Las mujeres cubanas dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas en el hogar, donde se mantiene la división sexual del trabajo, reconoce la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG) 2016.

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Con su trabajo hacen posible la vida de sus familias y propician que otras personas, de otras familias, hagan la suya.
Las empleadas domésticas, con paga y sin ella, siguen teniendo en sus manos la llave de la conciliación familiar y laboral. Limpian, cocinan, friegan, planchan, cuidan, educan, suministran medicamentos y hacen de todo para que la vida en casa no sea un caos y transcurra lo mejor posible, en su devenir cotidiano, para muchas personas.

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El trabajo doméstico y de cuidados se sigue abriendo paso en el sector privado en Cuba como oferta laboral remunerada, según se amplía el empleo no estatal y son insuficientes las ofertas estatales de cuidado, constatan sondeos periodísticos y la vida cotidiana.

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La carencia de servicios de apoyo a las tareas hogareñas y de una infraestructura que aligere el trabajo doméstico constituye uno de los retos más grandes que enfrenta hoy la sociedad cubana en busca de la igualdad real entre mujeres y hombres, coinciden especialistas.
Para María Rosa Vaquero, profesora universitaria jubilada y residente en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo, esa afirmación concuerda de manera bastante exacta con sus lamentos cotidianos desde hace varias décadas.

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Martes, 16 Agosto 2016 04:42

Mujeres en el cuidado sin fin

Sea con pago o sin él, en casa propia o ajena, las cubanas siguen haciendo la mayor parte del trabajo de cuidado que es vital para la vida y la economía, aunque ese esfuerzo suele transcurrir invisible a la vista social y en las cuentas nacionales.

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La idea de escribir estas reflexiones surgió alrededor del Día Internacional de la Mujer. Una jornada que se utiliza, en muchas partes del mundo, para homenajearlas y rendirles culto por la labor que realizan a diario, la cual pasa generalmente inadvertida al ser considerada, según los preceptos de la cultura hegemónica patriarcal, parte de su esencia (“el deber ser”). De igual modo, esta fecha constituye un marco ideal para armar nuevas tribunas y reclamar, desde el feminismo, los derechos de las mujeres visibilizando las consecuencias nefastas que el sistema de dominación machista trae aparejadas para el bienestar de estas y el peligro que este representa para su propia existencia.

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Los cambios y tensiones que han vivido trabajadoras cubanas constituyen materia prima para varios cineastas de la isla. Un recorrido por filmes de factura nacional así lo atestiguan.

“El cine cubano ha demostrado ser un documento de época y en él podemos encontrar desde las variaciones que ha tenido el habla y la vestimenta en Cuba, hasta los cambios en las relaciones, el comportamiento humano y la participación de las mujeres”, declaró la ensayista Zaida Capote Cruz a SEMlac.

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Más independencia laboral y una mejor economía personal y familiar son las grandes ventajas que identifican varias mujeres cubanas tras haberse empleado en el sector no estatal, en pleno incremento desde 2010 en el país.

Pero a la lista de beneficios también añaden la de costos y sacrificios: menos descanso y tiempo libre para disfrutar del fruto de su trabajo.

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El proceso de actualización del modelo económico y social apuesta por el aumento de la eficiencia y la productividad. Sin embargo, esta favorable proyección, que responde a la implementación del programa de los lineamientos económicos y sociales aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en febrero del 2011, no distingue los diferentes aportes que hacen mujeres y hombres por el desarrollo económico del país.

La equidad de género desde la economía requiere de una mirada diferente, obligada a incorporar al análisis nuevos conceptos que visibilicen el trabajo doméstico y de cuidado que realizan, principalmente, las mujeres; y a explicar la relación de dependencia entre el trabajo remunerado y el trabajo no remunerado.

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Por Sara Más/ Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

El trabajo que se produce en los hogares sigue subvalorado social y económicamente, no se le llama trabajo, pocas veces se paga, abarca muchas facetas imprescindibles de la vida y sigue recayendo, sobre todo, en las mujeres.
"Si yo tuviera que pagarle a una persona por lavar y planchar, a otra por limpiar y a una tercera por hacer la comida, los dos salarios que entran a esta casa no alcanzarían para pagarles lo que ahora yo hago, sin cobrar un centavo", asegura Carmen Suárez, residente en la capital cubana.
Suárez está consciente de que contratar esos servicios es un lujo que su familia no puede darse, aunque ella y su esposo trabajan como profesionales. "Pero igual hay que alimentarse, vestirse y tener salud para vivir", señala.
También reconoce que a veces recibe la ayuda de su compañero y su hijo en algunas labores, como compra de comida, mandados, tareas de mantenimiento y otras; pero el peso y organización de la vida doméstica, el día a día, recae en ella.
Cuando a pedido de SEMlac hace la lista de sus ocupaciones -por las que cobra y las que no-, este es el resumen: auxiliar de contabilidad asalariada y…lavandera, cocinera, limpiadora, planchadora, educadora escolar, costurera, repostera, administradora de recursos y cuidadora de enfermos totalmente gratuita en casa.
"Parezco una mujer orquesta", concluye asombrada mientras enumera y va marcando cada oficio con los dedos de sus manos. "Y puede que olvide algo", acota finalmente.

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