Por Dalia Acosta

Han pasado más de 30 años del último día en que su madre le puso la mano encima. Carlos ya no se parece al adolescente rebelde que era entonces, se pasa la vida buscando amor, pero no soporta el simple roce de las manos de su madre.
"A veces protesta y me dice: ¡hijo! Pero yo no puedo sentir su mano, ni siquiera su cercanía. Siempre pienso que me va a pegar. Es una sensación más fuerte que cualquier otro sentimiento", confiesa a SEMlac este cubano, de 43 años, víctima desde muy pequeño de la violencia materna.
"No sé cuando empezó, ni sé porqué tenía que ser así, ni siquiera si había un motivo especial. Sólo sé que los golpes aparecen en toda la memoria de mi infancia. Terminó, el día que tuve las fuerzas suficientes para agarrarla por las dos manos y no dejarla que me tocara", afirma.
A pesar de haber nacido y crecido en medio de la violencia, Carlos rompió todos los esquemas y no reprodujo el ciclo. Hoy se reconoce un hombre "pacífico", evade cualquier ambiente agresivo, puede pasarse horas mirando el mar y necesita de la ternura como del aire que respira.
Por Sara Más

En las familias cubanas coexisten formas violentas de relaciones interpersonales, con expresiones que van desde el maltrato psicológico hasta conductas violentas extremas, como el castigo físico, revelan varios estudios sociológicos.
"Quienes integran el grupo familiar son susceptibles de manifestar conductas como agresores y agredidos en diferentes momentos", aseguran Yohanka Valdés y Silvia Padrón, investigadoras del Centro de Estudios Psicológicos y Sociológicos (CIPS) del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
En ello influyen los intereses individuales o grupales, las situaciones coyunturales que enfrenta la familia, la etapa del ciclo vital en que se encuentre y las historias personales de cada quien, explicaron las estudiosas la pasada semana durante el VI Taller Internacional Mujeres en el siglo XXI, que cada dos años organiza en la capital cubana la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana.
Valdés y Padrón expusieron algunos resultados de estudios del CIPS que, desde la década anterior, han explorado directamente o indirectamente el tema.
"El control y sometimiento de otros constituye el móvil que estimula la violencia en gran parte de estas familias, sobre todo, porque se desconocen o no se practican otras formas de interacción que protejan los derechos individuales sin desestimar los deberes y responsabilidades de cada parte en las actividades grupales", señalaron.
Por Virginia Díaz-Argüelles

Una de cada 10 familias cubanas vive la violencia intrafamiliar, dice a SEM la psicóloga Isabel Louro, master de la Escuela Nacional de Salud Pública.
"Los diferentes grados, niveles y concepciones de la violencia familiar dependen de las creencias, normas y valores de cada país", agrega la especialista al comentar los resultados del estudio Comportamiento de la violencia intrafamiliar, publicado en la revista cubana de Medicina Familiar.
La investigación fue realizada en 1999, en el policlínico Dr. Manuel Fajardo Rivero, en la ciudad de La Habana, con una muestra de 100 familias.
La célula fundamental de la sociedad no está exenta de prácticas violentas tampoco en la isla caribeña y la que ocurre puertas adentro de la casa se considera también parte de violencia social.
Todo parece indicar que la lucha de poder en la familia ha convertido a sus integrantes en agresores o agredidos. El fenómeno incluye no sólo al maltrato físico, que puede llevar a la muerte, sino también formas más sutiles.
Entre otras habituales están el leer cartas o documentos de amigos, familiares o hijos, oír conversaciones telefónicas, no responder al saludo, gritar a otros, humillar y ridiculizar a los hijos o descuidarlos en su atención.
Por Sara Más

Factores relacionados con la familia y los conceptos de género parecen incidir más de lo que la gente supone en la ejecución de actos de violencia, en particular el maltrato infantil, y también podrían tenerse en cuenta en posibles acciones para evitarlos, según expertos cubanos.
El predominio femenino de las víctimas y el masculino de los perpetradores, así como ciertos comportamientos en la dinámica familiar apuntan a que estos aspectos tienen una influencia notable en los casos de violencia infantil en la isla, aunque no son los únicos.
De acuerdo con estudios hechos en la capital cubana durante los últimos diez años, los perfiles del abuso sexual a menores de 16 años apuntan al predominio de las niñas con 10 años de edad como promedio y a hechos que ocurren en los lugares habituales donde ellas desarrollan su vida cotidiana, muy frecuentemente su propio hogar.
Los abusos, en mayoría, suelen ser "perpetrados por conocidos o familiares, cada vez más cercanos en sus vínculos de afinidad o familiaridad", señalan en un artículo el psiquiatra Ernesto Pérez y la psicóloga Ileana Rondón, especialistas del Departamento de Peritación Mental del Instituto de Medicina Legal, en La Habana.

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