La jornada de 16 días de activismo social contra la violencia de género, que este año abarcará del 25 de noviembre al 10 de diciembre, pondrá énfasis en el impacto que ese flagelo tiene sobre las mujeres desde el punto de vista físico, reproductivo, sexual, emocional y de salud social.
Bajo la frase "Por la salud de las mujeres, por la salud del mundo: no más violencia", la jornada de este año también busca destacar la interrelación existente entre violencia contra las mujeres y la pandemia del HIV/Sida, destaca una información difundida por Rima, la Red de Información de Mujeres de Argentina.
En el ámbito de la investigación actual crece la tendencia a llamar la atención sobre la asociación entre la violencia contra las mujeres y el HIV/Sida. La violencia y el temor a la violencia limitan la capacidad de las mujeres para prevenir la transmisión del virus y compromete su acceso a una gama de servicios, incluyendo pruebas y tratamientos. Además las mujeres, a menudo, experimentan una violencia aun mayor cuando están infectadas o perciben que pueden estarlo.
Por Iliana Artiles de León
Licenciada en Psicología y Pedagogía, master en Sexualidad.

En la actualidad están vigentes muchos obstáculos que no nos permiten ver la necesidad de actuar, de manera inmediata, en la implementación de políticas públicas, en el campo de la atención integral a la violencia intrafamiliar.
En lo particular, me adscribo a los presupuestos citados por el psicoterapeuta argentino, especialista en varones y parejas y director del Centro de la Condición Masculina de Madrid, Luis Bonino.
Los estudios de Bonino parten de la visibilidad social de la víctima y la invisibilidad del victimario, cuestiones que hemos comprobado en el contexto cubano, mediante las investigaciones que, por más de 10 años, ha desarrollado el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) de Cuba.
Pensar que son pocas las mujeres que sufren la violencia, que este es un fenómeno individual y que, por tanto, la sociedad no es responsable, es banalizar el problema.
Los patrones culturales adjudican roles de poder y de dominio a los hombres y de subordinación a las mujeres, por lo que es necesario identificar y develar estas asimetrías sociales en las relaciones de género para sortear el obstáculo de considerar la violencia como un problema individual y, en consecuencia, privado.
Por Mareelén Díaz Tenorio, master en Ciencias Sociales
Especialista del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, adjunto a la Universidad de La Habana.

Hace casi una década comenzaron en Cuba investigaciones, acciones y estrategias relacionadas específicamente con la violencia en las familias. Si se mira al horizonte, cualquiera puede avizorar un largo y ancho camino por recorrer con muchas incertidumbres. El presente, en cambio, ofrece “archipiélagos de certezas” (al decir del filósofo francés Edgar Morín), sobre los cuales edificar un mejor futuro. Dos de esos archipiélagos reconozco por sus valores y potencialidades: las investigaciones que aportan aproximaciones a la caracterización del fenómeno en el contexto cubano (aún cuando quede mucho por estudiar), y la sociedad cubana, que constituida a través de una amplia estructura de instituciones y dispositivos sociales, contiene la potencialidad de encausar una estrategia global con alternativas de atención, tratamiento y prevención.
Investigaciones recientes del Grupo de Estudios sobre Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) apuntan cinco rasgos que caracterizan la violencia en las familias en el contexto cubano contemporáneo, en cuanto a extensión, diversidad, condicionantes, circularidad e invisibilidad.
En relación con la extensión, no es posible marcar límites en tanto no existen estadísticas o encuestas nacionales que ofrezcan un mapa más orientador. Sin embargo, en todos los territorios donde se han realizado estudios, se ha constatado su presencia.
Por Sara Más

Elevar la valoración de sí mismas y su satisfacción e independencia personales son acciones que ayudan a las mujeres maltratadas a romper el ciclo de la violencia doméstica para poder salir de esas situaciones, con apoyo especializado, han comprobado especialistas en Cuba.
Profesionales de diversas disciplinas que atienden casos de este tipo en Bayamo, ciudad a 733 kilómetros al este de la capital cubana, sostienen que muchas veces las víctimas del maltrato se sienten incapacitadas de romper por sí mismas la dinámica de la violencia y necesitan, por tanto, la ayuda de terceras personas.
"Han establecido una relación de dependencia emocional que, en ocasiones, desemboca en trastornos psicológicos y problemas de salud, pues la ruptura de la relación propicia en ellas sentimientos de angustia y frustración", aseguran la socióloga María de los Ángeles Chávez y la psiquiatra Raida Rodríguez.
En su investigación "Comportamiento de la Conducta Autodestructiva en Mujeres Violentadas, atendidas por la Casa provincial de Orientación a la Mujer y la Familia en la provincia Granma", ambas autoras reconocen la presencia de la violencia doméstica en sus diversas manifestaciones.
Entre estas incluyen la descalificación, la humillación delante de los hijos u otras personas, las restricciones a su libertad, así como el excesivo control y posesión.

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