Una cruzada personal contra el Sida y sus estigmas

Sara Más [21-02-2008]

No hay lujos ni carteles especiales. Apenas unos 12 metros cuadrados, lo justo para colocar unos bancos rústicos de madera y una mesa, conforman el escenario donde, cada mes, se celebra lo que se ha dado en llamar la peña de Laura, aunque su nombre verdadero es Pandora, en busca de la esperanza. “Se me ocurrió por la leyenda de la caja de Pandora, de donde empiezan a salir todos los maleficios el día que ella, por curiosidad, la abre”, explica Laura Pérez Hernández, casada, madre y portadora desde 1999 del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del sida.

Según la leyenda, Pandora se esconde en una esquina, arrepentida por todo el mal que ha desatado, pero siente que en la caja hay algo que se mueve. “Se asoma y es entonces que encuentra a la esperanza, esa misma que tenemos nosotros de que un día aparezca la cura para el sida”, agrega Laura, residente en San José de las Lajas, poblado a más de 30 kilómetros de la ciudad de La Habana.

El lugar es rústico, pero acogedor, según sus propias palabras. Como su vivienda es mínima, aprovechó al máximo la azotea de su casa, donde levantó un techo de madera y palma cana, conocido en Cuba como ranchón. 

“Fui a buscar a un señor que se dedica a este tipo de construcciones, aunque no sabía cuánto me iba a cobrar ni tenía con qué pagarle. Cuando terminó, no quiso dinero, porque le pareció que era una idea muy buena y que hacía falta aquí”, relata quien actualmente coordina el proyecto Mujer y sida en la provincia La Habana, aledaña a la capital.

“En este pueblo no tenemos local de consejería, donde poder informarnos. Me propuse entonces abrir este espacio, con un componente educativo, para que las personas se sintieran confiadas y se acercaran a conocer. Todavía hay mucho tabú y prejuicio entre la gente. Cuando alguien se acerca a la enfermera encuestadora, enseguida empiezan a pensar que tienes sida, comienzan los comentarios. Mi peña es un espacio más informal. Aquí puede venir cualquiera, con VIH o sin él”.

Fue así que, un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Laura estrenó los encuentros de la peña, que se repiten el día 8 de cada mes. A su lado, compartiendo con ella contratiempos, trabajo y esperanzas, ha estado su esposo Lázaro, también seropositivo y coordinador de la Línea de apoyo a personas viviendo con VIH en su municipio.

“Primero me hice promotora. Iba con la enfermera o la encuestadora a los lugares donde me abrían las puertas, hacíamos talleres, dábamos charlas, me enrolé en la capacitación. Me di a conocer. Empecé a presentarme como una persona que tenía VIH, les contaba mi experiencia, para ir sensibilizando a los demás”, comenta Laura.

En estos momentos, su nombre y su casa son un referente en el pueblo. Hasta allí llegan, cada noche de la peña, personas de las más diversas edades y procedencias, la mayoría mujeres, a compartir experiencias y un espacio de desprejuicio y fraternidad. También la visitan jóvenes estudiantes que, sin previo aviso, se acercan en busca de información útil para su sexualidad y su salud, a cualquier hora del día. Laura los ayuda en todo lo que puede.

La azotea de su casa es también la sede donde se reúne el equipo de ayuda mutua de personas con VIH en el municipio. “Compartimos muchas emociones, conocimientos y experiencias, celebramos cumpleaños, nos damos apoyo y nos vamos a la playa. Tratamos de crear una comunidad que nos ayude a fortalecernos”, explica Laura.

El apoyo a las personas necesitadas es para ella una prioridad. “Cuando la gente recibe la noticia de que es portador de VIH se deprime mucho y pasa momentos muy malos. He tenido la posibilidad de acercarme a estas personas e incorporarlas al equipo. Es algo constructivo, los ayuda. También he apoyado a personas seroafectivas, a familiares y allegados”.

Como responsable del proyecto Mujer y Sida en la provincia La Habana, Laura intenta llegar a todos los rincones. En ese territorio hay más de 65 seropositivas. “Cada vez debutan más, y necesitan información, lo mismo la que estudia y trabaja, que la ama de casa, que se siente más apartada”, comenta.

Recorrer este camino no ha sido fácil para ella. En carne propia ha vivido el cruel rechazo de las personas y se ha sobrepuesto al estigma, hasta ganarse el respeto de muchas personas y, en no pocos casos, su admiración.

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