Puestos de frente a la construcción cultural de su masculinidad y las inequidades, desigualdades y violencias que esta implica para las relaciones de género, no pocos hombres cubanos confiesan que se han redescubierto como personas.

Por Dixie Edith

La imagen de un violador desconocido y amenazante no es compatible con los victimarios más comunes en casos de abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes, según resultados de investigaciones realizadas en Cuba.

El profesor Jorge Peláez Mendoza, máster en Ciencias y Especialista de II Grado en Obstetricia y Ginecología, aseguró a SEMlac que, si algo se aprende al entrar en contacto con casos de abuso sexual contra personas menores de edad es que, generalmente, "son crónicos y la mayoría de los abusadores suelen ser conocidos o familiares de las víctimas".

Por Sara Más

La fuerza de la tradición, historias familiares mezcladas con maltrato y los estereotipos sexistas parecen estar detrás de no pocas conductas de los hombres que actúan violentamente contra las mujeres, según indican varios estudios parciales y la práctica cotidiana en esta nación caribeña.
Especialistas y expertos sostienen que todo acto de violencia implica una relación de dominio y subordinación, basada en un desequilibrio de poder. La que se ejerce contra las mujeres, también llamada violencia de género, “está ligada al poder masculino a escala social, en virtud del patriarcado como sistema de dominación”, asegura Clotilde Proveyer, profesora de la Universidad de La Habana.
“La cultura patriarcal, como construcción social del patriarcado, continúa marcando de manera desigual e inequitativa las relaciones entre los géneros, lo que determina, en esencia, que perviva la dominación masculina a escala social”, asegura Proveyer en su artículo “Nombrar lo innombrable: la violencia sutil en la relaciones de pareja”.

Por Raquel Sierra
Después de años de silencios y desencuentros, de sexo obligado, de intentos por mejorar las relaciones, de callar el maltrato para no dañar la imagen del padre ante sus hijos y hasta de golpes, dijo “no más”. Esta mujer, que bien pudiera llamarse Marta o Susana, consiguió salirse del círculo de la violencia, y lo hizo con la frente en alto.

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