El problema de la violencia contra las mujeres y las niñas causa incalculables daños y sufrimientos en todo el mundo, a la vez que permanece como problemática todavía invisibilizada, como resultado de la cultura patriarcal que tiene la intencionalidad de perpetuarse como sistema social cuya esencia es la exclusión y la dominación. A esta realidad no escapa la sociedad cubana, en la cual funcionan todavía mitos en torno a este tema que llevan a considerar como un grupo vulnerable a aquellas personas que presentan alguna discapacidad y sobre las cuales se habla poco o casi nada.

Múltiples han sido las teorías, polémicas y estrategias de respuestas en torno a la prostitución. Sin embargo, esta vez se sugiere una mirada poco usual, anclada desde los feminismos poscoloniales latinoamericanos y caribeños. Se trata de un posicionamiento que permita (de) construir enfoques, prácticas cotidianas e imaginarios sociales sobre el tema. Valdría cuestionarse por qué son precisamente estos feminismos el punto de partida en el análisis. La respuesta a tal interrogante distingue la posición contrahegemónica que los define como: "Una metodología revolucionaria para la despatriarcalización de la vida cotidiana hasta la letra"[1].

El ámbito de las relaciones sexuales y el contexto en que se producen develan estrategias de poder y control sustentadas en normas sociales que buscan mantener el orden patriarcal. Responder a las interrogantes de cuándo, con quién, dónde, por qué y en qué condiciones tienen lugar las primeras experiencias sexuales coitales y su continuidad ofrece pistas acerca de valores culturales que sostienen las desigualdades subyacentes a este evento.

Para adentrarnos en esta reflexión sería bueno hacerlo desde el cuestionamiento sobre si la violencia es simplemente dar golpes a una persona. Durante mucho tiempo se consideró que esta era la única forma de violencia. Sin embargo, diferentes investigaciones antropológicas, sociológicas, psicológicas y jurídicas, han demostrado que existen otras manifestaciones que constituyen una amenaza para la dignidad humana y aun para la vida. Es por eso que todo análisis integral de la violencia debe empezar por definir las diversas formas que esta adopta, con el fin de facilitar su medición científica.

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