Puerto Esperanza, una comunidad en clave de cambio

[11-01-2016]
Uno de los encuentros que, en torno a la violencia de género, reúne en Puerto Esperanza a mujeres y hombres de la comunidad. Uno de los encuentros que, en torno a la violencia de género, reúne en Puerto Esperanza a mujeres y hombres de la comunidad. SEMlac

Los días de Marlén Barreras dieron un vuelco inesperado hace unos cinco años, cuando escuchó hablar por primera vez de violencia de género en un taller de trabajo y descubrió que había vivido situaciones de ese tipo sin siquiera saberlo.

“Mi primer cambio fue ese, reconocerlo”, relata a SEMlac esta mujer de 45 años de edad, casada, madre de dos hijos e integrante actualmente del grupo gestor comunitario de Puerto Esperanza, municipio Viñales, en el occidente del país.

“Ni sabía que existía la violencia psicológica, fue la que más me impactó. Entendí muchas cosas que estaban mal en mi vida y me propuse empezar por mí: mejorar mi aspecto físico y mi forma de vivir”, agrega.

La Marlén de antes no se parece en nada a la de hoy, aseguran ella y varias personas que la conocen de toda la vida en aquel poblado pegado al litoral norte y que vive, sobre todo, de la pesca y la agricultura.

“Este es un pueblo pequeño, donde todas las personas se conocen. La gente aquí es muy sencilla, humilde, pero hay pocas opciones de empleo y predomina el alcoholismo”, asegura Barreras a SEMlac en una rápida descripción de la localidad de poco más de 6.900 habitantes.

Tras varios años sin trabajar ni obtener salario, dedicada en cuerpo y alma a su casa y su familia, esta educadora de círculos infantiles (guardería) se empezó a vincular a La Camorra, el proyecto sociocultural comunitario que allí coordina su primo Luis Miguel.

Desde hace más de tres años, esa experiencia cuenta con el acompañamiento del Centro de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR) y su programa de equidad social.

“El tema específico de la violencia de género lo enfocamos no solo desde la desigualdad que está en la base de este fenómeno, sino también desde un diagnóstico que ayude a identificar y visibilizar las diferentes manifestaciones de violencia en los territorios, con vistas a su atención y prevención”, explicó a SEMlac la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio, coordinadora del programa de equidad social de OAR.

Otra arista tiene que ver con articular actores, profesionales y personas en la comunidad, para que se formen en el tema y puedan dar apoyo y orientación a las mujeres maltratadas.

Todo ello forma parte de una experiencia de transformación social dirigida a promover equidad social, con énfasis en la equidad de género, y que en este poblado se materializa en la construcción de un círculo infantil.

La guardería se ha concebido como esencial para que las mujeres puedan incorporarse a la vida laboral, de modo que accedan a la autonomía económica y personal, pero acompañada de formación en temas de género e igualdad.

“Como en mi historia, hay muchas aquí que tienen sus hijos y no siguen sus estudios ni trabajan porque no tienen quién se los cuide”, precisó Barreras.

Diagnósticos realizados en Puerto Esperanza reportan a las mujeres entre los grupos vulnerables, por las dificultades que afrontan para acceder al empleo, la autonomía y la toma de decisiones en el ámbito doméstico y público, la existencia de violencia de género y de estereotipos sexistas.

Igualmente señalan déficits para la atención, cuidado y socialización de las personas ancianas, así como falta de espacios para el cuidado infantil y la recreación de la población joven.

Las acciones de sensibilización y capacitación se han enfocado, principalmente, a los temas de género, equidad, violencia, atención comunitaria a sobrevivientes del maltrato, masculinidades, prevención de la violencia sexual y equidad social, entre otros.

“También se han previsto los de educación preescolar, política tributaria cubana y administración para las mujeres que asumirán labores como cuentapropistas en el centro de cuidado infantil”, puntualizó la psicóloga Díaz Tenorio a SEMlac.

Para avanzar en la experiencia, se creó un grupo gestor amplio, integrado por mujeres protagonistas de la iniciativa de cuidado infantil, integrantes del proyecto sociocultural La Camorra, una trabajadora social, padres de familias beneficiadas por la iniciativa y OAR.

Lo conforman, además, representantes de la policía, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y funcionarios del gobierno, entre otras personas.

En la provincia Pinar del Río, donde se enclava Puerto Esperanza, funcionan 11 Casas de Orientación a la Mujer y la Familia que brindan servicios de orientación y acompañamiento sobre violencia y otros temas, a cargo de especialistas que colaboran con la FMC, única organización de mujeres del país, con alcance nacional.

Desde el espacio comunitario, Marlén Barreras ha sido protagonista y beneficiara de los cambiosDesde el espacio comunitario, Marlén Barreras ha sido protagonista y beneficiara de los cambios“La nuestra queda lejos, en Viñales, y a veces se hace difícil llegar por falta de transporte. A las mujeres que viven violencia les resulta difícil hablar de sus problemas y si además tienen que vencer esa distancia, es menos probable que lo hagan”, comenta Barreras.

Tania Herrera Chirino, funcionaria de la FMC provincial, aboga por seguir combinando la labor de esas instituciones con la que puede hacerse al interior de cada familia.

“Hay que transformar mentalidades y toda una cultura que no cambian de un día para otro”, apunta a SEMlac Herrera Chirino, partida de involucrar también a los hombres, partiendo de que el tema de la igualdad compete a todos.

Otra prioridad allí es sensibilizar a las mujeres para que visibilicen y reconozcan los distintos tipos de violencia y dejen de aceptarla como algo normal y natural, proceder que luego trasladan a sus hijos e hijas en el seno familiar.

“Mi tarea en el comité gestor es convocar; yo soy muy entusiasta y me gusta mucho mi trabajo”, asegura Barreras a SEMlac y adelanta que finalmente, cuando abra sus puertas el círculo infantil, ella podrá ejercer su profesión como educadora de círculos infantiles.

Se hará realidad, entonces, un momento de realización personal muy esperado por ella, como protagonista y beneficiara de esos nuevos aires que llegaron para siempre a su vida, dice, sin marcha atrás.

“Para conseguirlos hay que romper muchos tabúes”, aclara. “Estoy intentado un proyecto de vida diferente, que me está costando trabajo, pero lo voy a lograr”.

Además de indagar y conocer, lo que le ha permitido crecer como ser humano, Barreras reconoce que ha contado en el camino con gente valiosa que no le ha fallado nunca, con sus consejos y apoyos.

“Pero esa transformación no ocurre de la noche a la mañana, aunque es un proceso que te propones a ti misma como persona”, aclara Barreras, entusiasmada con la idea de verse trabajando, rodeada de niños, e involucrando a más mujeres en sus propios cambios.

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Sara Más

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