Tras la brújula de la participación social

[15-12-2011]

Los cuidados a la salud de la población necesitan de una mayor participación social e implicación de las personas en los procesos sociales que viven, señalan profesionales de diversas especialidades.

“Cuando se busca un modelo de participación en Cuba, se piensa casi siempre en los servicios de salud, pero no se suele analizar si la comunidad realmente participa junto al personal médico y de esos servicios”, consideró la doctora Silvia Martínez Calvo, profesora de la Escuela Nacional de Salud Pública, al intervenir en Letra con Vida, un encuentro mensual que sesiona en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, en la capital cubana para reflexionar sobre la cultura de la salud.

La doctora en Medicina reconoció los aportes y resultados del modelo cubano de salud que, con el apoyo de la población, ha logrado y mantenido indicadores de países desarrollados sin una economía de este tipo y bajo los efectos de múltiples carencias y crisis económicas.

Con algo más de 11 millones 200.000 habitantes, la isla posee una esperanza de vida al nacer de 77,97 años y muy bajos niveles de reproducción, según datos del último Anuario Estadístico de Salud, de 2010.
La tasa cruda de mortalidad general de la isla es de 8,1 por mil habitantes, con 4,5 fallecidos menores de un año por cada mil nacidos vivos y una tasa de mortalidad materna de 43,1 por cada 100.000 nacidos vivos, indica esa fuente.

La nación caribeña ha logrado erradicar enfermedades como la poliomielitis, el paludismo, el tétanos neonatal, la difteria, el sarampión, la tosferina o la desnutrición infantil, entre otras, esfuerzo detrás del cual han funcionado sistemáticas campañas de vacunación realizadas conjuntamente con la población.

Pero, como soporte de esos resultados, la doctora Martínez Calvo no identificó la existencia de una participación activa de la población, sino de una acción colaboradora de la comunidad y sostenida por muchos años. “Estoy esperando que los servicios me digan cómo tengo que trabajar. Nos hemos conformado con que las personas utilicen los servicios, que es solo el primer grado de participación”, acotó.

Para la psicóloga Cecilia Linares Fleites, investigadora del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, “una de las dimensiones más importantes de la participación social es, precisamente, la posibilidad de que la ciudadanía logre involucrarse en la toma de decisiones, en la gestión del espacio público”.

Ello supone una gestión local articulada, con suficiente descentralización y autonomía, disponibilidad y gestión de recursos, posibilidades de un ambiente flexible de asociación y expresión, canales visibles de participación y construcción de soluciones, entre otros factores para potenciarla.

“También la necesidad de lograr una cultura de participación, que conlleva derechos, pero también obligaciones y responsabilidades”, acotó.

Estudiosa de estos temas en el ámbito de la cultura, la también profesora universitaria consideró que, más allá de conceptos y denominaciones diversas, la participación social, como proceso activo, es un “elemento vital para la institucionalidad democrática” y “para que el desarrollo no sea impuesto, sino construido por los propios sujetos que operan los cambios”.

Sin embargo, tanto en el ámbito de la salud como en otros, la tendencia general en la sociedad cubana  ha sido la de colocar a ciudadanos y ciudadanas como beneficiarios de  programas que están elaborados hasta el mínimo detalle, describió.

“Se decide que las personas disfruten de ese programa, que ya es un nivel de participación importante y no desechable, que garantiza una serie de espacios de igualdad”, consideró la investigadora.

Según explicó, ese disfrute se acompaña de la petición a esa población beneficiaria para que colabore y apoye, “pero muy pocas veces se ha convocado a la ciudadanía a establecer en el espacio local otros niveles de participación que no sean el colaborativo y de beneficiario; y que sí tengan que ver, precisamente, con los procesos de gestión, planificación, desarrollo de políticas y estrategias de vida”, agregó Linares Fleites.

Inmersa en un proceso de actualización del modelo económico, que igualmente alcanza al sector de la  salud, la isla caribeña apuesta actualmente por el fortalecimiento de la gestión  local, que necesita de un cambio a ese nivel, mayor articulación, implicación y participación de las personas.

“Es un momento que no podemos dejar pasar, si no queremos estancarnos en la medicalización que nos ha consumido”, sostuvo la doctora Martínez Calvo.

Partidaria de que la cubana es, desde el punto de vista de la salud, “una sociedad muy medicalizada, donde la gente depende del doctor y lo ve como curador y recuperador absoluto de su salud”, la doctora sostiene que el ideal y los determinantes, en ese caso, no debiera tener que ver tanto con el número de médicos, sino con acciones como el autocuidado y la corresponsabilidad individual y social.

“Hemos multiplicado el escenario tecnológico y no hemos atendido el escenario ecológico, la autorresponsabilidad, la salud comunitaria y colectiva, los deberes en salud”, reflexionó.

En ese camino, abundan los ejemplos de pruebas médicas, controles de salud y acciones epidemiológicas que han quedado solo en manos de las autoridades estatales y de salud, prácticamente ajenas de la decisión e interés de la población, que debiera ser la mayor interesada.

“Es lo que sucede a veces con la prueba citológica: ves a la enfermera y al médico corriendo detrás de la paciente para que se haga el examen, casi la persigue como una meta que tiene que cumplir, y ella apenas se interesa por acudir al consultorio, ni se preocupa a veces por conocer el resultado”, comentó a SEMlac una enfermera de una policlínica de la capital.

Similares son algunas vivencias del pediatra Mario Jesús Casas López, quien se ha vinculado de algún modo a programas de intercambio con estudiantes de diferentes niveles de enseñanza a quienes les hicieron, entre otras, la siguiente pregunta: ¿quién es el responsable de cuidar por tu salud?

De un total de 28, solo dos respondieron que ellos mismos; ocho responsabilizaron a sus  padres y al médico de familia, y el resto identificó exclusivamente a este último. “Colocan su propio cuidado en manos de otras personas, en lugar de asumirlo ellos mismos”, comentó.

Esos casos, como otros que expuso al plenario, denotan que “en la formación de la juventud muchas veces falta su participación activa sobre lo que ellos quieren y su posible proyecto de vida”, señaló el especialista.

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Sara Más

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