¿Emprenden las mujeres por necesidad o por oportunidad?

[22-10-2019]
Brechas por edad y color de la piel limitan la inserción de mujeres cubanas en el trabajó por cuenta propia. Foto SEMlac Cuba Brechas por edad y color de la piel limitan la inserción de mujeres cubanas en el trabajó por cuenta propia. Foto SEMlac Cuba

A la pregunta ¿emprenden las cubanas por necesidad o por oportunidad?, especialistas e investigaciones puntuales coinciden en una respuesta que mezcla ambas opciones.

"Hay varias mujeres que han podido avanzar y emprender por oportunidad, pero son pocas respecto a los hombres", declara la economista Ileana Díaz Fernández a SEMlac.
La coordinadora de la Red de Emprendimiento e Innovación, adscrita al Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, confirma lo que han destacado otras estudiosas, sugieren las estadísticas y revelan historias de emprendedoras cubanas.
Cifras oficiales del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) informan que al cierre de abril de 2019 en el país había 595.559 trabajadores por cuenta propia, de ese total 10 por ciento son personas jubiladas, 32 por ciento son jóvenes y 35 por ciento, mujeres.
Desde que en 2010, bajo el manto de las trasformaciones en la economía cubana, se reabrió el trabajo por cuenta propia, las mujeres se han ido incorporando a este sector de la economía de manera sistemática, pero no han podido superar el 40 por ciento del total de trabajadores privados.
Pese a la ausencia de estudios nacionales que se acerquen al emprendimiento femenino, algunos estudios de casos van mostrando motivaciones y brechas que se repiten en los emprendimientos liderados por cubanas.
Ileana Díaz Fernández y Dayma Echevarría León son las autoras del artículo "Mujeres emprendedoras en Cuba: un análisis imprescindible", que resume un estudio de 60 negocios privados en la capital del país y particularizó en 22 emprendimientos donde las mujeres eran dueñas.
Publicado en el volumen Miradas a la Economía Cubana, una selección de artículos editados por la Editorial Caminos en 2014, el texto presenta algunas motivaciones de las mujeres para emprender en aquellos años, muchas de las cuales se mantienen en el presente, según las expertas consultadas por SEMlac.
En el estudio de 2014, 68 por ciento de las mujeres encuestadas manifestaron abrir su negocio "por necesidad y oportunidad" y ninguna marcó la opción de buscar "desarrollo profesional", pese a que 27 por ciento de las entrevistadas eran universitarias. Las razones para emprender por necesidad, según las autoras, fueron no tener empleo y baja remuneración.
"Lo que buscan todas las mujeres es el incremento de ingresos personales, cuando el 54 por ciento de las mismas antes de abrir el negocio tenían ingresos medios que evidentemente no le eran suficientes; es muy probable que algunas de ellas pueden ser jefas de hogares con la responsabilidad material total de su familia", refieren Díaz y Echevarría en su artículo.
Esta sigue siendo la realidad de muchas emprendedoras, según la experiencia de la licenciada en Economía Teresa Lara. El primer paso casi siempre es fruto de la necesidad y las oportunidades se abren paso en dependencia de los recursos, redes sociales y otros factores, apunta la especialista y estudiosa de la Economía feminista.
"De acuerdo con las investigaciones que hemos hecho, primero comienzan por una necesidad y, sobre todo, por necesidad económica, y luego se mezclan con la oportunidad, pero no son muchas las oportunidades", acota Lara.

