Aunque el VIH-sida toca sobre todo la vida de los hombres en Cuba, donde más del 70 por ciento de las personas con esta condición son del sexo masculino, y se concentra fundamentalmente en edades medianas de la vida, los datos apuntan a una tendencia al discreto incremento de casos en las mujeres y personas mayores.

Al hablar sobre ética médica y violencia, la profesora Zoe Díaz Bernal, coordinadora de la Red Latinoamericana de Género y Salud Colectiva de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social y su nodo en Cuba, insiste en partir de la limitada presencia que han tenido las ciencias sociales en los programas de formación del personal de la salud en Cuba y en el propio sector de la salud.
“Esto, junto a la profundización y extensión del modelo médico hegemónico, tanto en la academia como en la práctica médicas —y el cual ha sido descrito magistralmente por el doctor e investigador argentino Eduardo Menéndez y otros autores—, ha provocado que la atención a la salud de la población y de las personas se incline a la atención de las enfermedades y de los cuerpos biológicos por parte de la biomedicina”, explicó. Sobre la relación entre ética médica y violencia, el rol del sistema de salud para el abordaje integral de este fenómeno y la preparación de los profesionales del sector en estos temas, abundó la también antropóloga médica.

Insuficientes finanzas para comprar insumos y equipos, inestable disponibilidad de medicamentos, atraso tecnológico y limitado acceso a procedimientos más modernos y eficientes son algunos de los efectos que deja el cerco económico de Estados Unidos en los servicios de salud cubanos.

Las distintas maneras de ser hombre influyen en la salud sexual de los varones, concluyeron especialistas de diferentes áreas del conocimiento en el primer Consenso de masculinidades y salud sexual.

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