Sara Más




Aunque no faltan quienes identifican formas muy sutiles de violencia en su vida diaria, en Cuba muchas personas la siguen asociando, únicamente o en primer lugar, con acciones físicas muy evidentes, lo mismo dentro que fuera del hogar.

Por Marta María Ramírez

El modelo de masculinidad hegemónica es un obstáculo para el tratamiento eficaz de la violencia en todas sus variantes y para la prevención del VIH/sida, concluyeron expertos reunidos del 20 al 24 de noviembre en la jornada Rompamos el Silencio: por un modelo integral de atención a la violencia intrafamiliar, organizado por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).
“No podemos prevenir el VIH/sida si no reorientamos nuestra mirada hacia los temas de diversidad, masculinidad y violencia”, dijo a SEMlac Luis Balseiro, gestor del proyecto de comunicación sobre sexualidad, Comunisex, con sede en la residencia estudiantil universitaria de 12 y Malecón, en La Habana.
Para Balseiro, el trabajo excede la promoción del uso del condón en la isla, donde ya se reconoce como único método para evitar la transmisión del VIH/sida.

Por Dixie Edith

Aunque las leyes en Cuba consideran como agravante, en caso de maltrato, la existencia de parentesco entre la víctima y el agresor, cada vez más especialistas son partidarios de una legislación específica para enfrentar la violencia doméstica.
Según la definición aprobada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), en 1994, en Beijing, se considera violencia contra las mujeres cualquier acto de ese tipo basado en su condición de género, que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico.

Anita intenta sonreír. Tras la mueca se esconden los recuerdos de las repetidas ocasiones en las que su padrastro abusaba de ella: “Si no me dejas tocarte, mato a tu mamá”, escuchó una y otra vez sin quejarse, sin decirle nada a nadie.

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