Lunes, 02 Agosto 2010 16:06

Cuando llega el mar

Por Sara Más / Foto: Randy Rodríguez Pagués

Si anuncian una posible penetración del mar en la costa norte del litoral habanero, aunque sea leve o moderada, Teresa Muñoz Gutiérrrez no se confía.
Esa mañana, probablemente, ella interrumpirá su rutina habitual y no se irá a las aulas de la Universidad de La Habana, donde imparte clases como profesora de la Cátedra de Sociología, en la Facultad de Filosofía e Historia. Un pensamiento decidirá que se quede en casa, y lo declara en una sola frase: “hoy nos mojamos los pies”.
Así comienza una historia difícil que por horas, días o semanas, según sea la intensidad y nivel del mar, involucra a muchas personas que, como Muñoz, viven en la parte baja de El Vedado o un poco más allá, en el municipio de Centrohabana, justo frente al malecón de la capital cubana, una franja azotada eventualmente por las penetraciones del mar.

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Por Sara Más

Motivo de conflictos crecientes, la falta de agua potable es un asunto que afecta gravemente a millones de personas a nivel global, pero también puede implicar a muchas otras a nivel personal y local.
"Solemos ver la falta de agua como un peligro muy general y lejano, un problema que nos perjudica a todos los habitantes del planeta, pero ¿qué hago yo con la gota de agua que se escapa en mi casa?", se pregunta Minerva Cámara, profesora en Pinar del Río, provincia del extremo occidental de la isla.
De esa forma la pedagoga le habla a sus alumnos porque así cree que al menos logra influir en la responsabilidad personal, en el ámbito más inmediato: "si queremos contribuir a resolver este gran problema, debemos empezar por entender que tenemos que cuidar el agua en nuestras propias casas", les dice.

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El estudio reveló que las peores situaciones con el acceso al agua la viven los hogares encabezados por mujeres.

Por Raquel Sierra/ Fotos: Rady Rodríguez Pagés

Ernestina tiene 80 años, vive en la barriada del Cerro, en La Habana. Cada tarde, mientras su hijo trabaja, se sienta a velar cuándo llegará el agua al grifo. Entonces podrá bañarse, cocinar, fregar las vasijas del almuerzo y acopiar para el otro día. El agua dicta sus horarios.
En Los Sitios, otro barrio del centro de la capital cubana, Lisandra Puentes, de 24 años, sabe que, en días sin suministro de agua, lo mejor es demorarse bastante en la calle y hasta comer en casa de algún amigo.
"La falta de agua lo entorpece todo. Vives pendiente de cuánta queda para el baño, la cocina y hasta para lavarse los dientes. Hay mujeres que lavan de noche, que es cuando el líquido llega", comenta.
Las cifras publicadas en el Anuario Estadístico de Salud 2010 señalan que en Cuba 94,5 por ciento de la población tiene acceso a agua segura y 74,7 por ciento cuenta con conexiones domiciliarias. Sin embargo, la situación no es uniforme en todo el país y, aunque exista acceso y conexión, en ocasiones el agua escasea.

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Por Raquel Sierra / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Una joven se para en una azotea y, con los brazos muy pegados al cuerpo y la cara inclinada al cielo, recibe la lluvia. Esta imagen la capta una instantánea de la fotógrafa Leysis Quesada y se incluye en la muestra Agua… lo masculino y lo femenino, singular proyecto en el que exponen una veintena de artistas de la plástica en Cuba.
Inaugurada el 11 de octubre en el Museo Nacional de Bella Artes, en la capital cubana, esta nueva propuesta del Proyecto Palomas, que dirige la realizadora Lizette Vila, pretende "convertirse en un observatorio de reflexión, el ejercicio de un conocimiento a favor del desarrollo humano sostenible y sustentable, la esencia para crear una conciencia que contribuya a un civismo ecológico, desde la cultura del buen vivir".

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