Historias de mujeres, un desafío para los audiovisuales cubanos

[03-02-2011]

Por Sara Más
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Una mujer abnegada y fiel termina siendo invisible para su esposo en su propia casa y siente, a la altura de 20 años de convivencia, que en ese camino de indiferencias se ha extraviado el amor.
Otra, mucho más joven, consume los  minutos y las horas atendiendo a su madre enferma, de quien se ha convertido en sacrificada cuidadora. Una tercera mata a su esposo, como única salida ante su maltrato continuado y en escalada cada vez peor.

Las tres son historias de la vida cotidiana de la Cuba actual y resumen los argumentos de "20 años" (de Bárbaro Joel Ortiz), "Los minutos, las horas" (Janaina Marques) y "Palimpsesto" (Aylee Victoria Ibáñez), tres audiovisuales cubanos proyectados en el foro de discusión sobre el cine de género y los roles femeninos de la Tercera Muestra Temática del Cine Pobre Humberto Solás, celebrada en La Habana del 13 al 16 de octubre.
“Lo interesante es el punto de vista desde el cual se narran estas historias”, reconoció la periodista e investigadora Isabel Moya, participante en el panel que reunió a creadores, artistas e investigadores sociales.
Estos espacios buscan de promover un diálogo entre la ciencia y el arte que enriquezca la creación audiovisual, su visión de la sociedad, y además promueva cambios y reflexiones en el público.
En opinión de Moya, experta en temas de género y comunicación, sobresale “la manera en que está tratada la cotidianidad, el llamado mundo privado, que devela los mecanismos a través de los cuales se reproducen muchas veces los mitos y discursos de lo que se considera lo femenino y lo masculino”.
Especialistas, artistas y creadores reconocieron vacíos e identificaron avances en la representación que se hace en los audiovisuales cubanos de las mujeres y sus historias, desde una perspectiva crítica, que ayude a desmontar los mitos, estereotipos y modos de ser que han sido asignados tradicionalmente a hombres y mujeres desde la cultura patriarcal, y generan desigualdad y discriminación.
“Ese primer paso de hacer visibles temas que antes no se trataban ni consideraban es un aporte para, al menos, hacer pensar a la gente”, reconoció a SEMlac Danae Diéguez, profesora del Instituto Superior de Arte y estudiosa de los temas de género en la cinematografía cubana.
Partidaria de que “estamos en el momento de impulsar y construir prácticas para deconstruir los estereotipos y roles de género que hay en el cine y el audiovisual”, Diéguez sostiene que este tipo de encuentros son un espacio para entender “que hay otra manera de representar y de filmar”.
“Este diálogo es muy necesario” señaló Diarenis Calderón, curadora de artes plásticas e integrante del grupo Oremi, de mujeres lesbianas, quien reconoció que el desafío está en que el creador logre conjugar arte y contenido de forma tal que su mensaje llegue de la mejor manera al público.
 “Hace falta mostrar en las artes la cotidianidad, no solo la violencia más evidente, sino también la sutil, y todas esas manifestaciones de discriminación que permanecen invisibles, pero están ahí”, agregó en alusión a “Palimpsesto”.
La obra de Ibáñez, de ocho minutos de duración, recrea, desde la representación que hace la propia autora, la historia de una mujer víctima de la violencia continuada por parte de su pareja, lo que la lleva a la situación límite y reactiva de responder con violencia y matar a su esposo.
“Simplemente me basé en una historia real y en mis propias vivencias como mujer al enfrentarme a esta historia. No tenía grandes conocimientos teóricos sobre género ni partí de esa idea, pero tampoco me conformé con lo que decían en el barrio de la protagonista, de quien solo se comentaba que había matado al marido, pero en realidad se ignoraba qué la condujo a ese final”, comentó Ibáñez.
Participantes en el foro partieron de reconocer que el arte, como construcción occidental, y elaborado con una visión machista, centra su discurso actual en el individuo como tendencia, en detrimento de su gestión social, “lo que impide un diálogo más fluido y necesario entre creadores e instituciones, que tampoco puede imponerse”, señaló el joven crítico de arte Frency Fernández.
“A la creatividad no se le pueden poner camisas de fuerza”, sostuvo la profesora Norma Vasallo, presidenta de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana, partidaria de conciliar ambos aspectos: una obra de calidad y que, además, trate el asunto de una manera adecuada. “Eso tiene que ver con la sensibilidad de las creadoras y realizadores, no con una receta que las ciencias sociales puedan dar”, agregó.
Durante los debates emergió el tema del encargo social del arte y su capacidad para, desde presupuestos artísticos de calidad, profundizar en problemas urgentes como la violencia contra las mujeres, las desigualdades de género,  e influir en la conciencia social.
“Hay muchos discursos que construyen la narrativa del cuerpo social y cada cual responde a parámetros muy particulares”, dijo Moya, en referencia a las particularidades de las ciencias sociales y del arte.
“Todos pretenden, de alguna manera, cuestionarse la realidad”, precisó la también la presidenta de la Cátedra de Género y Comunicación Mirta Aguirre, del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
En su opinión, no se trata de aceptar obras panfletarias cuando se va a disfrutar del arte, ni de admitir ensayos académicos poblados de malas citas y oscuridad. “Cada medio y cada género tiene su lenguaje”, dijo.
La confrontación de científicos, teóricos de las ciencias sociales, cineastas y artistas en general, provocada desde un certamen multicultural y cinematográfico como la muestra de cine pobre, tiene claros antecedentes en el pensamiento polifacético de un cineasta como Humberto Solás, precisó durante la cita Sergio Benvenuto, presidente del Festival de Cine Pobre que cada año se celebra en la oriental ciudad de Gibara y de la muestra temática, que este año dedicó sus espacios de reflexión a los temas de género y medio ambiente.
“A un cine pobre, o invisible, o marginal, o contracorriente, deberá acompañarle un sistemático cuerpo teórico-crítico que se enfrente a la bien remunerada literatura cinematográfica de la élite”, escribió Solás, director de clásicos del cine hispanoamericano como Lucía (1968) y fundador de estos encuentros.
El Festival de Cine Pobre es una propuesta cultural que desde 2003 apuesta por el uso de la tecnología digital para la realización de un cine de bajo presupuesto, pero de alta calidad artística.
Con esta, es la tercera oportunidad en que el certamen propicia este tipo de espacios de discusión temática, que siempre han incluido los temas de género.
“Todo esto es muy nuevo para los realizadores”, comentó Diéguez a SEMlac. Todavía asisten más expertos y especialistas que realizadores en sí. Pero sigue siendo la gran oportunidad para el diálogo entre las diferentes áreas del conocimiento”, aseguró.
En su criterio, hacen falta estos espacios, y también otros que promuevan el conocimiento, como cursos y talleres. “El entendimiento se va abriendo paso” y “una de las ganancias ha sido, sin dudas, el poder evitar la banalización de los temas. Se trate de hombres o mujeres, del punto de vista que se quiera representar, se va evitando lo banal a favor del contenido, de la profundidad”.

Octubre de 2010

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