Miradas desde fuera y hacia dentro
Existen obstáculos comunes para quienes buscan emprender en Cuba hoy. Pero a las dificultades en el financiamiento, falta de materias primas y el exceso de trámites burocráticos, las mujeres suman otras barreras impuestas por el patriarcado.
La primera de ellas está fuera del hogar y ha sido pautada por las 123 actividades aprobadas para el trabajo por cuenta propia. Haciendo un análisis de estas actividades, escritas mayoritariamente en masculino, Lara propone reflexionar sobre la división sexual del trabajo y reconoce la falta de oportunidades para las profesionales, quienes representan más del 60 por ciento de la fuerza técnica y profesional de la nación caribeña.
Algunas han podido insertarse como Tenedoras de Libros, nomenclatura para el trabajo contable, y a partir de febrero de 2019 otras pueden encontrar nuevas oportunidades profesionales a partir de la aprobación de cinco nuevas actividades en el trabajo por cuenta propia, entre ellas, "agente de selección de elenco (dirección de casting)" y "traductor e intérprete certificado".
"Casi siempre las mujeres están asociadas a las actividades que tienen asignadas en el hogar y por eso, cuando salen al ámbito público, también se repite el rol de cuidar, organizar y servir. Entonces puedes encontrar a mujeres profesionales que tienen la necesidad económica y lamentablemente, como son tan pocas las oportunidades para ellas, pues sus esfuerzos quedan supeditados a la necesidad", reflexiona Lara.
Pero, aun superando estas barreras y el tiempo dedicado al cuidado y al trabajo doméstico no remunerado, las cubanas deben enfrentar otros desafíos que limitan sus oportunidades y las atan muchas veces a la subsistencia.
Para Ileana Díaz Fernández, entre esos frenos se incluyen la ausencia de activos financieros y materiales, escasa inserción en redes sociales y negocios protagonizados por hombres y la falta de conocimientos empresariales y contables.
"También tienen un rol importante los prejuicios machistas, por ejemplo relacionados con las remesas. A veces la familia que está en el extranjero confía más en un hombre que en una mujer para llevar a cabo un negocio familiar", afirma la economista.
Al proponer una mirada a las emprendedoras como grupo, las expertas entrevistadas encuentran otras desigualdades y brechas que provocan desbalance entre oportunidad y necesidad.
"Hay que hacer un análisis interseccional; la edad y el color de la piel son las principales brechas. Por ejemplo, se contratan más a muchachas blancas en cafeterías y restaurantes", apunta Lara.
La economista Ileana Díaz Fernández comparte el criterio de que las brechas por color de la piel se expresan en la discriminación racial se expresan en el momento de la contratación y en los puntos de partida desventajosos de las mujeres negras que emprenden en el sector privado.
La académica también incluye la zona geográfica como indicador de desigualdades. Por ejemplo, La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba siguen agrupando el 65 por ciento del total de los empleados en esa forma de gestión, tendencia que según analistas tiene relación con el desarrollo del turismo en esas provincias.

Un impulso al emprendimiento femenino

Según las especialistas, hacen falta estudios para mostrar la situación de las mujeres en el sector privado, de acuerdo a su diversidad, y también para socializar sus éxitos y aprovechar sus potencialidades.
"Falta investigar más este grupo y además sería interesante saber si las mujeres que emprenden tienen otra manera de hacer y de gestionar los negocios; si han reproducido prácticas de jefatura igual que los hombres o le están incorporado maneras más solidarias y de trabajo cooperado", dijo a SEMlac la socióloga Maura Febles.
Febles integra el grupo Grupo de Investigación "América Latina: Filosofía Social y Axiología (GALFISA) del Instituto de Filosofía del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA). Por su experiencia en la Red de trabajo cooperado y solidario, la investigadora cree que existen oportunidades poco aprovechadas dentro del cooperativismo para el emprendimiento de las mujeres.
"El cooperativismo brinda mayores oportunidades a las mujeres porque, en la medida en que ellas se organizan y toman las decisiones colegiadas, pueden contribuir más a sus necesidades económicas y avanzar en la conciliación de cuestiones que siguen recayendo en los hombros de las mujeres, como lo es el cuidado", analiza Febles.
Las expertas entrevistadas por SEMlac creen que pueden tomarse iniciativas desde el Estado para apoyar a las emprendedoras y disminuir las brechas existentes.
Para Lara, "todas las medidas tienen que tener un enfoque de género real, no nominal ni porque hace falta para aprobar un proyecto; tiene que estar desde los objetivos, acciones y presupuestos. Esto no puede hacerse desconociendo la mirada de la economía feminista al ciclo económico, pero lamentablemente este enfoque está ausente de las políticas locales y nacionales", argumenta la estudiosa. 

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