De la redacción

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Martes, 18 Diciembre 2018 17:33

Insumisas, más allá del filme

Las insumisas no creen en figuras autoritarias ni sometimientos. Firmes a sus ideales progresistas de equidad de género y superación personal, son fuertes de espíritu y creen fielmente en el bien común a partir del derrumbamiento de las ideologías patriarcales.
Que una mujer se pare, alce su voz, exprese su parecer y mantenga su posición, sosteniéndose en pie ante injusticias y dominaciones sociales, son acciones que en el mundo entero han tenido una manifestación paulatina en la contemporaneidad. Para ello han sido cardinales, en tiempos más recientes, campañas como #MeToo o #TimesUp, que en los últimos años han acompañado las experiencias de abuso de mujeres de muchos países.
Pero no sucedía así en el siglo XIX. El apoyo era de menor magnitud o apenas inexistente. En aquella época, la mujer y lo que representaba giraban en torno al hombre como centro del mundo, quedando ella en un segundo y hasta tercer plano.

Aportar elementos científicos que contribuyan a la futura implementación de una estrategia de atención integral a la salud de los hombres cubanos es una necesidad creciente, consideraron profesionales y expertos de distintos sectores de la sociedad.
"Se trata de responder a una realidad social, donde en la práctica asistimos a una sobremortalidad masculina en nueve de las 10 principales causas de muerte en el país", explicó a SEMlac el Doctor en Ciencias Ramón Rivero Pino, investigador del tema. "Es un asunto insuficientemente evidenciado por la ciencia y las políticas públicas en Cuba", opinó el estudioso.

Fortalecer el activismo y la participación social en el ejercicio de la ciudadanía y los derechos sexuales como derechos humanos es una necesidad para la construcción de una nación más plural, consideran activistas y expertos en Cuba.
Para Manuel Vázquez Seijido, subdirector del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), esta es una herramienta que permite actuar además contra la violencia de género. Así lo refirió en el V Taller Internacional Violencias, Sexualidades y Derechos Humanos, organizado por el Cenesex entre el 5 y el 7 de diciembre, el cual acogió además el V Taller de las Redes Sociales Comunitarias.

El activismo por la No Violencia contra las mujeres y las niñas debe ser permanente, bien articulado y necesita apoyos desde muchos espacios, organizaciones e instituciones comunitarias, coincidieron trovadoras y raperas, cineastas, realizadores audiovisuales, escritores y directoras de cine durante un intercambio en La Habana.

“Ustedes están locos, ustedes piensan que son mujeres y no son mujeres, son hombres, porque nacieron con genitales…”. Esta es una de las primeras frases que reconoce Nomi Ramírez, una mujer trans que asumió su identidad hace más de dos décadas, cuando se le pregunta por las actitudes a las que debe enfrentarse por haber tomado la decisión de vivir como una mujer, como “lo que es”, apunta. La activista y trabajadora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) habla a Semlac de los estereotipos a los que cotidianamente se asocia a las mujeres trans en Cuba y sostienen la violencia hacia ellas.

Estudiosos, practicantes y representantes de instituciones religiosas alertaron sobre problemáticas en la vida social cubana asociadas al desarrollo de grupos neofundamentalistas religiosos.
Entre las manifestaciones más visibles señalaron las posturas de ataque a los artículos 40 y 68 del nuevo proyecto de Constitución, que fue sometido a consulta popular en el país y se llevará a referendo en febrero de 2019.

Cuando se le pide diseccionar el concepto de imaginarios sociales que sostienen la violencia de género, la Doctora en Ciencias Sociológicas María Isabel Domínguez García apunta que “son construcciones mentales de significación práctica, legitimadas y compartidas en la sociedad”. De inmediato agrega: “están compuestos por simbolismos que configuran mentalidades resistentes al cambio”.

Los celos y el control, viejas formas de violencia a menudo solapadas tras la naturalización y el mito del amor romántico, toman nuevos rostros en una sociedad global caracterizada por el uso invasivo de la tecnología.
Emergen formas sutiles o encubiertas de control bajo las llamadas “pruebas de amor” que incluyen desde pedir-exigir a la pareja contraseña de Facebook o de cualquier otra red social, hasta eliminar contactos, revisar el celular, controlar el correo electrónico e incluso “solicitar” que compartas tu ubicación a través de Whatsapp u otra cuenta en la red de redes.

No son pocas las brechas cotidianamente asociadas a los medios de comunicación y la reproducción, desde esos espacios, de imaginarios que sostienen la violencia de género.
De esa relación entre los procesos formadores de opinión y constructores de sentidos –que se generan desde la comunicación– y cómo estos refuerzan o desmontan la violencia, habla la periodista e investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventudes (GESJ) del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Carolina García Salas, quien participó en una investigación comparada de imaginarios juveniles sobre la violencia contra las mujeres en ocho países de Latinoamérica y Caribe (El Salvador, Honduras, Guatemala, Bolivia, Nicaragua, República Dominicana y Cuba, más Colombia), en colaboración con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y OXFAM Latinoamérica.
“Se trata de un estudio que articuló a diversos actores sociales dentro y fuera del país, y en nuestro caso fue de singular importancia la colaboración de especialistas del Programa de OXFAM en Cuba y del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR)”, explicó García Salas.

A menudo, cuando se habla de violencia, emergen vocablos como machismo, sociedad patriarcal, o roles hegemónicamente construidos desde lo femenino o masculino. Pero, ¿qué hay detrás de esos conceptos, cómo nos ayudan a explicar los ciclos de la violencia y la telaraña de la desigualdad?

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