Familias y mujeres, entre cambios y retrocesos

Por Sara Más / Foto: Carmona [02-11-2007]

Sostén de cubanas y cubanos, albergue de sus afectos y una red inestimable de apoyo en la vida cotidiana, la familia siempre ha sido, para los habitantes de esta isla caribeña, un espacio muy apreciado.
Sean apacibles o tempestuosos, casi gregarios o divididos y repartidos por los más distantes puntos del planeta, sus integrantes sienten alta estima por la vida en familia, según estudios sociológicos de diversas épocas.

Refugio también frente a las adversidades, fue el nicho de supervivencia para la población de la nación caribeña cuando empezaron los años más duros de la crisis económica, tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista europeo.
Entonces, en casa lo mismo se fabricaba un jabón que se inventaba, casi de la nada, el desayuno de cada día. Las carencias y necesidades llevaron a potenciar la función económica de la familia, de forma muy generalizada.
Ahora, sin embargo, otras circunstancias económicas, también complejas, le imprimen un sello diferente. “Al punto de que no puede hablarse, en singular y de modo general, de la familia cubana, sino de muchos tipos de familias”, precisa la psicóloga y profesora universitaria Patricia Arés.
Reconocida estudiosa del tema en Cuba y doctora en Ciencias Psicológicas, Arés conversó con SEMlac acerca de lo que sucede puertas adentro del hogar, donde la vida se ha visto atravesada, desde varios puntos de vista, por el complejo panorama económico.

SEMlac: ¿Cómo definiría a la familia cubana actual?
Estamos en un momento en que hay una gran diversidad de estructuras, arreglos familiares y heterogeneidad en relación con las formas de reinserción socioclasista.

SEMlac: ¿Cómo cuáles?
En la última caracterización, acorde a cómo se da la combinación entre el capital económico, el cultural y el social de las familias, encontramos diversidad de relaciones. Hay grupos de alto capital económico y bajo capital cultural y social; las de alto capital económico, cultural y social; las que poseen un alto compromiso social y capital cultural, pero escasos recursos económicos; y aquellas con bajo capital en todos los sentidos.

SEMlac: ¿Es el caso del incremento de las jefas de hogar?
Las de bajo nivel cultural, educacional y económico son las familias de la vulnerabilidad, que están en la franja de lo que podemos llamar “pobres o de la marginalidad”. Sí, hay muchas familias monoparentales al interior de este grupo, de mujeres solas a las que se les asigna entonces la jefatura. Pero ellas sostienen una realidad compleja, difícil económicamente, con pobre cobertura de las políticas sociales.
Es un tipo de liderazgo desde la precariedad, organizado en torno a mujeres −ya sean madres, tías o abuelas− que sostienen la presión doméstica, hacen pequeños trabajos por contrataciones o en la economía sumergida y, de alguna manera, están muy pegadas a la susbsistencia, a la función económica.

Aquí aparece mucho el embarazo adolescente, la reproducción intergeneracional de algunos patrones de género que parecían superados, como el abandono paterno; la pluripaternidad de mujeres solas, pero con dos o tres hijos de padres distintos; la maternidad soltera.
Desde un lugar son jefas, toman decisiones, pero no lo veo como conquista o avance social, porque están muy ligadas a la precariedad. Lamentablemente, muchas son de la raza negra o mestiza y su índice de dependencia es elevado, pues sus hijos apenas tienen pensiones y ellas tienen que trabajar, sin capital acumulado de ningún tipo.
Estas familias son contratadas muchas veces por otros grupos de familias como sirvientas, empleadas domésticas, limpiando escaleras de edificios, planchando, cocinando. Las mujeres sirven así de mano de obra barata a otros grupos familiares.
Ha habido una realidad social que ha atado mucho a la mujer en este tipo de familias vulnerables. Estudios diversos dan cuenta que estas familias con bajos capitales pertenecen a asentamientos marginales, con condiciones socioeconómicas desfavorables. Las políticas no han podido favorecerlas y la movilidad social ha sido muy lenta, aun cuando en ese grupo hay estudiantes universitarias. Aunque no igual que en otras partes de Latinoamérica, es parte de la feminización de la pobreza.
Frente a ese hay otro grupo extremo, que es el de los nuevos ricos.

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