Por Sara Más

Su existencia no ha seguido una línea recta, pero tampoco es un camino sin final. Se equivocó una vez, cometió un delito y fue privado de la libertad, pero ahora encamina su vida.
"No me da pena decirlo porque cualquiera comete un error, lo importante es rectificarlo", dice Dolvis Espinosa, un joven de 33 años que reside en la oriental ciudad de Bayamo, a 733 kilómetros de la capital cubana.
Junto a él están Tailí, una muchacha de 32 años que ya dejó atrás un pasado vinculado a la prostitución y estudia ahora enfermería; Jorge Luis, un albañil de 35 que trabaja infatigablemente en la construcción; Aleida, una mujer trabajadora, madre preocupada por sus hijas, quien también de cierto modo intenta recomponer sus días…
Por Dalia Acosta

Todavía le cuesta reírse, hablar con una persona extraña, contar su historia. Tiene 27 años, dos hijos y hace apenas cuatro o cinco meses que logró separarse de su esposo y poner fin así a la cadena de violencia que la ha perseguido desde la niñez.
No dice su nombre y es mejor no preguntárselo. Aunque ya tiene trabajo en un laboratorio del sistema de salud, gana un salario decoroso y recibe ayuda. Esta mujer de la ciudad de Pinar del Río, a 140 kilómetros de la capital de Cuba, no lleva marcas visibles pero aún no logra superar "los golpes que le dio la vida".
Todo se convirtió en un infierno el día en que, apenas con 8 años, vio morir a su madre aplastada por un camión de basura. Después de eso, dejó la escuela en sexto grado y "tuvo que estar con hombres" para criar a su hermano más pequeño. "Si no lo hacía, se me iba a morir", cuenta ahora a SEM.

La sección Convergencia del servicio mensual de SEMlac No a la Violencia ha invitado al debate sobre la Violencia Doméstica, por su importancia en la sociedad civil cubana, a la master en sexualidad Iliana Artiles, vicedirectora del Centro Nacional de Educación Sexual y responsable de su grupo de investigaciones para esta temática, a la psicóloga Nery Lázaro y al especialista en medicina legal, Aquilino Santiago.

Por Sara Más

El niño es todo movimiento; sus manos no paran mientras juega con el muñeco de peluche, pero escasamente levanta la cabeza y habla en tono muy bajo.
Cerca, en la misma habitación alfombrada, limpia y colmada de juguetes para escoger, un hombre le habla con calma y confianza. Poco a poco pasan las primeras tensiones y el niño responde a sus preguntas, le cuenta un secreto muy bien guardado: le dice todo lo que le hizo su amigo, el vecino, más de una vez, a unas puertas de su casa.

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