Más allá de ausencias o rupturas, el fenómeno migratorio supone también un drama para toda la familia, sujeta a los cambios temporales o definitivos que se derivan de este movimiento, transforman e impactan sus dinámicas y provocan una reestructuración de roles.

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Para vivir en La Habana, la holguinera Marta Casal debió deshacerse de casi todos sus bienes y pedir a su yerno 2.000 CUC (equivalente a 2.000 dólares), que junto al monto por la venta de su casa natal en Holguín, a 740 kilómetros de la capital cubana, le alcanzaron para comprarse un apartamento.

"Quería estar más cerca de mi hija mayor, que vive en La Habana desde que se casó, hace siete años, porque tan lejos no podía ayudarla con su embarazo", explicó a SEMlac la costurera de 51 años.

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Lunes, 07 Julio 2014 19:59

Mujeres rurales buscan otros caminos

Las migraciones desde el campo hacia las ciudades en Cuba tienden a feminizarse, confirman especialistas. Para frenar el éxodo se necesitan intervenciones integrales para el desarrollo local, pero bien ajustadas a cada comunidad concreta.

Sentada en su pequeña salita del barrio de San Juan, al centro de la ciudad de Bayamo, a poco más de 760 kilómetros de la capital cubana, nada apunta a que Mysladys Duvergel, una cubana de 47 años, vivió la mayor parte de su vida en un paraje impresionante de la Sierra Maestra, el principal macizo montañoso del oriente cubano, muy lejos de cualquier civilización citadina.

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Las cubanas fueron menos activas en la migración interna durante 2013, aunque se mantienen como mayoría en la población urbana en el país caribeño, arrojan datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) publicados la pasada semana.

De las 63.996 personas que en Cuba se movieron de sus provincias de origen el pasado año, el 49,9 por ciento eran mujeres, revelan cifras del Anuario Estadístico de 2013.

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Aunque no son mayoría entre quienes se trasladan dentro del país, las cubanas sí están en el centro de ese fenómeno que los demógrafos llaman migraciones internas.
Ofelia Domínguez nunca se ha cambiado de hogar. Desde que nació, hace 54 años, sólo ha dejado en dos ocasiones su natal Florida, en la oriental provincia de Camagüey, para ir de visita a casa de su hija en la capital. Sin embargo, conoce de migraciones.
“Tuve cinco hijos, dos hembras y tres varones. La mayor es bióloga y trabaja en un centro científico en La Habana. Los varones mayores andan por Villa Clara y Matanzas (provincias del centro), trabajando en comunicaciones y en el turismo. La que les sigue se fue detrás del esposo para Santiago de Cuba y sólo me queda David, el más chiquito.”

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Por Raquel Sierra / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla." target="_blank">Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

En una mirada a las familias en la Cuba de 2012 resultaría raro encontrar aquellas no marcadas por un fenómeno complejo, de escala mundial, de causas, impactos y dimensiones múltiples: la migración internacional, que demanda mayor articulación entre la sociedad, las leyes y los intereses de las personas.
En una tendencia que se inició en los años treinta del pasado siglo, hay cubanos y cubanas en todas las latitudes, la mayoría se han radicado en Estados Unidos o en Europa, aunque también muchos han ido a parar a sitios más lejanos como Sudáfrica y Australia.
De acuerdo con estadísticas oficiales, la comunidad cubana residente en el extranjero ronda actualmente 1,7 millones de personas.
Los desplazamientos internacionales, atados por regulaciones estatales en proceso de estudio para su actualización desde hace años, provocan impactos tanto en quienes emigran como en los que permanecen en la isla.

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La nueva comunicación para el co-desarrollo debe llevar a primer plano, como protagonistas, a las personas migrantes y entre ellas a las mujeres, aseguró la española Inmaculada Saranova de Martín al intervenir en la primera jornada del X Encuentro Iberoamericano de Género y comunicación, realizado en la capital cubana del 23 al 25 de mayo.

La experta se refirió al contexto actual, en el cual el neoliberalismo económico ha dado lugar a una globalización cultural, social y comunicativa sin precedentes, cuya fuerza reside, precisamente, en el monopolio del control del lenguaje y del discurso.
"Los medios son un instrumento para la circulación del discurso hegemónico; sin embargo, también pueden ayudar a combatir estas situaciones desde una perspectiva crítica y con una voluntad de cambio", señaló Saranova de Martín antes de adentrarse en una nueva propuesta de comunicación que llama para el co-desarrollo.

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