La falta de instrumentos legales efectivos en el tratamiento de la violencia machista es un tema recurrente entre especialistas, activistas y personas sensibilizadas con este problema social en Cuba.
Aun cuando hay consenso respecto a que no se emplean suficientemente las normas disponibles, cada vez más voces se pronuncian a favor de una ley especial o específica sobre violencia de género, que supere el campo sancionador penal y abarque la prevención, protección y reparación a las víctimas, entre otros aspectos.

Toda conversación que busque adentrarse en cómo ha contado la violencia de género el proyecto sociocultural Palomas y qué lecciones han dejado esas historias a su impulsora, la realizadora cubana Lizette Vila, pasa necesariamente por la palabra justicia.

La violencia machista encarna en maltratos, vidas aniquiladas, silencios y miedos que se enquistan en la sociedad. En el oriente cubano, diversos actores sociales reconocen y trabajan para frenar este problema social.

El mapa de proyectos de transformación y activismo social contra la violencia machista se diversifica en Cuba mientras varias experiencias encuentran en la articulación una vía para amplificar sus impactos.
La Jornada Cubana por la no Violencia hacia las mujeres, celebrada en la provincia Granma del 4 al 8 de diciembre, propició el encuentro de activistas, proyectos y articulaciones de varias zonas del país y permitió conocer de cerca las experiencias que se desarrollan en esa provincia, a 661 km de La Habana.

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