El hogar es un espacio íntimo, privado, donde ocurren muchas formas de violencia de género que a menudo permanecen ocultas, invisibles. Es también el caso del maltrato que ocurre en el trabajo doméstico, un espacio laboral generalmente poco formal, donde los contratos de establecen de manera verbal y escasean las protecciones. Entonces, para muchas mujeres, mayoría entre quienes hacen este tipo de trabajo, el silencio se convierte en la solución más recurrente y quedan aisladas y desprotegidas.

El pasado año 2018 marcó el momento en que los fundamentalismos religiosos en Cuba amplificaron su presencia en las redes sociales y medios de comunicación, con sus posturas y discursos agresivos, homofóbicos y machistas. Pero desde mucho antes la presencia de estos sectores en la sociedad cubana ha preocupado a personas de fe comprometidas con la justicia social y los derechos humanos.
Aquilatar el alcance de los fundamentalismos religiosos en la nación del Caribe pasa también por las violencias machistas que sufren las mujeres de fe. Para la pastora Izzett Samá Hernández, no se trata de un enfrentamiento contra los grupos fundamentalistas, por eso convoca a “producir, brindar propuestas alternativas, crear dentro y fuera de las iglesias espacios de reflexión”.

Patrones de educación aún muy discriminatorios y sexistas, junto a fallas en la comunicación entre los principales actores del proceso docente –estudiantes y sus familias, maestras y maestros-, son caldo de cultivo para la ocurrencia de violencia escolar, coinciden resultados de investigaciones en Cuba.

Reconocer y visibilizar las violencias machistas, además de transformar los imaginarios sociales que las sostienen, son algunos de los propósitos de la Jornada nacional por la no violencia hacia las mujeres y las niñas, que este año llegará a nueve de las 15 provincias cubanas.

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