Muchas manos cambian el rostro a una comunidad

[22-01-2012]

Por Dixie Edith/Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Cuando todo parecía perdido para quienes habitan el municipio de Jesús Menéndez, en la oriental provincia de Las Tunas, a más de 660 kilómetros de la capital cubana, un proyecto de intervención múltiple, que actúa en paralelo en varios sectores de la vida social, económica y cultural, ha reanimado la cotidianidad del otrora batey azucarero.

Zoraya Pupo Martínez, especialista de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en ese municipio y parte del equipo coordinador de la iniciativa salvadora, contó a SEMlac que llegó un momento en que los habitantes del poblado, antaño llamado Chaparra por el ingenio azucarero que era la base económica del lugar, no sabían cómo seguir adelante.
“Nos preguntábamos cómo salir, cómo transformar la vida”, rememoró Pupo.
Nombrado Desarrollo socioproductivo concertado en Jesús Menéndez, el proyecto, por un monto de unos 694.000 pesos cubanos convertibles y con el apoyo de Oxfam, y de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (Aedi), comenzó a ejecutarse en abril de 2009 con el objetivo explícito de contribuir al desarrollo local y al proceso de reconstrucción del municipio.
Tras los duros embates de la crisis económica de la pasada década del noventa, el municipio de Jesús Menéndez experimentó hace 10 años la llamada reconversión azucarera, un proceso de transformación de la agroindustria cañera hacia otras producciones, que terminó con el cierre de más de la mitad de los ingenios del país.
Pupo y el resto de los habitantes del central  Chaparra fueron testigos del desmantelamiento de la fábrica de azúcar que hasta entonces había sido el centro de sus vidas.
Como si no bastara, en los primeros días de septiembre de 2000 el huracán Ike descargó su furia allí con resultados devastadores: más de 34.000 personas fueron evacuadas, casi el 80 por ciento de la población, por solo ilustrar con un dato.
“Cuando contamos los daños, además de los cultivos perdidos y los árboles caídos, 80 por ciento del fondo habitacional había sido severamente afectado”, precisó Pupo.
No solo se perdieron viviendas. La fuerza destructiva del meteoro derrumbó 13 escuelas de las 99 existentes, pero el resto tampoco se libró de sufrir  algún tipo de daño.

Impacto múltiple
“El proyecto llegó, entonces, con la intención de estimular el desarrollo local de manera integral, algo que no se había hecho nunca en esta comunidad”, evaluó Pupo.
Para lograrlo, sumó a actores locales diferentes: el gobierno municipal, la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), la de técnicos agrícolas y forestales (ACTAF) y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP); pero también la Universidad de Las Tunas desde su sede municipal, el Ministerio de la Agricultura (MINAG) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Las miras estaban puestas en la creación de capacidades para el desarrollo sostenible de la comunidad, “concertado y participativo”, y en busca de soberanía alimentaria, equidad de género y fortalecimiento de las capacidades propias del lugar, según reza la documentación oficial.
Genaro Basterrechea, delegado municipal de la Agricultura y también parte del equipo coordinador, coincide con Pupo en lo acertado de actuar desde múltiples espacios.
“Este proyecto ha permitido que un grupo de actores, liderados por el gobierno, trabajen en función de una misma estrategia, de un mismo objetivo, algo que no es habitual”, aseveró.
El empeño incluye sostén material y didáctico para la diversificación agrícola y de la producción animal y también capacitación en función de promover la participación ciudadana, una línea de trabajo que ha contado con el apoyo del Centro Memorial Martin Luther King, con amplia experiencia en la aplicación de la metodología de la educación popular.
Igualmente, han recibido el asesoramiento del Centro de Intercambio y Referencia de Iniciativa Comunitaria (CIERIC), una organización no gubernamental que brinda apoyo para la gestión de proyectos desde una perspectiva sociocultural.
“Nuestros niveles de producción en el sector agrícola se han incrementado entre 15 y 20 por ciento desde que arrancó el proyecto, sobre todo en productos como el arroz y los granos (leguminosas)”, evaluó Basterrechea.
“Pero también, gracias al componente de género que se desarrolla en paralelo; muchas mujeres se han incorporado como usufructuarias de tierras”, agregó.
Después de mucho afán colectivo, a mediados de noviembre de 2011 la recuperación de los daños de Ike estaba a 69 por ciento, según una evaluación del gobierno municipal de Jesús Menéndez.
 
