Aunque la vida se ha hecho muy difícil para casi todas las personas desde marzo, cuando comenzó la pandemia de la covid-19 en Cuba, a Moraima le está yendo "mucho peor".
Así lo asegura esta mujer de 48 años de edad, que no revela su nombre real y accede a contar parte de su historia, un verdadero calvario iniciado antes de la pandemia.

Entre las muchas situaciones reveladas por la Covid-19 en el mundo está la agudización de las desigualdades económicas y sociales, incluidas las brechas de género y la violencia machista resultado del dominio patriarcal.

"En tiempos de pandemia, en situaciones de aislamiento como el que estamos viviendo, la casa se vuele un espacio mucho más peligroso para las mujeres que sufren situaciones de violencia", reitera la socióloga cubana Clotilde Proveyer Cervantes.

Por estos días en que la Covid-19 ha puesto en posición de jaque al mundo, en aislamiento obligatorio en algunos casos y autoconsciente en otros, está a prueba la capacidad de una sociedad como la nuestra, que por esencia es resistente portadora de un gen camaleónico patriarcal, donde las mujeres nos llevamos el premio gordo. Es un hecho que el trabajo doméstico es feminizado, sumándole a los malabares de la recarga resultante, la situación de confinamiento y los intentos de hacer economías domésticas con pocos recursos, en esa legendaria labor asignada de cuidar, alimentar, proveer y multiplicar. No se afectan de igual manera hombres y mujeres en estos casos, situación que se agrava en tiempos de pandemia. Y vuelvo una vez más a las mujeres, porque son más vulnerables, es en ellas donde más inciden y reproducen los índices de desigualdad humana y de inequidad de género.

Cuando la pandemia de la Covid-19 comenzó a expandirse por el mundo, en enero de 2020, hubo un proceso sincrónico: el estrepitoso aumento de la violencia hacia mujeres y menores en los espacios domésticos.

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