Por Dalia Acosta

La promoción de políticas de equidad entre mujeres y hombres durante más de cuatro décadas ha colocado a las cubanas en una posición ventajosa frente a otras latinoamericanas y caribeñas, pero no las libró de las más disímiles manifestaciones de la violencia de género.
¿Cuál es la situación real en Cuba? ¿Hay un conocimiento de esta problemática que permita su enfrentamiento? ¿Qué se está haciendo y qué más puede hacerse? ¿Son verdaderamente menos violentadas las cubanas que las mexicanas, dominicanas o peruanas?
Las preguntas estuvieron presentes de alguna manera en cada una de las intervenciones realizadas durante un panel organizado el 4 de diciembre por el sistema de las Naciones Unidas (ONU) en Cuba, como parte de la campaña internacional 16 días de Activismo contra la Violencia hacia las Mujeres.
"He vivido en ciudades de América Latina donde, para las mujeres, es un peligro caminar por las calles después de las seis de la tarde. Con esa experiencia, es un gusto trabajar en Cuba", confesó Susan Mcdade, coordinadora residente del sistema de la ONU en La Habana.
Aunque las estadísticas de muertes violentas no son de dominio público en la isla, se conoce que la mayoría de las cubanas que fallecen víctimas de la violencia lo hacen en el hogar. La amenaza del feminicidio, creciente en países vecinos como México y Guatemala, permanece ausente en esta isla del Caribe.
Por Raquel Sierra

Abraza a su niño como si quisiera protegerlo de todo. Todavía está lejano el día en que deba decidir si contarle o no que, durante un tiempo, ejerció lo que llaman la profesión más vieja del mundo.
Yoendry tiene 27 años. Por estos días anda de rubia. Habla sin pelos en la lengua y no tiene reparos en compartir su historia como prostituta. Mientras, Dayton Delvis, de un año y dos meses, se estruja los ojos, alejando el sueño.
"Mi niñez fue apacible, junto a mi mamá, mi padrastro y mi hermano. Hice la primaria y la secundaria con buenos resultados", dice, al mirar su vida pasada.
"Después del noveno grado estudié servicio gastronómico. Primero trabajé como camarera y luego en un centro recreativo", agrega.
Hasta ahí, nada indicaba que la vida de Yoendry, del municipio de Cumanayagua, en la sureña provincia cubana de Cienfuegos, podría tener un cambio brusco.
"Me casé en Cienfuegos, la capital provincial, con un muchacho que practicaba la religión cristiana. Creí haber encontrado la felicidad, pero todo terminó en seis meses. Fui víctima de mentiras, traiciones y de violencia", relata.
La jornada de 16 días de activismo social contra la violencia de género, que este año abarcará del 25 de noviembre al 10 de diciembre, pondrá énfasis en el impacto que ese flagelo tiene sobre las mujeres desde el punto de vista físico, reproductivo, sexual, emocional y de salud social.
Bajo la frase "Por la salud de las mujeres, por la salud del mundo: no más violencia", la jornada de este año también busca destacar la interrelación existente entre violencia contra las mujeres y la pandemia del HIV/Sida, destaca una información difundida por Rima, la Red de Información de Mujeres de Argentina.
En el ámbito de la investigación actual crece la tendencia a llamar la atención sobre la asociación entre la violencia contra las mujeres y el HIV/Sida. La violencia y el temor a la violencia limitan la capacidad de las mujeres para prevenir la transmisión del virus y compromete su acceso a una gama de servicios, incluyendo pruebas y tratamientos. Además las mujeres, a menudo, experimentan una violencia aun mayor cuando están infectadas o perciben que pueden estarlo.
Por Iliana Artiles de León
Licenciada en Psicología y Pedagogía, master en Sexualidad.

En la actualidad están vigentes muchos obstáculos que no nos permiten ver la necesidad de actuar, de manera inmediata, en la implementación de políticas públicas, en el campo de la atención integral a la violencia intrafamiliar.
En lo particular, me adscribo a los presupuestos citados por el psicoterapeuta argentino, especialista en varones y parejas y director del Centro de la Condición Masculina de Madrid, Luis Bonino.
Los estudios de Bonino parten de la visibilidad social de la víctima y la invisibilidad del victimario, cuestiones que hemos comprobado en el contexto cubano, mediante las investigaciones que, por más de 10 años, ha desarrollado el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) de Cuba.
Pensar que son pocas las mujeres que sufren la violencia, que este es un fenómeno individual y que, por tanto, la sociedad no es responsable, es banalizar el problema.
Los patrones culturales adjudican roles de poder y de dominio a los hombres y de subordinación a las mujeres, por lo que es necesario identificar y develar estas asimetrías sociales en las relaciones de género para sortear el obstáculo de considerar la violencia como un problema individual y, en consecuencia, privado.

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