Por Ilse Bulit

Noche de sábado. Reunión de amigos profesionales. Ahora la rodean a ella, indagando. Fue entrevistada en la televisión por su último éxito investigativo. Su esposo sonríe y escucha en silencio. Su mirada es más fría que el cubito de hielo que menea su dedo en el vaso con ron.
Otra mujer, otro hombre, idéntico proceder: con alegría, ella entra en el hogar. Corre al dormitorio en busca del esposo. Lo abraza, mientras le grita un "¡me publicarán mi tesis!". El pronuncia un inaudible "felicidades".
En apariencia, la vida continuará su ritmo normal en ambas parejas. El recogerá al niño en la guardería, irá al centro comercial en busca de la leche y hasta podrá ayudarla en la limpieza general del fin de semana. Sin embargo, una minúscula grieta se ha abierto entre estas parejas.
La falta del reconocimiento de sus alcances intelectuales daña a la mujer en su dignidad humana. Es un golpe traidor que no deja huellas en el cuerpo, es un puñal invisible bien dirigido a la mente y los sentimientos femeninos.
Descartamos aquí a los esposos que colocan trabas materiales al crecimiento individual de la mujer. Estos repiten frases conocidas, con toques al corazón: "los niños te necesitan", "¿qué será del hogar?", "primero, yo haré mi doctorado". Estos son más explícitos, porque provocan la confrontación y exigen definiciones rápidas.
Los otros continuarán siendo admirados en su barrio por la ayuda prestada a su cónyuge. Y, si la sutil discriminación de él cobra primeros dividendos, ella podrá sentirse hasta culpable.
Por Dixie Edith y Raquel Sierra

La violencia contra la mujer constituye aún un problema social en Cuba y la preocupación de los distintos actores sociales debe ser cada vez mayor, recomendó la doctora en Sociología Clotilde Proveyer, durante un panel celebrado por la Cátedra de la Mujer, de la Universidad de La Habana, el 24 de noviembre.
La jornada conmemoró los 15 años de vida de la cátedra, una de las instituciones académicas desde donde se producen regularmente estudios acerca de la violencia intrafamiliar y las acciones de este colectivo dentro de la jornada mundial de lucha contra el flagelo.
Proveyer, profesora de la Universidad de La Habana, fundadora de la cátedra y miembro del Grupo de Trabajo Nacional para la atención y la prevención de la Violencia intrafamiliar en Cuba explicó que en la isla es necesario visualizar más el fenómeno en la sociedad y también desarrollar nuevas estrategias de prevención y atención.
"La violencia intrafamiliar no distingue edades, niveles educativos, ni grupos socioeconómicos. Cuando la violencia irrumpe en la familia suele convertirse en un hecho cotidiano", caracterizó Proveyer.
Investigaciones sostienen que el uso de la fuerza para imponer formas de ser y actuar, y para refrendar la autoridad, se sustenta en las inequidades y discriminaciones que se dan en las relaciones entre hombres y mujeres, y entre generaciones, las cuales adoptan múltiples formas.
El panel precisó que muchas de las formas que adquiere la violencia contra la mujer, como la mutilación genital, el tráfico de mujeres, el infanticidio femenino, el acceso diferencial a los alimentos o el control coercitivo sobre la reproducción no se practican en Cuba.
Por Dixie Edith

Aunque las leyes en Cuba consideran como agravante, en caso de maltrato, la existencia de parentesco entre la víctima y el agresor, cada vez más especialistas son partidarios de una legislación específica para enfrentar la violencia doméstica.
Según la definición aprobada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), en 1994, en Beijing, se considera violencia contra las mujeres cualquier acto de ese tipo basado en su condición de género, que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico.
Las estadísticas disponibles en la isla aún no son abundantes, pero sí está reconocida la existencia de violencia intrafamiliar en todas sus gamas, con predominio de la psicológica y de la emocional.
Sin embargo, un estudio de los abogados Idalia Martiatu y Julio Perojo, de la provincia de Matanzas, a poco más de 100 kilómetros de la capital, cuestiona lo que llaman falta de especificidad de la legislación cubana a la hora de sancionar delitos asociados con ese mal.
En concreto, alegan que en el Código Penal no existe un reconocimiento legal a la existencia de la violencia intrafamiliar en particular y contra la mujer en general.
Si "el hecho de golpear a una persona no trae como consecuencia lesiones que requieran tratamiento médico, no es considerado delito, sino una contravención del orden público", advierten Martiatu y Perojo.
Por Sara Más

No muestran ningún sentimiento de culpa, por el contrario, los hombres agresores se consideran víctimas y personas maltratadas e incomprendidas por sus parejas sobrevivientes de violencia doméstica, reveló un estudio en la capital cubana.
Una evaluación cualitativa realizada en La Habana por la abogada Silvia García Méndez de la Fiscalía General de la República, identificó a los agresores como personas propensas a desconfiar e inculpar a los demás, con tendencia a los arranques de ira, al poco reconocimiento de culpa, superficialidad manifiesta en los afectos e inclinación a minimizar los hechos cometidos y su responsabilidad en los actos de agresión.

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