Por Raquel Sierra

Juana Fausto pasa en estos días por un infierno. A su casa, en una populosa barriada de La Habana, donde vive acompañada solo por el televisor, entró una familia de  guayabitos (pequeños ratones), la peor de sus pesadillas. Uno de sus hijos emigró; el otro, por exceso de trabajo, no ha tenido tiempo de ir a socorrerla de la plaga.
“Estoy sola, no tengo quién me ayude”, dice, en medio de una depresión que la dejó en la cama por más de un día, huyéndole a los dos roedores que se atreven a ir del cuarto a la sala en plena luz del día. Sin saberlo, es víctima de una de las formas que adopta el maltrato en la tercera edad: olvido y desatención. Un hecho que, por desconocimiento, algunas personas no consideran como tal.

Por Dixie Edith

Considerada por expertos la forma de violencia intrafamiliar más extendida en Cuba, la agresión psicológica alcanza con frecuencia a adolescentes y jóvenes, aunque en muchas ocasiones no puedan identificarla.
Patricia Rodiles, una estudiante de noveno grado del municipio capitalino de 10 de Octubre, es uno de esos casos.

Un auditorio abrumadoramente femenino, muchas caras jóvenes, pocos hombres comprometidos, un mar de asientos vacíos… los ecos de la violencia hacia las mujeres en Cuba encuentran tropiezos a la hora de  pretender salir de los espacios académicos y la conmemoración de fechas como el Día internacional contra la violencia de género.
El Aula Magna de la Universidad de La Habana (UH) acogió a escasos interesados en el acto central por el día que recuerda el asesinato de las hermanas Mirabal, tres dominicanas que lucharon contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Tras el triunfo de la revolución cubana, las mujeres se incorporaron a la esfera pública y gozan de igualdades de derecho, pero los maltratos y agresiones de la cultura patriarcal persisten, sobre todo en las sutilezas de los controles y las presiones psicológicas.

Por Dixie Edith

Enseñar a las mujeres a identificar y enfrentar la violencia de género es imprescindible a la hora de desarrollar labores de prevención frente al VIH/sida.
A golpe de silencios lo aprendió Damaris Rondón, ama de casa de 37 años, residente en Yara, municipio de la provincia de Granma, a unos 750 kilómetros al este de La Habana.
“Mi mejor amiga se infectó con el sida hace tres años, después de llevar más de 10 casada con el que era su novio desde la secundaria. Él tenía otra relación y no se protegía. Me asusté mucho y le dije a mi esposo que teníamos que usar condón. Estuvo más de un mes sin hablarme ni venir a dormir a la casa”, confesó a SEMlac.
“Hoy vivo en un temor permanente porque, aunque él me dice que no tiene otras parejas, yo no estoy segura y no nos estamos protegiendo”, se lamentó.

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