Si en lugar de ir los hombres por la calle acosando a las mujeres, fueran ellas quienes se acercaran y los conminaran con frases directas sobre su físico y atractivo sexual, ¿se vería bien?, ¿sería correcto?

La necesidad de ambientes de trabajo más seguros e inclusivos para las mujeres lesbianas —en tanto es el contexto laboral donde sufren mayor violencia y acoso— es uno de los principales reclamos de una propuesta de campaña comunicativa dirigida hacia este grupo poblacional.

A la violencia que la sociedad patriarcal les impone a las mujeres por su condición de género, se suman para lesbianas, bisexuales, intersex, trans y personas con cuerpos feminizados, las consecuencias de transgredir lo pautado por la sociedad como lo “mejor” y “natural”: la heteronormatividad.

La comprensión de la violencia de género como problema social es cada vez más reconocida y la necesidad de combatirla se impone no solo entre especialistas y autoridades, sino también en el imaginario social. Sin embargo, estas percepciones no alcanzan aún las convicciones necesarias para la actuación transformadora de esa realidad de manera integral.

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