articulen el desarrollo social sobre el consenso socio ideológico.

No obstante, la prevención requiere, además, de una regulación jurídica que en Cuba se deriva, en primera instancia, de la Constitución de la República, donde se refleja la promoción por el Estado de la formación integral de los ciudadanos, en especial de la niñez y de la juventud, mediante las garantías y derechos que les confiere a todos.

Múltiples han sido los esfuerzos desde las ciencias sociales para impulsar propuestas participativas, dialógicas y que generen un sentido de identidad y compromiso en las organizaciones laborales. A ello se une los acelerados procesos de cambio y reordenamiento económico que vive el sector empresarial productivo y de servicios en nuestra sociedad, marcando una dinámica que se enfoca con más fuerza en la rentabilidad, en elevar los niveles de ingresos y garantizar así un flujo en su gestión, que tribute a elevar la calidad de vida y el bienestar subjetivo de los individuos.

La planificación familiar, de manera general, se considera como “el conjunto de acciones, que una persona lleva a cabo para determinar el tamaño y la estructura de su familia, el conjunto de decisiones que toma y las prácticas que realiza en torno a su reproducción”[1]. Sin embargo, este proceso que, en última instancia, tiene lugar a nivel individual, involucra las múltiples interrelaciones que se producen también en la toma de decisiones a nivel macro social y en el contexto social próximo en que los seres humanos desarrollan su vida cotidiana.

A inicios del presente año tuvo lugar en el Hotel Nacional el panel “Desafíos actuales para la atención integral y prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas en Cuba”. Esta actividad, convocada por el Centro de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”, permitió que un grupo de colegas, personas expertas en la materia, expusieran sus consideraciones al respecto. Lo planteado por ellos me ayudó de manera significativa a organizar mis criterios sobre los procesos que se vienen desarrollando en el país en relación con estos objetivos, algunos de los cuales he tenido la posibilidad de vivir en carne propia por algo más de una década de trabajo profesional.

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