Tenía lo que se dice una vida normal. “Y” estudió, comenzó a trabajar y se casó. Todo iba bien hasta que notó falta de equilibrio al caminar, como lo hace quien ingiere altas dosis de alcohol. Una herencia genética la ubicó entre las cubanas y cubanos con ataxia.

Las dificultades motoras se agudizaron. Con el tiempo, le resultó difícil sostener un lápiz y escribir como solía hacerlo, no podía ni picar los alimentos en el plato. La enfermedad la obligó a dejar el trabajo de dependienta en una farmacia.

Janet Á. tiene 18 años y una gestación de 15 semanas. Es un embarazo imprevisto, pero a las 10 semanas nada se podía hacer para interrumpirlo, como era el deseo familiar. Aun así, puede decirse que tiene suerte: pese a dos abortos anteriores, sigue siendo fértil.

La infertilidad, afirman expertos, puede ser una de las consecuencias del aborto, sobre todo si es reiterado y, aún más, si se práctica en adolescentes.

Aunque pueden lograr, en general, una vida sexual satisfactoria, las mujeres sometidas a tratamiento por cáncer de mama suelen experimentar una repercusión negativa sobre el desempeño de su sexualidad, según confirma una investigación específica de especialistas cubanos.

El estudio de casos tuvo en cuenta a 16 mujeres entre 35 y 60 años de edad, con pareja, diagnóstico de cáncer de mama y más de un año de sobre vida al tratamiento quirúrgico. Se trata de pacientes que acudieron a la consulta de oncología del Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas (CIMEQ), de la capital cubana.

Herencias, tradiciones y patrones de desarrollo social pueden influir de manera diferenciada en la salud mental de hombres y mujeres, confirman estudios especializados en Cuba.

“En el campo de la salud mental es más evidente la influencia del género en el proceso de salud-enfermedad”, asevera la investigación La importancia del género en el análisis de la salud, de la psicóloga Yuliuva Hernández García y el sociólogo Víctor Hugo Pérez Gallo, del Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa, en la región oriental del país.

“En los últimos tiempos ha sido posible demostrar la vulnerabilidad de las subjetividades femeninas frente a las enfermedades mentales”, explican los especialistas.

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