Con las mujeres de Chaparra
Para transformar la vida de una comunidad es vital la participación activa de todos sus miembros: hombres, mujeres, personas mayores y hasta niñas y niños.
Trabajar en función de la equidad de género era imprescindible en un entorno rural como el de ese municipio tunero, aún marcado por creencias  patriarcales y comportamientos muy machistas. En los medios de comunicación, la emisora Radio Chaparra en particular tomó las riendas en ese camino.
Probablemente esta radio comunitaria está entre los pocos medios del país que tienen diseñada una estrategia sistemática de capacitación en temas de género para sus trabajadores. Además, cuenta con una programación que incluye el análisis de la vida cotidiana desde la forma en que impacta a mujeres y hombres.
“También existe un programa habitual de asesoramiento acerca de temas complejos como la violencia de género, por ejemplo, al cual son invitados especialistas de las casas de Orientación de la Mujer y la Familia  de la FMC para responder a dudas e inquietudes de múltiples oyentes”, explicó a SEMlac Clarivel Borreros, funcionaria de la FMC y coordinadora de la línea de género del proyecto.
En confianza, nombre de ese espacio radial, nació no solo para orientar sino también “para transformar las actitudes que favorecen la violencia contra la mujer a través de múltiples géneros periodísticos, dramatizaciones, anuncios, entre otras formas comunicativas”, detalló a esta agencia  Olga Lidia González, reportera de la emisora.
Maité Silveira, jefa de información y programación, coincide con González en el apoyo importante que recibieron de la Cátedra Mirta Aguirre, del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, y de la Editorial de la Mujer.
“Nos pusimos a buscar una manera de poder replicar al resto del colectivo esos conocimientos que recibimos en diplomados y cursos para poder enfrentar el trabajo partiendo de similares puntos de vista”, aseveró González.
Fruto de ese empeño también está en edición un libro de historias sobre 20 mujeres de la localidad, destacadas por su trabajo o por haber sido, de alguna manera, transgresoras. 
 
Las casas abiertas de El Canal
Una comunidad que no sabe su historia y no reconoce sus raíces es incapaz de trazar su propio desarrollo, coinciden los actores del proyecto de Jesús Menéndez. Por eso, una línea de trabajo ha sido el “fortalecimiento de la identidad socio cultural de la localidad”.
Cuando empezó el proyecto, la mayoría de las instituciones culturales de la comunidad estaban destruidas o severamente dañadas, al igual que los centros educativos; hasta el ánimo de muchos pobladores quedó seriamente mellado.
Una iniciativa comunitaria que se inició en el barrio El Canal aportó una solución aparente preliminar, que luego devino signo distintivo de esa comunidad tunera: las llamadas Casas Abiertas.
“Las personas abrieron  sus hogares, en muchos casos también dañados por el huracán, para organizar en ellos sesiones de cine, talleres literarios, exposiciones de arte, encuentros con niños y niñas y cuanta idea apareciera”, explicó Mariluz Aguilera, artista de alma y pedagoga de profesión, a quien todos llaman Lucy.
“En esas reuniones se mezclan generaciones, los más pequeños escuchan los recuerdos de abuelas y abuelos, se reflexiona de conjunto y se sueña también en cómo fundar un pueblo mejor”, confesó Aguilera a SEMlac.
La maestra jubilada Luisa Esther Ramírez respalda totalmente la idea. En su casa sesionan, en las tardes o las noches de cine, “y ocurren cosas lindas”, aseguró.
Para la joven Mariselis Pérez, instructora de arte, el proyecto “ha sido todo un suceso para la comunidad”.
“Nunca nos habíamos sentido tan realizados y reconocidos, pero es que estamos trabajando por nuestro propio desarrollo: el del pueblo en general y no el de instituciones separadas”, agregó.
Según Basterrechea, lo más importante de todo el proyecto es que hay fuerzas para mantenerlo andando “porque hemos formado las capacidades, hemos definido un camino. Esto ya no es un sueño, es una realidad”.

Enero de 2012

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