La conmemoración del Día Internacional para la Eliminación de Violencia contra la Mujer fue resultado inicial de un acuerdo tomado por las participantes en el 1er Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se llevó a cabo en Bogotá en 1981 y aceptó la solicitud de la delegación de República Dominicana para rendir homenaje, de esa manera, a las hermanas Mirabal: Minerva, Patria y María Teresa y con ellas a las muchas mujeres en el mundo víctimas de la violencia en todas sus formas. La fecha fue reconocida en 1999, en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), como el Día Internacional de no más Violencia Contra las Mujeres, enmarcado dentro de la campaña de las Naciones Unidas por los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

Existen determinadas conductas que portan contenidos muy discriminatorios, pero a menudo se esconden bajo “cortinas inofensivas” y, por ello, quedan fueran del radar de la norma jurídica que suele sancionar estos actos. Generalmente, pasa también que estas “discriminaciones” han sido naturalizadas en la sociedad y son pasadas por alto. Es evidente que no basta un texto constitucional, ni nuevas legislaciones para lograr la inclusión real de todas las personas.

Hace unos meses, en su primer Informe Nacional sobre la Implementación de la Agenda 2030, Cuba reconoció por primera vez la incidencia en 2016 de 0,99 femicidios por 100.000 adolescentes y mujeres de 15 y más años. Por su parte, la Encuesta Nacional de Igualdad de Género 2016 (ENIG 2016) , realizada por la la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) y la Federación del Mujeres Cubanas (FMC), reveló que el 26,7 por ciento de las mujeres entrevistadas afirmó haber sido objeto de violencia en los 12 meses anteriores a la encuesta. 1

La referencia del término juventudes pretende enfatizar la diversidad e irrepetibilidad de quienes integran la adolescencia y la juventud como etapas que concentran a las personas entre 15 y 30 años, décadas en la que suceden innumerables transformaciones biológicas, pero también psíquicas y sociales. Estas últimas implican la relación con personas adultas, sean familiares, educadores, entre otras que tienen a su cargo la formación de la juventud.

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