Un dramático accidente de tránsito ocurrido a fines de septiembre pasado en Villa Clara, a unos 300 kilómetros de La Habana, ocasionó la muerte de 12 personas, lesiones a otras 36 y llevó nuevamente a los titulares en Cuba lo que la Organización de la Salud (OMS) ha denominado “epidemia oculta”.

El suceso se produjo en la carretera que une el municipio de Sagua La Grande con la ciudad cabecera de la provincia, Santa Clara, cuando se desprendió el remolque de un vehículo de carga, e impactó de frente a un ómnibus que transportaba pasajeros.

Historias personales casi increíbles, desconocimiento de la sexualidad y del cuerpo propios, poca iniciativa y sensibilidad de la pareja, resistencia a hablar del asunto o acudir a un especialista rodean el  tema de la anorgasmia, que constituye un tabú para muchas mujeres.

Lo más interesante y hasta contradictorio es que lo callan desde las más adultas —tal vez por los prejuicios y porque les inculcaron que esas intimidades no se ventilan con nadie—, las que rondan los cuarenta y hasta algunas muchachas muy jóvenes.

Después de las enfermedades del corazón, los tumores malignos se han convertido en una seria amenaza para la vida de mujeres y hombres en esta isla del Caribe y son la segunda causa de muerte para ambos grupos.

El pasado año fallecieron 12.190 hombres y 9.126 mujeres por diversos tipos de cáncer, de acuerdo con datos preliminares del Anuario Estadístico de Salud de 2009.

“Mis abuelos murieron de tuberculosis. Recuerdo que, cuando la noticia se expandió por el barrio, algunos vecinos dejaron de ir a visitarnos. Yo era pequeña, no entendía mucho lo que sucedía, pero sí sentí que lo que tenían era algo muy malo”, cuenta Rosa Góngora, con cierto pesar. 

Con 61 años, esta cubana recuerda cómo, en un momento impreciso de su infancia, la comenzaron a alejar de aquellos dos seres tan queridos que le leyeron sus primeros cuentos, en particular de su abuela, quien le cepillaba el cabello y le tejía las trenzas. “Cada vez los mentaban menos, hasta que nos golpeó la noticia de su muerte, separada una de otra por apenas unos meses.  Ese mal siempre ha sido un fantasma”, dice.

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