Mientras Cuba y el mundo enfrentan la crisis de salud provocada por la Covid-19, las estadísticas referidas a la violencia de género van en ascenso. Las medidas de aislamiento tomadas en muchos países impactan directamente en el incremento de este fenómeno. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas, en un mensaje reciente a todos los gobiernos, exhortó a convertir la prevención y reparación de este tipo de casos en parte vital de los planes de enfrentamiento a la nueva enfermedad. Para acercarnos a este tema, No a la Violencia dialogó con las sociólogas Magela Romero y Clotilde Proveyer, y con la psicóloga Yohanka Valdés.

Entre las deudas históricas que deben saldar y replantear los nudos feministas en Cuba[i], están las que se corresponden con las violencias simbólicas. La construcción histórica de la imagen femenina está hilvana por varios hitos y la belleza se lleva el gran premio. Como trofeo, se alza el cabello: preferiblemente caucásico, lacio, largo. Esos son los cánones que han determinado, por décadas, el discurso de la feminidad, la belleza y la sexualidad, entre otros atributos.

Las violencias de género no son un asunto solo personal, también se trata de un problema estructural, político, cultural, aseguró la investigadora Ailynn Torres Santana casi al cierre de este febrero, en un espacio de reflexión convocado en La Habana por la Cátedra Gertrudis Gómez de Avellaneda, del Instituto de Literatura y Lingüística.

Cuando hablamos del mito del amor romántico, nos referimos a la manera en que se ha construido un ideal del amor, entendido como la unión perfecta de dos personas, la complementariedad, la exclusividad, la pasión eterna, entre otras creencias. Estas creencias perpetúan una idea del amor como espacio de control, legitiman los celos y naturalizan la dependencia. Pero, ¿cómo se perpetúa este mito desde la comunicación? Para dialogar sobre este asunto, No a la Violencia invitó a la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio, especialista del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), y las periodistas Lirians Gordillo, de la revista Muchacha y Ania Terrero, de Cubadebate.

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