Cambiar el orden de las cosas

[24-05-2010]

Los hombres de hoy, o al menos una parte de ellos, buscan mujeres que ya no existen: que los esperen con las pantuflas en la mano y la comida recién servida. Mientras, para muchas de ellas, todavía no existen los hombres que desearían, resueltos y colaboradores, que las traten como iguales y sean también cariñosos.
El desencuentro entre los dos géneros, trazado siglos atrás por la sociedad y recalcado con la reproducción de viejos patrones, abre una brecha en las relaciones entre mujeres y hombres que solo cerrarán juntos, y a través del diálogo, considera la estudiosa Marina Subiráts, de la Universidad Autónoma de Barcelona, España.

Todo comenzó hace mucho. Desde tiempos ancestrales, las mujeres asumieron la reproducción y el cuidado de las familias, mientras los hombres eran educados para no tener miedo, ser valientes y hasta matar, en épocas en que se miraba al enemigo y se decía: “es o él o yo”, y lo que importaba era vencer y sobrevivir.
Según explicó en La Habana Subiráts, durante el Coloquio Internacional Mujeres y ambiente en la historia y la cultura latinoamericanas y caribeñas, “nosotras hemos sido más proclives al  cambio, pues teníamos más que ganar que los hombres, que tenían también mucho que ganar, pero algo que podían perder”.
En la cita, realizada entre el 22 y 26 de febrero, y organizada por la Casa de las Américas, institución promotora del arte de la región, la estudiosa destacó que, durante mucho tiempo, de lo que se trataba era de ocupar los puestos masculinos que durante siglos les habían sido negados a las mujeres.
A su juicio, independientemente de las características y los ritmos de cada país,
“existen dos velocidades de cambio. Las mujeres han evolucionado tanto que buscan otros compañeros, y los hombres están en el pasado y quieren mujeres de otra época, pero las que estamos ya no funcionamos así”.
Hace algo más de medio siglo, “éramos educadas para ser madres y esposas, casi ni se podía pensar en ir a una universidad o tener una cuenta corriente si no la autorizaba el padre o el esposo”; pero “hemos roto nuestros límites anteriores e ido ocupando aquello que parecía más importante: los puestos masculinos que nos habían sido negados, que representaban espacios de poder, de autonomía, de libertad”, agregó la académica española.
Sin embargo, aún no se ha completado el ciclo. Incluso, en los países bastante avanzados y en camino hacia otro tipo de igualdad, las mujeres siguen conservando todo su trabajo de mujer y hacen, además, el trabajo que antes solo hacían los hombres, “con desgastes y alegrías de muchos tipos”, advirtió.  
En su opinión, “la cultura androcéntrica no se ha movido, solo que ahora nosotras podemos entrar a ese círculo masculino. Hay que cambiar las reglas del juego, modificar ese androcentrismo, incluyendo los valores que tienen que ser aceptados  y actuados por hombres y por mujeres”, señaló.

Marzo de 2010

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