Proyectos agroecológicos impulsan participación femenina

[16-02-2015]
Mayelín Aguilar ha utilizado todos los espacios alrededor de su casa para montar un sistema de permacultura Mayelín Aguilar ha utilizado todos los espacios alrededor de su casa para montar un sistema de permacultura SEMlac

Mujeres rurales y semiurbanas del oriente cubano mejoran su economía y autoestima al incorporarse a proyectos agroecológicos que promueve en esa región el Centro Cristiano de Servicio y Capacitación "Bartolomé G. Lavastida" (CCSC- BG Lavastida), con sede en Santiago de Cuba, a 861 kilómetros de La Habana.

En el mínimo de tierra que bordea la casa de la enfermera Mayelín Aguilar Almaguer, en el pueblo rural Babiney, ubicado en la provincia Granma, contigua a Santiago, la familia ha diseñado un sistema de permacultura que sigue los principios de agricultura permanente con enfoque ecológico.

Esta mujer de 36 años y su esposo cultivan viandas, condimentos y hortalizas, crían animales cuyo estiércol reutilizan en un biodigestor, producen huevos de gallina y cosechan el agua de lluvia para enfrentar la sequía frecuente en la zona, según lo aprendido en los cursos que ofreció durante nueve meses el centro ecuménico al Comité Gestor Local (CGL) del microproyecto para la producción de alimentos en Babiney.

La experiencia, financiada por agencias de cooperación internacional, comenzó en 2010 con el incentivo a la cría de ovinos, pero ha incorporado nuevos objetivos como el uso de energías alternativas mediante biodigestores y la promoción de relaciones equitativas entre mujeres y hombres.

Aunque iniciaron cuatro fincas, en la actualidad se han vinculado otras 30 familias que aplican la permacultura, una filosofía de aproximación a la tierra que incorpora y conecta los microclimas, el manejo de las plantas, los animales, el suelo, el agua y las necesidades humanas en comunidades productivas.

"Antes solo se sembraba maíz y yuca, pero ahora tenemos alrededor de 26 producciones diferentes y se ha logrado intercalar nuevos cultivos en la zona", asegura Aguilar, en entrevista con SEMlac.

Con la producción de buena parte de sus alimentos, las familias vinculadas a los proyectos que mantiene el CCSC- BG Lavastida en todas las provincias del oriente cubano alcanzan ganancias significativas y han podido incorporar a la dieta vegetales, condimentos, frutas, leche y carne, a los cuales no tenían acceso por sus altos precios en los mercados de oferta y demanda del país.

Los cálculos familiares de Aguilar reportan ahorros mensuales de 100 pesos (cerca de cuatro dólares) por el uso del biodigestor en la cocción, 120 pesos (cerca de cinco dólares) gracias a la cosecha de agua, con lo cual no tienen que comprar agua en carro-cisternas, y de 1.000 a 1.500 pesos (entre 40 y 60 dólares, aproximadamente) en alimentación.

"Nuestros salarios nunca llegaban a esa cantidad de dinero, pero ahora nos alimentamos mejor que antes sin gastar nada y cambiamos el estilo de vida, al comer vegetales y ovejo", reconoce la coordinadora del CGL en la zona.

Los resultados de estos proyectos con perspectiva comunitaria llegan también a grupos vulnerables como embarazadas, personas con VIH/sida, personas discapacitadas y ancianos.

Según explica a SEMlac el médico veterinario César Parra, con la permacultura las personas se capacitan para establecer ambientes productivos que cubran necesidades de alimentos, energía, materiales y espirituales, desde una perspectiva de cooperación con la naturaleza.

La línea agroalimentaria, dirigida al autoabastecimiento de comunidades con pocos recursos, copa 70 por ciento de los casi 90 microproyectos realizados por el CCSC- BG Lavastida en todas las provincias orientales, desde su fundación en 1995.

