Siempre que se impone una relación sexual a otra persona, contra su voluntad, estamos en presencia de violencia sexual. Las víctimas pueden ser mujeres, niñas, niños, adolescentes, personas de diferente orientación sexual o identidad de género. Puede estar incluida la violación infligida por un desconocido, un conocido o por la propia pareja. Si bien este es uno de los tipos de violencia más reconocidos, no siempre se comprenden todas sus manifestaciones, ni se valora en su totalidad como un problema en nuestro país. Para dialogar sobre este fenómeno y sus posibles estrategias de atención, No a la Violencia invitó a tres profesionales de diferentes perfiles y áreas de desempeño: la antropóloga Leticia Artiles, la psicóloga Beatriz Torres, presidenta la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), y el jurista Lázaro Ramos, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

La existencia de tres espacios para la atención, orientación y acompañamiento a víctimas de violencias de género en Santiago de Cuba revela avances y retos en la respuesta integral a la violencia machista en esa provincia cubana.

Las mujeres embarazadas no están exentas de las violencias de género. A pesar de los programas estatales y cuidados prenatales, especialistas y embarazadas en Cuba reconocen expresiones diversas de maltrato.

La violencia machista teje una compleja madeja que afecta a las mujeres rurales. Distintas formas de maltrato se acentúan y solapan en una cultura patriarcal que continúa sosteniendo la subordinación femenina. Más allá de las lesiones físicas, existe una falta de bienestar y estrés estrechamente relacionados con la cultura patriarcal y la violencia machista. Es por ello que la psicóloga Marien González Téllez, investigadora en la provincia Las Tunas, insiste en relacionar salud con contexto social y cultura patriarcal.

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