Especialistas e investigadores aseguran que es la forma más común de manifestarse la violencia en nuestras vidas. Sin embargo, del maltrato emocional o psicológico apenas se habla o se minimiza frente a otras expresiones más agresivas y cruentas.
La realidad es que, conceptualmente hablando, las personas suelen admitir que la violencia psicológica existe, como también la física, la sexual o la económica, aunque no siempre se reconozcan a sí mismas como víctimas o victimarios.
Al estudio y explicación de ese fenómeno, especialmente en el contexto rural, se ha dedicado por varios años la psicóloga Dunia Ferrer Lozano, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santa Clara, ciudad al centro de Cuba, 270 kilómetros al este de La Habana.
No puede ofrecer una fórmula concluyente para vencer la violencia, pero los años que lleva adentrándose en el asunto, desde la realidad de su comunidad, llevan al doctor cubano Luis Fonticiella Padrón a asegurar que "la violencia es, sobre todo, el fracaso de la inteligencia".
Fonticiella vive en El Condado, un barrio de la periferia de la ciudad de Santa Clara, unos 270 kilómetros al este de La Habana, donde la gente se conoce y se saluda por la calle y donde, históricamente, se fueron acumulando problemas sociales, económicos y de insalubridad.
Colaborador de la Casa de Orientación a la Mujer y a la Familia desde que fuera creada allí por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), hace más de 15 años, este médico dirige, además, el Centro municipal de información y es coordinador de la Sala de análisis de situación de salud y calidad de vida.
Master en psicología social del Instituto de Medicina Legal de Cuba hace más de 15 años, Iliana Rondón suma a su experiencia cotidiana su participación en las investigaciones realizadas, desde 1991, sobre el abuso sexual infantil en esta isla del Caribe.
Todavía se le quiebra la voz y se le enturbian los ojos al recordar los casos en que se ha visto involucrada como médico legista. Pero de algo está segura: sólo la buena comunicación con los menores y la educación sexual desde edades tempranas podrán ayudar en la prevención del abuso sexual infantil.
Margarita Hanzlik no puede hablar desde el podio de una renombrada academia cubana sobre los prejuicios a los que aún se enfrentan las mujeres que, como ella, viven con VIH (virus de inmunodeficiencia adquirida, causante del sida) en esta isla del Caribe. Sin embargo, toda su experiencia la puso en función de crear, hace unos cinco años, el primer equipo de ayuda mutua para mujeres seropositivas y sus parejas, con sede en la Iglesia de Monserrat de la ciudad de La Habana, para luchar contra los estigmas y contribuir a la prevención del VIH/sida.
En la actualidad se desempeña como coordinadora del área de mujeres de la Línea de personas que viven con VIH/sida en el municipio de Centro Habana, uno de los más poblados de la capital cubana, y dirige un grupo de mujeres seropositivas, de reciente diagnóstico.
En Cuba son los hombres que tienen sexo con hombres los más afectados por la pandemia. Como muchos de ellos tienen, además, relaciones con mujeres, comienza a verse un incremento de la infección entre ellas.

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