Trabajo doméstico y de cuidados, ¿en ascenso?

[03-03-2017]

El trabajo doméstico y de cuidados se sigue abriendo paso en el sector privado en Cuba como oferta laboral remunerada, según se amplía el empleo no estatal y son insuficientes las ofertas estatales de cuidado, constatan sondeos periodísticos y la vida cotidiana.

“Los comportamientos de este tipo de empleo han tenido sus altas y sus bajas, muy asociadas a los movimientos del ciclo económico del país”, asegura a SEMlac la economista Teresa Lara.

El trabajo doméstico y de cuidado remunerado había empezado a reducirse a su mínima expresión en la isla desde la pasada década del sesenta, al calor del triunfo de la Revolución, la incorporación de la mujer al trabajo estatal, la creación de servicios de apoyo al hogar y de legislaciones laborales, sociales y familiares que protegían particularmente a las mujeres.

Luego, con la crisis económica de los noventa, resurge y crece el número de trabajadoras domésticas remuneradas, muy apremiadas por las necesidades económicas.

En esos años no fueron pocas las que colgaron su título universitario y salieron a hacer todo tipo de trabajo para mejorar sus ingresos: desde camareras que arreglan y limpian habitaciones en los hoteles, hasta cuidadoras de niños, planchadoras, cocineras o lavanderas a domicilio.

“Yo dejé mi trabajo y me fui por dos años a limpiar y planchar a casa de unos diplomáticos”, ha relatado a SEMlac Clara Varela, licenciada en Matemática Cibernética, quien también hacía jornadas extra en esa casa cuidando a los niños, por 20 dólares la noche.

“Me pagaban lo que yo nunca iba a cobrar en mi puesto de trabajo en un mes, así que no lo pensé dos veces. Luego lo dejé a los dos años y regresé a mi profesión porque me enfermé de la columna y para entonces ya mi hermana, que vivía en Europa, nos ayudaba económicamente”, agrega Varela.

Muchas de las personas que hoy viven de estas labores son mujeres que dejaron atrás otros empleos y profesiones en busca de una menor remuneración económica, confirma un sondeo periodístico realizado por SEMlac.

De un total de 52 mujeres entrevistadas en las provincias Granma y La Habana, 70 por ciento habían sido antes trabajadoras estatales, seis se declararon “ama de casa” y cinco dijeron que no trabajaban. Solamente una había sido siempre trabajadora por cuenta propia, nombre con el cual se designa a quienes trabajan en el sector privado en Cuba.

El nivel educacional del grupo es muy elevado para lo que comúnmente ocurre entre las domésticas en otros países:   la mayoría venció el nivel medio (59%), 26 por ciento son universitarias y solo siete mujeres se han quedado en estudios primarios.

La principal motivación que alegaron para optar por ese empleo fue la económica, según afirmaron 25 de las 39 trabajadoras remuneradas; aunque 12 aseguraron que les gusta cuidar menores y dos contaron estar preparando sus ahorros para emigrar.

Quienes cuidan a otras personas sin remuneración a cambio lo hacen por motivos de afecto familiar o porque no disponen de recursos económicos para contratar a personal que asuma ese cuidado.

A diferencia del pasado, cuando la mayoría de las domésticas eran mujeres negras de bajo nivel económico y educacional, el grueso de las entrevistadas son mujeres de piel blanca. Las ocho mujeres negras del grupo se dedican al cuidado de ancianos y al trabajo doméstico.

Especialistas manejan varios factores que pueden influir en esos cambios. Por una parte, se trata de un empleo en el ámbito privado que hoy tiene mejor remuneración, incluso, que algunos puestos estatales calificados, por lo que se convierten en labores muy demandadas, en las cuales las mujeres blancas pueden haber desplazado a las negras.

Por otro lado, al ser mejor pagado se ha valorizado socialmente y ya no es visto como un trabajo denigrante.

“También hay que considerar que para el cuidado infantil, por ejemplo, hay que tener condiciones en las viviendas y es posible que las mujeres blancas tengan mejores condiciones en sus viviendas”, comenta Lara a SEMlac.

Entre las labores domésticas de mayor demanda, con o sin remuneración, están las vinculadas con el cuidado de las personas ancianas. De acuerdo con datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), 19 por ciento de la población tienes 60 años y más.

Se estima, además, que la necesidad del cuidado de adultos se incrementará exponencialmente, como consecuencia de ese envejecimiento progresivo.

Aunque autoridades cubanas han anunciado que trabajan en la creación de políticas públicas para enfrentar ese desafío poblacional, todavía son mucho mayores las demandas de atención que los servicios disponibles.

Las dinámicas del trabajo doméstico remunerado alertan también sobre otros fenómenos signados por el contexto económico del país, donde circulan dos monedas nacionales, varios tipos de tasas cambiarias y se consideran insuficientes los salarios estatales promedios.

Ello puede llevar a que muchas de estas trabajadoras minimicen los inconvenientes de la labor que asumen y los costos que suponen.

Las trabajadoras domésticas y cuidadoras entrevistadas por SEMlac dedican, como promedio, algo más de 12 horas al trabajo de cuidado y doméstico remunerado, pero 67 por ciento estima que no es mucho para el trabajo que realizan. Esa misma proporción considera que su remuneración es buena; el resto la cree regular y nadie la consideró mala.

Lo cierto es que sus historias confirman el incremento de estas actividades como opción de empleo, tras las medidas económicas impulsadas desde 2010.

Y algo más: al trabajo doméstico y de cuidado remunerado añaden el que realizan en sus propias casas. La mayoría de estas trabajadoras realizan ellas mismas esas labores en sus hogares, sin paga a cambio; una minoría cuenta con la ayuda de otro familiar y solo una contrata a otra persona para acometerlo.

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Sara Más

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