“Si no hubiera sido por la Hermandad, no sé que hubiera sido de nosotras. Surgió en 1994, en momentos difíciles, de carencias materiales y de alimentos, la pensión no alcanzaba”, cuenta Dulce María Acosta, de 69 años.

Dulce es una de las 35 integrantes de la Hermandad de Bordadoras y Tejedoras de Belén, en La Habana Vieja, un proyecto social comunitario creado por la Oficina del Historiador de la Ciudad y que agrupa a amas de casa y jubiladas.

La mayoría de las mujeres ni piensa en ello. Las noticias que ven por televisión les parecen distantes. Sin embargo, el cambio climático las golpeará fuertemente en el futuro: el clima será más cálido y las precipitaciones menos abundantes, lo que impactará negativamente en la disponibilidad de alimentos, generalmente a su cargo.

Gilda Camino tiene una frase predilecta cuando habla del antiguo Convento de Belén, en la capital cubana, y del grupo de más de 500 ancianos, la mayoría mujeres, que allí se encuentran a diario: “Es mi remanso de paz”, asegura esta señora de 72 años.

Cada mañana, sus pasos la llevan a la vetusta edificación religiosa del siglo XVIII habanero, en el centro histórico de la ciudad, y cada día encuentra allí nuevos motivos para sentirse feliz de estar viva. “La vejez sólo la siento en la piel, porque mi alma y mi corazón siguen siendo jóvenes”, comenta Camino, con más de 15 años al frente del “círculo de abuelos”, un grupo de personas adultas y ancianas que allí se reúnen.

La virulencia política y el debate social que tienen como figura protagónica a la intelectual dominico-haitiana Sonia (Solange) Pierre, cuya nacionalidad dominicana está siendo cuestionada, transitó la pasada semana de lo factual al enfrentamiento abierto de criterios encontrados, expresados con creciente encono. De manera concreta, lo ocurrido tiene que ver con el accionar de un partido político minoritario y de tendencia fuertemente conservadora que, desde siempre, ha dirigido sus diatribas y su rechazo contra la población dominico-haitiana residente en República Dominicana, o contra los inmigrantes provenientes de la otra mitad de la isla que ambas naciones comparten. El episodio más reciente promovido por ese grupo fue el de instrumentar lo que han calificado como una "investigación" a los padres de la defensora de los derechos humanos, según la cual habría quedado probado que sus progenitores la inscribieron al nacer con documentación no verídica. La cuestión no habría tenido mayores dimensiones que la de un mini incidente fácilmente desvirtuable, si no hubiere sido porque este partido, Fuerza Nacional Progresista, presentó un reclamo ante la Junta Central Electoral para que le fuere retirada la nacionalidad dominicana a Sonia Pierre, galardonada en el pasado diciembre con el Premio de la Fundación Robert. F. Kennedy in Memorian, con sede en Washington, y también por Amnesty Internacional, justamente para reconocer sus méritos en la denuncia a las violaciones de los derechos humanos de la población de esa ascendencia que se producen a diario aquí(CIMAC)

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