Tener una sociedad muy envejecida, donde más del 20, 8 por ciento de su población tiene 60 años y más y el 15 por ciento de las personas mayores viven solas, supone para Cuba desafíos crecientes en el control de la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2, y la enfermedad que este genera, la COVID-19.
Si bien las autoridades sanitarias advierten que ningún grupo etario está exento de enfermar, son las personas de edad más avanzada las más proclives a desarrollar cuadros graves de la enfermedad, debido a la comorbilidad o presencia en esa etapa de la vida de varios padecimientos crónicos, como diabetes, hipertensión, asma bronquial, cáncer u otras.

Por una discreta diferencia, la COVID-19 parece afectar más a los hombres que a las mujeres en Cuba: ellos suman 52 por ciento de personas contagiadas y ellas, 48 por ciento, según datos ofrecidos por el Ministerio de Salud Pública a un mes de reportarse los primeros casos.

Yordy Morejón regresó a inicios de marzo de Italia y en su paso por ese país estuvo en Lombardía, la zona más afectada por el nuevo coronavirus SARS COV-2, causante de la enfermedad COVID-19, convertida en la reciente pandemia que pone en vilo a la humanidad.

María Eugenia Quintana Esquivel cumplirá 84 años en abril y se siente con buena salud, salvo algunos achaques que la molestan en las mañanas. Su historia habla del recorrido y las fracturas en la salud de las mujeres negras y mestizas en Cuba.

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