La referencia del término juventudes pretende enfatizar la diversidad e irrepetibilidad de quienes integran la adolescencia y la juventud como etapas que concentran a las personas entre 15 y 30 años, décadas en la que suceden innumerables transformaciones biológicas, pero también psíquicas y sociales. Estas últimas implican la relación con personas adultas, sean familiares, educadores, entre otras que tienen a su cargo la formación de la juventud.

En su primer Informe Nacional sobre la implementación de la Agenda 2030, Cuba reconoció por primera vez la incidencia en 2016 de 0,99 femicidios por 100.000 adolescentes y mujeres cubanas de 15 y más años. El documento también afirma que el número de muertes ocasionadas por su pareja o ex pareja han disminuido entre 2013 y 2016 en 33 por ciento.
Mientras, la Encuesta Nacional de Igualdad de Género, aplicada en 2016 en todas las regiones del país, arrojó que en los 12 meses previos a la indagación, 26,7 por ciento de las mujeres sufrieron violencia en el seno de la pareja y 39,6 por ciento en algún momento de su vida. Estos y otros datos parecen abrir un camino para estadísticas de este tipo en el país.
Para dialogar sobre este tema y sus posibles impactos y desafíos en los estudios y la prevención de la violencia de género, No a la Violencia invitó a tres profesionales de diferentes perfiles y áreas del conocimiento. Esta vez responden a nuestras interrogantes la investigadora María del Carmen Franco Suárez, subdirectora del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI); la Doctora en Ciencias Clotilde Proveyer Cervantes, socióloga y profesora de la Universidad de La Habana, y la periodista Mayra García Cardentey, directora de la revista Alma Mater y activista por la No Violencia de Género.

La Plaza Carlos III, un concurrido centro comercial de la capital cubana, resultó el lugar escogido este sábado 17 de agosto para un “performance” que visibilizó las creencias y actitudes de las personas asociadas a polémicos temas como el piropo, la manera de vestir o la opinión de estos sobre el acoso sexual callejero.

Un mensaje amenazante, evidencias de una lesión física y el apoyo de testigos son piezas clave para llevar a la justicia la violencia machista, por lo que especialistas en Cuba convocan a fomentar una cultura jurídica que apoye a las víctimas en estos procesos.

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