En 2014, la institución ecuménica contaba con 32 microproyectos gestionados por iglesias de varias denominaciones, que impactan en unas 600 familias orientales con capacitaciones, alimentos gratuitos o vendidos a bajos precios y entrega de recursos para humanizar el trabajo y evitar la contaminación ambiental.

 

La permacultura insiste en la complementariedad de la familia y la responsabilidad de todos su miembros con la reproducción de la vidaLa permacultura insiste en la complementariedad de la familia y la responsabilidad de todos su miembros con la reproducción de la vidaPermacultura en clave de género

La metodología de preparar en asuntos que van desde la conservación de alimentos, agroecología y permacultura hasta la prevención de salud y la sensibilización en género, reporta resultados positivos entre las mujeres de los microproyectos, sostiene a SEMlac Teresita Rebustillos, coordinadora del área de género del CCSC- BG Lavastida.

De 2010 a 2014, el centro ha realizado 31 talleres para transformar conductas machistas y romper estereotipos sobre lo masculino y lo femenino, en los que han participado 742 personas, de ellas 529 mujeres.

Encuestas realizadas en estos espacios revelan obstáculos para el cambio de mentalidades sexistas, sobre todo por los roles tradicionales asumidos en la familia, el modelo rígido de masculinidad imperante en las zonas rurales y la naturalización de la violencia por motivos de género, entre otras.

Pero, al participar en talleres, debates y charlas que explican el origen social e histórico de la desigualdad entre hombres y mujeres, ellas adquieren habilidades y capacidades para el enfrentamiento al machismo y avanzan hacia relaciones de género más equitativas, considera Rebustillos.

En paralelo, muchas encuentran alternativas de ingresos con los cultivos de huertas y patios y la producción de conservas artesanales, por lo que comienzan a valorarse de manera más positiva.

Antes de integrar uno de los microproyectos para la producción de alimentos del centro Lavastida en el barrio El Bosque de Bayamo, Granma, Alina Guerra no tenía empleo ni había trabajado la tierra.

Cuando le propusieron coordinar junto a su esposo el CGL de esa experiencia, pensó encontrar en los cursos solo hombres hablando de agricultura, pero descubrió un espacio para desarrollar sus facultades en ayuda de otras personas.

"La primera capacitación de servicio a la comunidad me abrió los ojos a un nuevo mundo y le dio sentido a mi trabajo", admite aun con timidez.

Desde hace cinco años este proyecto produce, fundamentalmente, carne caprina y leche de vaca con 22 cabezas de ganado mayor y 18 ovejos. Con esto se benefician 58 personas, 26 con la entrega gratuita de alimentos por condiciones de discapacidad, ancianos, embarazadas o padecimientos de salud y el resto con la venta a bajos precios.

En Babiney, el microproyecto también motivó a las mujeres a cultivar la tierra, al ser 38 de las 75 personas involucradas con la iniciativa.

"Las capacitaciones de género incrementaron el apoyo de nuestros esposos en la casa", afirma a SEMlac Idania Medina, permacultora del pueblo.

La enfermera de 34 años aprecia un cambio al interior de su familia, que ya comparte las tareas domésticas y productivas.

Por eso se unió a otras activistas comunitarias vinculadas a la Iglesia Bautista local para organizar debates, charlas educativas, consejerías, juegos de intercambio de roles y redes de apoyo a víctimas de violencia para multiplicar lo aprendido en los talleres de género.

"Las capacitaciones de género nos abrieron los ojos para identificar todos los espacios de maltrato a que estamos sometidas y muchas veces no tenemos en cuenta", confiesa por su parte Mayelín Aguilar, coordinadora de estos encuentros.

Además de las reuniones públicas, van conversando de mujer a mujer para sensibilizar a las que no llegan a los cursos y desmontar así las creencias ancestrales que aun limitan la libertad femenina.
"Hasta dentro de la iglesia había violencia de género y con las capacitaciones las hemos ido identificando, para resolverlas", confirma la líder comunitaria.

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Helen Hernández Hormilla

hormilla@gmail.com

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