Por Sara Más

Factores relacionados con la familia y los conceptos de género parecen incidir más de lo que la gente supone en la ejecución de actos de violencia, en particular el maltrato infantil, y también podrían tenerse en cuenta en posibles acciones para evitarlos, según expertos cubanos.
El predominio femenino de las víctimas y el masculino de los perpetradores, así como ciertos comportamientos en la dinámica familiar apuntan a que estos aspectos tienen una influencia notable en los casos de violencia infantil en la isla, aunque no son los únicos.
De acuerdo con estudios hechos en la capital cubana durante los últimos diez años, los perfiles del abuso sexual a menores de 16 años apuntan al predominio de las niñas con 10 años de edad como promedio y a hechos que ocurren en los lugares habituales donde ellas desarrollan su vida cotidiana, muy frecuentemente su propio hogar.
Los abusos, en mayoría, suelen ser "perpetrados por conocidos o familiares, cada vez más cercanos en sus vínculos de afinidad o familiaridad", señalan en un artículo el psiquiatra Ernesto Pérez y la psicóloga Ileana Rondón, especialistas del Departamento de Peritación Mental del Instituto de Medicina Legal, en La Habana.

"Cuando subí, el ómnibus estaba lleno de personas. El maletín que traía conmigo le molestó a un hombre. Comenzamos a discutir y cuando la guagua (ómnibus) se detuvo, bajamos y nos pegamos fuerte. Yo caí al suelo y me golpee la cabeza contra el piso. Después no sé qué pasó".

Así cuenta a SEM Alberto Pacheco, luego de salir del hospital donde estuvo ingresado, en estado de coma, durante 12 días. La pelea que tuvo dentro y fuera del bus, en la capital cubana, le provocó una contusión cerebral.

El transporte en La Habana es un problema serio desde hace varios años. Trasladarse de un lugar a otro por cuestiones de trabajo o estudio resulta punzante para la mayoría de la población capitalina.

Los ómnibus demoran a veces horas entre uno y otro, la aglomeración de individuos distingue las paradas (puntos donde se recoge el pasaje) y los autobuses viajan atiborrados de personas.

La crisis proviene, principalmente, de los problemas causados por la desaparición del campo socialista, de donde venían casi todos los repuestos y unidades de transporte. Hoy ya se comienzan a recibir de otros países, pero la recuperación es lenta.
La violencia generada por el comportamiento explosivo de los cubanos en las guaguas no sólo pudiera tener como causa los problemas económicos, sino también una mala educación proveniente del hogar.

Las cifras son como un secreto bien guardado, pero frecuentemente corren por las calles rumores de hechos de sangre, asaltos, riñas y otros episodios de violencia social.

Son como tormentas tropicales: llegan sin anunciar. En una aparentemente tranquila noche de sábado, olvidados los hábitos de pasear ese día, algunas familias se disponen a mirar las películas de la televisión, mientras otras prefieren el descanso.

De repente, gritos crecientes rompen la calma. Un joven, armado con un palo, sale de su pasillo, golpea el pavimento y le reclama a un conocido que de la cara.

Al escándalo nocturno se suman varios vecinos hasta conformar un espectáculo parecido al de la película de acción del televisor. En este round, la sangre no llega al río, pero los contrincantes se disparan palabras no aptas para oídos de menores.

Los curiosos regresan a casa, una persona sensata conversa con el muchacho de 18 años y todo parece volver a la normalidad. Pasada media hora, cuando algunos pensaron conciliar nuevamente el sueño, comienza un segundo episodio, que concluye con la llegada de la patrulla policial.

Cuando las jornadas son apacibles, y sólo se escuchan voces bajas y el trinar de algunos gorriones, hasta se llega a olvidar que la tranquilidad puede ser abruptamente interrumpida.

La violencia, ya sean peleas callejeras, maltratos públicos, ajustes de cuenta por asuntos mal saldados, altercados en el transporte público, gritos o palabras obscenas para hacer prevalecer la razón, o discusiones por una paloma "extraviada", es hoy día un ingrediente común de la sociedad cubana.

Por Dalia Acosta

La promoción de políticas de equidad entre mujeres y hombres durante más de cuatro décadas ha colocado a las cubanas en una posición ventajosa frente a otras latinoamericanas y caribeñas, pero no las libró de las más disímiles manifestaciones de la violencia de género.
¿Cuál es la situación real en Cuba? ¿Hay un conocimiento de esta problemática que permita su enfrentamiento? ¿Qué se está haciendo y qué más puede hacerse? ¿Son verdaderamente menos violentadas las cubanas que las mexicanas, dominicanas o peruanas?
Las preguntas estuvieron presentes de alguna manera en cada una de las intervenciones realizadas durante un panel organizado el 4 de diciembre por el sistema de las Naciones Unidas (ONU) en Cuba, como parte de la campaña internacional 16 días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres.
"He vivido en ciudades de América Latina donde, para las mujeres, es un peligro caminar por las calles después de las seis de la tarde. Con esa experiencia, es un gusto trabajar en Cuba", confesó Susan Mcdade, coordinadora residente del sistema de la ONU en La Habana.
Aunque las estadísticas de muertes violentas no son de dominio público en la isla, se conoce que la mayoría de las cubanas que fallecen víctimas de la violencia lo hacen en el hogar. La amenaza del feminicidio, creciente en países vecinos como México y Guatemala, permanece ausente en esta isla del Caribe.

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